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Steinbeck y el gato de Schrödinger


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11/11/2012

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Justo en el año en que el mundo se enfrentaba al comienzo de la mayor hecatombe bélica de toda su historia, el año en que comenzaba la pesadilla nazi en Europa y se oían rumores sobre las atrocidades de la Kenpei-Tai japonesa en Asia y el Pacífico, publicaba el genial John Steinbeck su obra, “Las uvas de la ira”. La novela trata de manera cruda y real la pérdida por parte de los pequeños agricultores de sus tierras debido a la crisis económica galopante que azuzaba a Estados Unidos en los primeros años treinta. Un relato sobre un panorama incierto y una época en que los inversores y gestores de acciones e inversiones se suicidaban ante la responsabilidad de haber perdido el dinero que tantas personas le habían confiado.






Casi noventa años después de este descalabro global, el ambiente que se contempla y respira es sustancialmente idéntico; la gente pierde sus empleos, les sacan a la fuerza de sus casas las cuales pasan a ser propiedades del banco, ese que tanto insistió en que la comprara, se cierran empresas y negocios, y lo que es más grave, cada vez hay más gente viviendo bajo el umbral de la pobreza.





Y es que ya no es un problema de gente perdiendo su vivienda y toda su vida de años, es que la gente ya no está teniendo ni para comer. Hay familias de más seis miembros viviendo de la pensión del abuelo y no se trata de casos aislados. Esto viene a demostrar que se está formando una legión de personas con un profundo sentimiento de desilusión y descontento con los poderes económicos y políticos. Esto, generalmente se pasa por alto y encierra un peligro que parece no estar presente en las agendas de los dirigentes de ambas estructuras de poder.





Se está formando una legión de millones de personas que no tienen nada que perder y ya no hablamos de gente que no tenga para pagarse un viaje o un coche nuevo. Hablamos de personas que no pueden alimentar a sus familias y ante eso un ser humano no repara en cuestiones éticas o morales, como dice el adagio latino, primum vivere, deinde philosophari, es decir, primero vivir y después filosofar.





Recordemos que la Revolución Francesa fue fuertemente ocasionada por el aumento de los precios del trigo y de la harina, lo que hacía casi imposible el acceso a las clases más desfavorecidas al pan. No hace falta que les recuerde lo ocurrido posteriormente ni el peculiar encanto de la guillotina sobre el grácil cuello de María Antonieta.





El físico austriaco Erwin Schrödinger formuló una teoría aplicada a la física de partículas en la que, resumiendo, se decía que si encerramos en una caja a un gato, una ampolla de gas venenoso y una partícula inestable que, si se desintegra, hace que estalle la ampolla y muera el gato. Viniendo a decir que, con todo esto, la única forma de saber si el gato está muerto, sería abrir la caja. De seguir la situación como está, estas personas podrían decidir tomar lo que no tienen por la fuerza y hacer pagar a los responsables de esta situación de la única manera que puede hacerlo una persona que no puede recurrir a un caro despacho de abogados avariciosos.





Si fuera posible que algún dirigente se diera cuenta de esto, podría hacer que, al abrir la caja, el gato siga aun vivo y la situación no derive en la opción menos deseada por todos. Recordemos que es fácil tener principios cuando se tiene el estómago lleno.





Como socialista militante que soy, me duele admitir que la reunión llevada a cabo entre el PSOE y el PP llega algo tarde a tenor de las muertes habidas recientemente debidas a los desahucios, lo que me hace darme cuenta de que he cometido un error algunos párrafos más arriba: La situación actual no es idéntica a la del crack del 29, en aquel entonces los brokers y banqueros eran los que se suicidaban, hoy en día los banqueros no se suicidan.





Hugo Roig Montesdeoca, escritor y miembro del PSOE de Telde perteneciente al

Comité Insular. 







Etiquetas:   Política   ·   Banca

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