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La Mayor Carencia de Un Marginado


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22/09/2012

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Es muy difícil que en épocas normales, alguien que le guste trabajar se encuentre sin trabajo. Me refiero a esas épocas normales cuando las sociedades no están sometidas a las crisis recurrentes que se experimentan cíclicamente. Siendo ese rasgo cultural, el de no haber incorporado la cultura del trabajo, lo que representa la mayor carencia de un marginado. Es decir, que no desarrollar la cultura del trabajo en las personas que se están formando, es en cierta manera favorecer la posibilidad de que luego se margine de la sociedad productiva. Siendo esa característica la que está presente en los jóvenes identificados como Ni-Ni. Esos que no estudian ni trabajan.





Los Ni-Ni, son muchos millones en Latinoamérica y también están presentes en los países centrales del hemisferio norte. Por lo que deberían instrumentarse las medidas correctivas, para que deje de reproducirse este fenómeno generador de marginalidad, que tiene su origen en el contacto de esos jóvenes con el medio ambiente que los rodea, desde el comienzo mismo de sus vidas. Un medio ambiente donde el trabajo no está presente y por lo tanto no está marcando los ritmos de las familias, ordenando entre otras cosas, los horarios de trabajo y de descanso.





Porque como todos los que tenemos contacto con el trabajo sabemos perfectamente, que en el mismo está implícito el esfuerzo. Un esfuerzo que termina siendo placentero para los que incorporan a su característica personal, la actividad productiva. 





Siendo más que evidente, que esta marginalidad luego ocasionará serios problemas en los países donde esté presente. Porque si bien estas personas no han incorporado la cultura del trabajo, si han incorporado la cultura del consumo y del disfrute. Estando más preparados y entrenados para consumir, que para realizar tareas productivas. Representando esta característica, una posibilidad de desestabilización en las sociedades a las que pertenecen, al posibilitar la inseguridad y pudiendo afectar también, la estabilidad democrática.





Siendo muy fácil comprender, que si una persona, desde sus primeros años de vida, no observa a sus padres o adultos de la casa trabajar, muy difícilmente desarrollará el gusto y el placer por realizar actividades laborales y productivas. Mientras que al existir en la inmensa mayoría de los hogares un aparato de televisión, experimentará, a través de la programación comercial, un atractivo por consumir todo lo que desde el aparato se promueve para adquirir. Desarrollándose en su interioridad la necesidad de consumir para pertenecer al grupo de quienes lo hacen, tratando de poseer lo mismo que el resto de sus pares con los que tiene contacto directo o con quienes aparecen en los medios masivos de comunicación.





Cuando esto sucede, en los hogares donde existe desocupación o imposibilidad de trabajar por distintas razones, debería ser la escuela la que le transmita y lo conecte con el mundo del trabajo, desde su mismo espacio. Para que de esta manera desarrolle la cultura productiva. Cuestión que no sucede como debería, dejando de aportarle la única posibilidad de escaparle al destino de marginalidad, hacia donde se dirige inexorablemente.





Además, cuando se pone parcialmente en contacto con el resto de la sociedad que se encuentra ordenada por los ritmos que establece el trabajo, se advierte marginado, por ser su experiencia de vida de características totalmente distintas. Apareciendo en su espacio de marginalidad, las ofertas de ganar dinero “fácilmente”, ejecutando acciones reñidas con la Ley, por parte de la delincuencia organizada que se nutre de la mano de obra que necesita, encontrándola disponible en el espacio de una marginalidad deseosa de ser contratada, a fin de obtener los fondos que necesita para atender sus consumos. Mano de obra desesperada, que luego es utilizada en hechos delictivos de distinto calibre. Apareciendo también simultáneamente, las ofertas de punteros políticos para la ejecución de actos y acciones violentas en manifestaciones y concentraciones.





En los últimos tiempos también han aparecido tecnologías que traccionan fuertemente a los más jóvenes hacia la diversión exacerbada y hacia el disfrute permanente, que deben ser contrarrestadas con acciones en contrario por parte de la familia y por parte del Estado. De no ser así, la grieta indicativa de la fractura social aumentará, cada vez más preocupantemente.

















Eugenio García

http://apuntesenborrador.blogspot.com























Etiquetas:   Trabajo

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