Los piquetes de los ladrones modernos.

Al buen entendedor no hace falta decirle que el 14-N hay que actuar con contundencia contra lo que llaman piquetes informativos que, como todos sabemos, son cualquier cosa menos eso. Tales grupos descontrolados siempre se muestran como coactivos y, frente a la coacción, la ciudadanía tiene que reaccionar y emplear la mano dura porque, como decía un ex liberado, no entienden otro idioma, ni lo admiten siquiera.

 

. Tales grupos descontrolados siempre se muestran como coactivos y, frente a la coacción, la ciudadanía tiene que reaccionar y emplear la mano dura porque, como decía un ex liberado, no entienden otro idioma, ni lo admiten siquiera.
A la ciudadanía se le presenta una ocasión ideal para salir el próximo 14 de noviembre a la caza del piquete coactivo, vandálico, represivo y borreguil. ¡Hay que decir que ya está bien y que demuestren su capacidad de convocatoria, si es que la tienen, pero sin violencia! Frente al vandalismo de los piquetes y el consentimiento sindical para ello, alguien tiene que recordarles lo que dice el refranero: “En este mundo nada dura… ¡Quien hoy tirita, mañana suda!”

Frente a la irresponsabilidad del sindicalismo de clase, solo cabe el ejemplo de responsabilidad que día a día dan los sindicatos sectoriales.  ¡Los sindicatos sectoriales demuestran que no se formaron para adoptar actitudes aborregadas como las que son propias del ‘sindicalismo vertical unificado’, que representan UGT&CC.OO, cuando un partido de izquierdas toca poder! Y ante la insensatez de los  piquetes coactivos no hay otro camino que la disuasión y, solo en último lugar, la mano dura. El daño social que han hecho en este país los sindicatos de clase es incalculable y más propio de la insensatez y de la irresponsabilidad que del afán constructivo y solidario.

Hoy se ha demostrado que los líderes de los sindicatos de clase cobran suculentas cantidades de dinero de las empresas públicas y privadas, a lo que hay que añadir los representantes sindicales en los consejos de administración; algo así como los ladrones modernos que huyen del trabajo y desprecian al trabajador. Bien es verdad que por eso lo ocultan y no les interesa que se sepa. ¡Es el momento de difundirlo para que la población compruebe que está rodeada de ‘atracadores’ y de gente sin vergüenza.

A todo lo indicado hay que añadir que los sindicatos de clase que han convocado esta huelga son, precisamente, quienes han traído esta crisis con su silencio, su obediencia ciega al caos socialista, su retorcimiento y su aprovechamiento en beneficio propio. ¿Por qué no permiten UGT&CC.OO. que audite sus cuentas el Tribunal correspondiente? Colosal pregunta para un sindicalismo obsoleto, tercermundista y fuera de lugar; no estaría de más que copiaran la responsabilidad sindical de Alemania o Gran Bretaña. Sin duda, al ‘sindicalismo vertical unificado’ le iría mucho mejor que ahora.

Mientras los sindicatos se embolsan decenas de millones de euros y abandonan a los parados y a los trabajadores de empresa, organizaciones como Cáritas se hacen cargo de miles de ciudadanos que han perdido casi todo. Precisamente esos a quienes han colaborado a arruinar los sindicatos de clase, de sucio cuello blanco y colmillo retorcido.

¿Cuántos comedores sociales han puesto en marcha los sindicatos a disposición de la población necesitada? ¿Cuántas asistencias han aportado a quienes no pueden pagar la hipoteca o no pueden comer? ¿Cómo ayudan los sindicatos de clase a los trabajadores en paro? ¿A dónde van a parar tantos millones de euros como recibe el ‘sindicalismo vertical’ adocenado y causante de la crisis? ¿Por qué el Gobierno no vende las sedes sindicales de una vez y se olvida el falso patrimonio sindical acumulado? ¿A santo de qué ha cobrado CC.OO. por el patrimonio acumulado, siendo una organización de apenas cincuenta y cinco años desde su creación! ¿Acaso CC.OO. existía durante los años de la guerra civil? ¡Ya está bien de paparruchadas sindicales! Lo que hace falta es que alguien dé respuestas, abra la Constitución y actualice o reduzca la representación sindical en la que no creemos los trabajadores.

No puede ser que el ciudadano pague los platos rotos de la crisis, mientras los sindicatos de clase convocan huelgas políticas, se mofan de la población y reclaman cuanto ellos admitieron durante el “septenio negro” de Rodríguez Zapatero. Seguramente ahora entenderemos por qué los madrileños apoyan en más de un 88%, según las encuestas, la desaparición de los sindicatos, la reforma de las leyes estatales y de las comunidades autónomas y la desaparición de los liberados sindicales.

Jesús Salamanca Alonso
UNETE



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