Defensa del voto voluntario

Luego que las elecciones municipales del domingo recién pasado arrojaran una abstención del 60% de electores, muchos se apresuraron en salir en defensa del voto obligatorio, después , obviamente, de otorgar un conjunto de explicaciones de dicha abstención que van desde la flojera, la falta de locomoción hasta el descontento de la gente con la política.

 

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A mi me parece que el voto voluntario obliga a los conglomerados políticos y a los propios candidatos a realizar un esfuerzo verdadero por captar, mostrar y entusiasmar a los ciudadanos el valor que tiene levantarse e ir a votar por ellos.

El voto voluntario nos trae de regreso a la importancia del movimiento ciudadano, del voluntariado, del sentido de la iniciativa. Ello quedó demostrado en las comunas de Providencia y Ñuñoa, donde fue -precisamente- la organización ciudadana la que logró desbancar a alcaldes que parecían inamovibles. En palabras de la diputada RN Marcela Sabat "en la confianza estuvo el peligro". En la creencia que ya no era necesario hacer nuevos esfuerzos para ganar la voluntad ciudadana.

En todas las comunas donde se produjo movimiento ciudadano en torno a un candidato, la gente voto mas que en otras. Puente Alto, por ejemplo, una comuna con mas de 650 mil habitantes que tuvo una abstención superior al 70%. Puente Alto, cuna de pensamiento progresista y una de las mas pobres de Chile. Sin embargo, no hubo un movimiento ciudadano, una reflotación de organizaciones sociales, comunitarias, sociales, culturales, que le dieran sentido a levantarse a votar.

Es posible que para el presidente del partido socialista, sea mas "sencillo" proponer un cambio a la legislación y volver al voto obligatorio, antes que dedicar energías a generar movimiento ciudadano. 

El voto voluntario que es bien asumido es lo que hizo el alcalde Orrego en su comuna: planificar, realizar gestión ciudadana, encantar a la gente con Carolina Leitao y su equipo como continuadores de la buena gestión municipal. Eso es no quedarse sin conducta.

Lo contrario le paso a Cristian Labbe, que pensó que la buena gestión municipal debia ser reconocida per se y convertirse en votos. Esa actitud arrogante lo perdió frente a la organización ciudadana del equipo de Josefa Errazuriz.

En conclusión, el voto voluntario es una excelente oportunidad para los que están dispuestos a realizar marketing social, captar nuevos entusiasmos, sorprender a los electores y no quedarse esperando que la obligatoriedad les genere un porcentaje que los ponga en el sillón que anhelan.

UNETE



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