EL INDOMABLE WILL HUNTING: una lección de vida

Probablemente, si elaborásemos una lista con las películas más recomendables para la juventud, El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997), ocuparía uno de sus primeros puestos. Una de las cintas más aplaudidas del cine americano reciente consigue, sin necesidad de recurrir a los efectos especiales ni grandes algarabías, un relato que bien podría entenderse como una guía en la que aparecen reseñadas algunas de las claves para triunfar en la vida. La película, que ya digo que no cae en lo meramente comercial, se apoya fundamentalmente en un sólido y convincente guión -escrito por Matt Damon y Ben Affleck y galardonado con el Oscar- y unas interpretaciones que llegan al alma, destacando además de Damon, que se reveló como uno de los actores más preparados de su generación, un carismático Robin Williams en uno de los mejores trabajos de su carrera. El consagrado actor fue premiado con la otra estatuilla dorada que logró la película -de un total de 9 nominaciones-, y eso que el intérprete no hace acto de presencia hasta transcurrida casi una hora de metraje, lo que no quita con que su papel sea vital, protagonizando además las escenas más aplaudidas del film. 

 

. Una de las cintas más aplaudidas del cine americano reciente consigue, sin necesidad de recurrir a los efectos especiales ni grandes algarabías, un relato que bien podría entenderse como una guía en la que aparecen reseñadas algunas de las claves para triunfar en la vida. La película, que ya digo que no cae en lo meramente comercial, se apoya fundamentalmente en un sólido y convincente guión -escrito por Matt Damon y Ben Affleck y galardonado con el Oscar- y unas interpretaciones que llegan al alma, destacando además de Damon, que se reveló como uno de los actores más preparados de su generación, un carismático Robin Williams en uno de los mejores trabajos de su carrera. El consagrado actor fue premiado con la otra estatuilla dorada que logró la película -de un total de 9 nominaciones-, y eso que el intérprete no hace acto de presencia hasta transcurrida casi una hora de metraje, lo que no quita con que su papel sea vital, protagonizando además las escenas más aplaudidas del film. 
Aunque la historia central resulte en exceso convencional y poco innovadora y, con el que paso del tiempo, haya quedado más que trillada por sus múltiples imitaciones, es el desarrollo de la misma lo que hace atractiva a la producción. La cinta gira en torno al problemático Will Hunting (Damon), un joven con una capacidad intelectual asombrosa que, tras una bronca en un bar, termina en la cárcel. Los sabios consejos y las enseñanzas del profesor y terapeuta Sean McGuire (Robin Williams) transformarán la vida del joven, que deberá decidir si sigue con su monótona y conflictiva existencia o si, en cambio, decide arriesgarse y explotar su codiciado don. A lo largo de sus dos horas, El indomable Will Hunting va alternando elementos mainstream con un agradable toque minimalista, ese ambiente íntimo y nostálgico con el que los actores parecen olvidar que se encuentran en un set de filmación y se desnudan emocionalmente hasta límites insospechados. Para prueba, basta mencionar la recordada y significativa escena del parque; cuatro minutos de gran intensidad en los que McGuire le habla a Hunting acerca del amor, la vulnerabilidad, la pérdida o la guerra, haciendo hincapié en la enorme brecha que hay entre la mera teoría de los acontecimientos (la que representa Hunting) y la propia experiencia personal, aquella que sólo te la proporcionan los años (McGuire). Un discurso convertido en una auténtica lección de vida que, además de contribuir el mayor punto de inflexión de la trama, contribuyó de forma decisiva a que la película quedase para la posterioridad. Además, con instantes como estos El indomable Will Hunting trascendió de la simple y típica película para adolescentes con moraleja final, regalándonos momentos de gran cine, algunos chispazos de ingenio y los suficientes momentos individuales de meritoria intensidad para que el conjunto final resultase más que digno.

Con algunas de las mejores y más astutas líneas de guión del cine moderno y con una emotiva partitura de Danny Elfman -Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990)-, sí es cierto que hay otros aspectos de la película que no han soportado igual de bien el paso del tiempo, como la textura de la imagen o la pobre fotografía. Asimismo, otro de los escollos de la obra son sus excesos verbales, no siempre justificados y que evidencian, además de su clara intención de conectar con el público más joven, que en un primer momento Affleck y Damon escribieron el guión como si fuese un thriller. Menos mal que más tarde centraron el eje de la historia en la estrecha relación que se establece entre la pareja protagonista. La cinta también se hubiese visto beneficiada por una mayor inversión presupuestaria, aunque nadie esperaba su rotundo éxito de taquilla.

Dedicada a la memoria del poeta Allen Ginsberg y el escritor William S. Burroughs, que fallecieron en el mismo año del estreno del film, El indomable Will Hunting no es una película sólo para la juventud, como mucha gente todavía cree, sino que aborda dilemas que son extrapolables independientemente de la edad del sujeto. Ni su carácter predecible ni sus altibajos narrativos empañan una estimulante producción rematada por unos minutos finales de infarto, grandiosos. En definitiva, una obra que en ocasiones de deja llevar por el tipo de cine más convencional pero que, finalmente, lo que termina interesando son los momentos en los que se pone reflexiva, madura. Es cuando la película parece engendrada en una sala de arte y ensayo, y pasa a ser imprescindible. 

UNETE



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