La silenciada y compleja eficacia de Mariano Rajoy

Era cuestión de tiempo comprender por qué un hombre serio y ante todo íntegro como Rajoy adolece de esa falta de información que los ciudadanos protestan ante las radicales medidas de contención que se han tomado para paliar la crisis. No solo la honradez le diferencia del inepto y malicioso Zapatero, también su inteligencia presidencial es evidente; una inteligencia de la que careció el más infame político que pudo tocar en suertes... provocadas por la matanza del 11-M todavía sin esclarecer.

 

. No solo la honradez le diferencia del inepto y malicioso Zapatero, también su inteligencia presidencial es evidente; una inteligencia de la que careció el más infame político que pudo tocar en suertes... provocadas por la matanza del 11-M todavía sin esclarecer.

El honrado Rajoy quizá no quiera acometer una reforma revisionista del estado de las autonomías, porque el riesgo podría generar unos costes que terminarían arrojándonos al abismo de la incertidumbre directos hacia un rescate. El Presidente ha comprendido que España no está preparada para resistir una reforma estructural y ha optado por seguir las directrices del saneamiento lento y arduo, pero más seguro para apartarse del precipicio bajo los auspicios de la Unión Europea. De la prima de riesgo desbocada hacia los 600 puntos, hemos pasado a contemplar la contención del déficit para librarnos de los peores apremios.Todo esto significa que las medidas impopulares, lentamente están surtiendo un efecto deseado que consiste en evitar a toda costa el rescate que nos hipotecaría hasta nuestro potencial económico sine die.

Con todos los esfuerzos aportados por una ciudadanía esquilmada durante ocho años del deleznable zapaterismo que ahora intenta paliar-con una herencia absolutamente delictiva del gobierno anterior-el Partido Popular ¿Por qué Rajoy no informa de las medidas a la ciudadanía, siendo ésta precisamente la más perjudicada por el bloque de medidas que toma con apariencia despótica el Gobierno? Quizá no sea cuestión de que el Presidente no sepa o no quiera conectar con el pueblo, sino de una obligada estrategia de silenciamiento en tanto se tratan de acordar mejores destinos que los que nos tenían preparados de modo disciplinar en Bruselas.

Quizá es menor el riesgo de las asonadas populares contra las drásticas medidas de contención del déficit, que la via libre para Europa de imponer un rescate del cual quedaríamos supeditados con la más que previsible pérdida de independencia económica y subyugados por obligaciones de pago a los socios acreedores, pendientes de que cumpliéramos todo tipo de exigencias trabajando para los rescatadores, al precio de nuestra propia libertad financiera y empresarial.

Así es la situación que obliga a Mariano Rajoy a ser radicalmente discreto porque está intentando contentar las exigencias de los socios europeos, aun a costa de ocultar la estrategia de aparente sumisión ante los propios ciudadanos españoles sujetos a una presión fiscal y unas condiciones laborales absolutamente asfixiantes. Existe un muy difícil equilibrio que está procurando Rajoy, amainando las tempestades de las obligaciones perentorias que pretenden imponer desde Europa, muy posiblemente con la alianza de Italia en un intento de fusionar la resistencia que pueda echar un pulso a la Alemania de Merkel. Una canciller germana  que marcaba inexorablemente las directrices con ya más que previsible e inmediata pérdida de autonomía de la economía española a expensas de los designios de la conjunta europea.

Los golpes de timón parecen inapreciables, pero lo cierto es que nos vamos alejando de las escolleras en que habríamos quedado embarrancados y haciendo aguas la singladura iniciada hace décadas, cuando entramos por la puerta pequeña de la Unión gracias a las nefastas negociaciones del felipismo que se mejoraron espectacularmente con Aznar para ser destruidas de manera infame por el estúpido supervisor de nubes al que deben, verdaderamente, la ruina los españoles.

A pesar de las muchas dificultades ya está en el horizonte el cumplimiento del déficit, para alejar el fantasma de los rescatadores. Señal fehaciente de que hay resultados después de haber rozado tan peligrosamente el desastre.

Por ello prefiero un  silencioso Rajoy que actúe con eficacia sin que recelen los supervisores europeos, que un imbécil aquejado de verborrea como fue Zapatero, quien debería estar siendo juzgado por la desintegración económica e institucional que ha provocado en España. Ahora toca reconstruir lo asolado y sabe el Presidente que no ha de fiarse de los caraduras de la oposición que le critican disimulando los destrozos que provocaron. España no saldrá de este brutal atolladero con la resistencia de ese sectarismo asqueante que propiciaron tantos mangantes del zapaterismo. No cuela apoyarse en quienes lo fastidiaron todo y quedaron impunes.

Rajoy seguirá callando con razón hasta el día que pueda hablar y explicar las razones de su silencio. Su discreción es vital para el futuro de España y máxime cuando la parasitación secesionista busca debilitar aún más la coyuntura. El tiempo demostrará que no lo ha hecho tan mal. Mientras tanto hay que seguir virando para poner rumbo a buen puerto. Lo vamos consiguiendo, aunque rabien los que se aprovechan parasitariamente de los males del país.

Una compleja eficacia y un difícil equilibrio, pero ahora estoy seguro de que Rajoy sabe lo que hace aun a costa de que no le entiendan. Es lo de menos si alcanza nuestra salvación.

UNETE



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