LA CARA OCULTA: un potente thriller psicológico

Cuatro años después de sorprender con su opera prima, Satanás, perfil de un asesino (2007), Andrés Baiz volvió a adentrarse en el thriller en la igualmente incómoda La cara oculta (2011). De tintes psicológicos, paranormales e, incluso, de terror puro y duro, esta coproducción entre España, Colombia y USA, desgrana la historia de Adrián (Quim Gutiérrez), un músico de Orquesta que le comunica a su novia Belén (Clara Lago) que le han contratado en la Filarmónica de Bogotá para dentro de 15 días. Aunque al principio se muestra reticente, la joven decide trasladarse con él, iniciando una nueva vida a miles de kilómetros. Una vez instalados, Belén descubre que su novio, quizá, no es tan fiel como ella creía y, de la noche a la mañana, desaparece sin dejar rastro, dejando tan sólo un vídeo de despedida. ¿Cuáles son las verdaderas razones de la marcha de Belén? ¿Tiene Adrián algo que ver en este turbio asunto? Con estas y otras cuestiones sobre la mesa, el director colombiano destripa, con éxito, una trama hábilmente urdida, donde el espectador nunca deja de hacerse preguntas. 

 

. De tintes psicológicos, paranormales e, incluso, de terror puro y duro, esta coproducción entre España, Colombia y USA, desgrana la historia de Adrián (Quim Gutiérrez), un músico de Orquesta que le comunica a su novia Belén (Clara Lago) que le han contratado en la Filarmónica de Bogotá para dentro de 15 días. Aunque al principio se muestra reticente, la joven decide trasladarse con él, iniciando una nueva vida a miles de kilómetros. Una vez instalados, Belén descubre que su novio, quizá, no es tan fiel como ella creía y, de la noche a la mañana, desaparece sin dejar rastro, dejando tan sólo un vídeo de despedida. ¿Cuáles son las verdaderas razones de la marcha de Belén? ¿Tiene Adrián algo que ver en este turbio asunto? Con estas y otras cuestiones sobre la mesa, el director colombiano destripa, con éxito, una trama hábilmente urdida, donde el espectador nunca deja de hacerse preguntas. 
A partir de esta original y resultona idea, Baiz construye una película que destaca por varias razones: en primer lugar, por la inquietante atmósfera en la que el director baña cada uno de sus planos; en segundo lugar, porque sus responsables saben administrar muy bien sus recursos, plagando el relato de constantes e imprevistos giros narrativos que mantienen al espectador en tensión de principio a fin. Pero, lo que más llama la atención de La cara oculta es su importante trasfondo ético, aspecto que eleva esta producción de otros thrillers psicológicos. La misteriosa y, por momentos, perturbadora La cara oculta encierra más discurso y carga moral que lo que aparenta al constituir en sí misma una feroz crítica a los celos -aquí presentados como el auténtico cáncer de las relaciones de pareja-, una implacable mirada al voyeurismo -técnica que se pone en tela de juicio- y una cierta insistencia en la famosa moraleja que quién juega con fuego se termina quemando. 

Rodada con cierta ambición, elegancia y brío, el director escoge para esta producción una pareja de intérpretes que, a pesar de su química, resulta desigual: así, a pesar de reconocer que Quim Gutiérrez es un gran actor, en esta película no consigue dar la talla. Por contra, la presencia de una arrolladora Clara Lago volviendo a demostrar que, pese a su juventud, es una de las actrices más frescas y versátiles de la actual escena española, eclipsa y compensa la interpretación plana y descafeinada que ofrece su compañero de reparto. La intérprete se hace cargo de un complejo papel en el que tendrá que desnudarse no sólo física, sino también emocionalmente, mostrando facetas tan dispares como la felicidad, la desesperación o la angustia en un film que trabaja bajo la materia prima del mundo de los sentimiento; dan buena fe de ello escenas como la de un abatido Adrián recogiendo las rosas que minutos antes había arrojado al suelo delante del espejo o ciertas escenas de sexo que conviene no desvelar. Además, la música realza este mundo emocional que baña la cinta, sirviéndose en numerosas ocasiones de la propias partituras clásicas ejecutadas por el protagonista para acompañar varias secuencias claves de la trama en este sentido. 

Baiz, que toma prestada cierta esencia de otros títulos como El orfanato (J.A.Bayona, 2007), Lo que la verdad esconde (Robert Zemeckis, 2000) o del propio Hitchcock, también se revela como un flamante creador de escenas que tienen toda las papeletas para convertirse en iconográficas del género, donde el ejemplo más nítido quizá sea esa fugaz estampa, que divide las dos mitades argumentales del film, de una fantasmagórica Clara Lago. Hábilmente estructurada y a través de una excelente puesta en escena y una sólida factura técnica, La cara oculta quizá abuse un poco de los sustos facilones -algo, al fin y al cabo, perdonable, ya que es lo que el consumidor de este tipo de cine demanda- y quizá no haya venido para revolucionar los cánones del thriller o el misterio, pero no cabe duda que, gracias también a su alto número de desarmadas escenas y su acertada -aunque, quizá, casual- apología del instinto femenino, es una de las apuestas más valientes e impactantes que la mayoría de las que llegan a nuestras carteleras. 

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales