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20/04/2011


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La coincidencia del fallecimiento de tres autores literarios en la misma fecha (1616) originó la celebración del Día Internacional del Libro. Cuatro siglos después, debemos a Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega que cada 23 de abril el mundo entero siga confabulándose para fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor.


Aunque los expertos en la materia aseguran que leer es un buen hábito que debe practicarse tan a menudo como sea posible, las cifras son desalentadoras en ciertas naciones. Un estudio reciente sobre el porcentaje de lectura en diversos países indica que en Japón lee el 91 por ciento de la población; en Alemania, el 60 por ciento; en Francia, el 57 por ciento; en España, el 39 por ciento; en Chile, el 18 por ciento, y en Argentina, el 17 por ciento, mientras que en México el número de lectores asciende tan sólo al… 2 por ciento.

La fecha es propicia para repasar la opinión de los especialistas. ¿Qué opinan sobre de la importancia de la lectura y el futuro del libro ante el avance de nuevas tecnologías como internet y cuál consideran que sería la fórmula o estrategia más adecuada para detonar un boom de la lectura en los niños y jóvenes mexicanos? He aquí sus respuestas.





Riqueza del lenguaje

Para el maestro Joaquín Díez-Canedo Flores, director del Fondo de Cultura Económica y digno heredero de la pasión libresca del legendario Joaquín Díez-Canedo Manteca, fundador de la Editorial Joaquín Mortiz, “el libro sigue siendo la mejor tecnología para distribuir el conocimiento y la creación literaria. La lectura es la única manera de extraer de los libros el conocimiento y el arte literario, pero además es la mejor vía para adueñarse del lenguaje en toda su riqueza y, con ello, potenciar nuestra capacidad de pensar, imaginar y expresarnos”.

A la segunda interrogante, responde: “Me parece que la costumbre de la lectura libresca es de las que sí se transmiten de padres a hijos con buena eficacia terminal, de modo que si la tribu de los lectores no ve mermada su capacidad de procrear por algún mal endémico, se encargará ella misma de que sigan haciéndose libros. Lo que ha mostrado ser difícil es hallar sucedáneos para ese mecanismo de transmisión. Ignoro cuál vaya a ser la resultante del énfasis y el esfuerzo puestos en años recientes en el fomento al hábito de la lectura (entre quienes por sí mismos no se inclinarían por ella, claro) y otras prácticas a que da origen la presencia ubicua de las computadoras, entre las que desde luego se cuenta también cierto tipo de lectura”.

Y contesta así la tercera pregunta: “El boom más evidente que me ha tocado es el fenómeno Harry Potter. Parecería suficiente con que haya muchos libros nuevos para que de pronto aparezca alguno capaz de atraer a una gran masa de nuevos lectores. Es decir, que la ‘fórmula’ es una industria editorial y librera robusta. Sería interesante, por cierto, saber cuál fue la aportación final de J. K. Rowling al contingente lector: cuántos niños y niñas mexicanos leyeron el primer volumen; cuántos de entre ellos siguieron con el segundo y así, hasta el último; y cuántos descubrieron en definitiva que las páginas llenas de letras son como las puertas del ropero por el que se entra a Narnia. Más allá de eso está la perseverancia: procurar la mayor cantidad de oportunidades para juntar a los niños con los libros durante el mayor tiempo posible y confiar en el contagio ocasional”.





La transmisión del conocimiento

El Premio Cervantes 2005, nuestro vecino xalapeño Sergio Pitol, asegura por experiencia propia que “la adicción a la lectura modifica la existencia y debe empezar en la infancia, porque los primeros sabores de la juventud son definitivos en la vida”.

Pero, según los versados en el asunto, la manera de “contagiar” a los niños el placer de la lectura no es obligándolos a leer, porque el efecto podría resultar contraproducente. Digamos que el hábito debería infundírseles como cualquier otra convicción profunda: el resultado esperado sólo se podrá conseguir sin imposiciones, por simple contacto, imitación… o seducción. Con los textos adecuados (así de simple) es como los niños y jóvenes van a poder disfrutar realmente de la lectura. Cuando descubran que Emily Dickinson decía la verdad al afirmar que “para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”, subirán a bordo por voluntad propia.

Una experta en la materia de los libros y la lectura es la doctora Esther Hernández Palacios, ensayista, narradora, poeta y crítica literaria, investigadora del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana.

Autora de varios volúmenes de crítica y creación, considera al libro como “el  más rico instrumento en lo que a transmisión del conocimiento se refiere, desde la antigüedad. La Biblioteca de Alejandría fue ejemplo de ello. Desde la invención de la imprenta este instrumento se socializó y alcanzó cada vez a un mayor y más diversificado número de lectores. El libro ha servido para el desarrollo de la cultura y para el crecimiento del individuo; desde el lado científico y desde el artístico, en los libros podemos descubrir cómo está conformada una célula o como son las profundidades del alma humana”.

Sobre el futuro del libro, manifiesta: “Creo que, pese a la cada vez mayor intervención de la tecnología en la difusión del conocimiento, y sobre todo en la difusión de la literatura, el libro debe seguir existiendo. La relación íntima que se establece entre las manos y los ojos del lector con el objeto libro es insustituible. Tal vez el conocimiento científico pueda sustituir su medio de difusión de la página impresa, pero no así la literatura, que requiere de una actitud distinta. Hace poco leí que Islandia es el país cuya población es la más feliz del mundo. No sólo porque tienen muchos niños, sino porque es el país en el que más libros se leen”.

Respecto a la fórmula para ganar cada vez más lectores, señala que lo idóneo sería “apostar por la lectura como una actividad para el tiempo libre, no obligatoria, sino lúdica y entretenida. Para ello se requieren libros muy atractivos, con ilustraciones, hermosos a la vista y con textos interesantes. Libros editados tanto por empresas privadas como por instituciones, y una política de difusión y de educación para sacarles el mejor provecho”.

 

Una buena educación…

Los entendidos en la materia insisten en que los maestros deberían ser conscientes de que la finalidad de la lectura no es, en sí, que un alumno sea culto, sino que se entusiasme verdaderamente por leer y llegue a convertirse en un lector asiduo. Ojalá que además sea culto, pero con toda seguridad, si no es un buen lector, tampoco se incrementará su nivel cultural. He ahí una de las razones importantes para recuperar el placer de la lectura: esa correlación positiva que existe entre el hábito de leer y el rendimiento escolar.

En efecto, la lectura es la llave de acceso al conocimiento y la cultura. Un instrumento vital para nuestra sociedad porque influye directamente en el aprendizaje y la formación de niños y jóvenes. Lo dijo el poeta nicaragüense Rubén Darío: “El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor”.

El doctor Mario Muñoz, maestro de la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana y director de la revista emblemática de la máxima casa de estudios de Veracruz, La Palabra y el Hombre, define de la siguiente manera la trascendencia de fomentar el hábito de leer:

“Puedo afirmar que una sociedad que no lee es una sociedad de esclavos. El libro es el factor que nos permite conocer mejor nuestra realidad personal y social. Además, gracias al libro, nuestro vocabulario se enriquece y tenemos, en consecuencia, mayor acceso a la comunicación, sea oral o escrita. Resulta por demás paradójico que los medios electrónicos (celular e internet), en vez de facilitar la redacción, la estén empobreciendo cada vez más. Palabras sin acentuar, sustitución de letras, abreviaturas, faltas de sintaxis y ortografía, barbarismos..., son algunas consecuencias de este fenómeno masivo. Terminaremos usando un lenguaje de simios. Sólo el libro y la lectura asidua nos salvarán de este retroceso.

“Los países avanzados lo son gracias a que invierten una parte sustancial de su presupuesto en educación, y la buena educación lleva al aprecio por la lectura y a la veneración por los libros. En cambio, los países atrasados (los tecnócratas usan el término elegante de “países en vías de desarrollo”) sitúan en el último lugar de las necesidades de sus habitantes al libro y la lectura, por razones obvias. Es significativo que en México esté el gobierno central más preocupado por ‘controlar’ las lacras del narcotráfico que en aumentar el subsidio a las universidades públicas y proteger los programas de difusión cultural”.

En torno al porvenir del libro, enfatiza: “El libro permanecerá vigente, no obstante el avance y la imposición de las nuevas tecnologías. Hay una diferencia sustancial entre leer la información proporcionada por internet y la lectura realizada mediante el libro. El nivel de percepción es muy diferente, lo mismo que la capacidad para retener el mensaje. Desde el punto de vista práctico, pensemos que un libro tiene la flexibilidad de leerse lo mismo en una cama, como reposo, que en un café o en una sala de espera. Además, mucha gente no tiene capacidad de compra para adquirir la tecnología sofisticada que está en permanente cambio. Por otro lado, el libro tiene una tradición de siglos, mientras que la tecnología es un avance relativamente reciente. La tradición, entonces, pese a los esfuerzos de los mediatizadores, no puede ser borrada de un día para otro”.

Acerca del fomento a la lectura, externa: “En primera instancia, es el Estado el que debería propiciar el fomento para la lectura a través de programas locales, estatales y nacionales, dirigidos tanto a niños como a adultos. La escuela debería ser el factor decisivo para estimular la lectura entre los estudiantes; desgraciadamente, no hay una voluntad de cambio en las formas habituales de la enseñanza. La desidia, la indiferencia, el desgano, la incapacidad, la improvisación, la falta de recursos, los planes de estudio pensados desde el escritorio, son los principales obstáculos que restringen la cultura en nuestro país.

“Me parece que bajo la administración burocrática que rige la enseñanza en el mundo actual se esconde una intención perversa, para evitar que las nuevas generaciones tengan un pensamiento crítico sostenido mediante el acervo de múltiples lecturas. Es un problema general que debemos enfrentar con realismo quienes nos dedicamos a la enseñanza, la investigación y la práctica literaria. Resulta sorprendente que frente a este estado de las cosas, los grupos culturales que existen en el país, en lugar de hacer un frente común ante el avance de la ignorancia, dediquen buena parte de su tiempo a destrozarse unos a otros. Y todavía tenemos que leer sus críticas viscerales…”.

 

La semilla se siembra… en casa

En alguna ocasión leí un comentario que me pareció muy atinado, respecto a lo incomprensible que resulta que ciertos padres muy aficionados a que sus hijos practiquen deportes, no se preocupen por el hecho de que desarrollen al mismo ritmo la afición por la lectura. En nuestro país existe el problema (bastante extendido, por cierto) de que muchos niños, jóvenes e incluso adultos no comprenden lo que leen, dado que no suelen practicar ese hábito a menudo, y ello redunda muchas veces en fracaso escolar.

Ya abordamos la importancia del papel que los maestros desempeñan en la formación de lectores, pero también hace falta la participación de los padres de familia. Leer en casa es básico para inocular en los más jóvenes la inquietud por acercarse a los libros y, ¿por qué no?, contraer una fuerte adicción a la maravilla que encierran sus páginas. Finalmente, como lo ha expresado el escritor y artista alemán Günter Grass: “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”.

El maestro Efrén Ortiz Domínguez, escritor investigador del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, afirma que “en nuestra cultura occidental, el libro ocupa un lugar preponderante no sólo como instrumento de transmisión de la cultura, sino, en ocasiones, él mismo como objeto, debido a la capacidad que tiene para conservar y permitir la reflexión en torno a la cultura. La percepción que nos permite hacer el libro es diferente a otros medios y por ello nunca dejará de cumplir un papel importante”.

En su opinión, “a pesar del auge e incremento en el uso de la tecnología, el libro seguirá cumpliendo su papel relevante no sólo por lo económico de este medio en relación con la tecnología, sino también porque capas muy amplias de la población seguirán empleándolo como el más importante soporte de ideas, de noticias, de información y también de elementos artísticos”.

Hace énfasis en la importancia de leer en casa: “La práctica de la lectura debe hacerse desde el hogar y desde que el niño tiene muy corta edad. Los padres tenemos la responsabilidad de familiarizar al niño con el libro y de estimular la lectura. La escuela, en todo caso, cumpliría la función de ofrecer un inventario muy amplio de libros, dependiendo de la madurez de los lectores, pero definitivamente corresponde a los padres la misión de estimular el gusto de los niños por los libros”…



Y usted, ¿cuánto lee? ¡Feliz Día del Libro!



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