A las tres y media de la tarde llegaba al estudio de televisión, Gonzalo Rojas, acompañado de una encantadora y atenta editora. Comenzámos esta conversación, cual la hubiesemos tenido ayer, continuando el placer de hurgar en la palabra. No fue erudita, ya que no lo soy, y lo que si fue, " sorprendente".Fanor, el jefe de Cámaras, con un talento para seguir los gestos, en combinación con Eric Fernández, nuestro Director, no daban crédito al mundo que había logrado armar nuestro entrevistado/conversado, donde todos estábamos sumidos.Nos pasó con muchos personajes, sin embargo, al describir los colores de su casa sureña, la relación con el agua, el horizonte; el Aquí y el Ahora, sucumbimos frente a la Poesía que se apoderaba de cada uno en ese íntimo estudio, de un piso 14, con el horizonte otoñal de Santiago.Los Poetas no Mueren. Los Artistas no Mueren.Ellos pasan y permanecen.Gracias a Gonzalo Rojas por habernos regalado dos horas de inigualable humor, finura, inteligencia y extraordinaria sencillez.Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara, mi vergonzosa, en esos muslos de individua blanca, tocara esos pies para otro vuelo más aire que ese aire felino de tu fragancia, te dijera española mía, francesa mía, inglesa, ragazza, nórdica boreal, espuma de la diáspora del Génesis, ¿qué más te dijera por dentro? ¿griega, mi egipcia, romana por el mármol? ¿fenicia, cartaginesa, o loca, locamente andaluza en el arco de morir con todos los pétalos abiertos, tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?




