Generosidad y buenismo con los asesinos

En Euskadi es fiesta. Los guradis están contentos. Han vuelto a ganar otro pulso al Gobierno y, seguro, que lo celebrarán con los acostumbrados rituales y vocerío. No es para menos. Los cándidos demócratas, con el acomplejado y tontuno buenismo que padecemos, hemos vuelto a doblegarnos al chantaje etarra regalándoles otro privilegio. Si el fiel relato de los hechos que protagoniza durante estos días el asesino y torturador-carcelero Bolinaga, se lo escuchamos directamente al abuelo Cebolleta, no dudaríamos en pensar que se trataba de una de las fantasía inventivas del abuelo.

 

. Los guradis están contentos. Han vuelto a ganar otro pulso al Gobierno y, seguro, que lo celebrarán con los acostumbrados rituales y vocerío. No es para menos. Los cándidos demócratas, con el acomplejado y tontuno buenismo que padecemos, hemos vuelto a doblegarnos al chantaje etarra regalándoles otro privilegio. Si el fiel relato de los hechos que protagoniza durante estos días el asesino y torturador-carcelero Bolinaga, se lo escuchamos directamente al abuelo Cebolleta, no dudaríamos en pensar que se trataba de una de las fantasía inventivas del abuelo.

No es para menos. Somos legión los que censuramos el amable buenismo del señor Rajoy, del Ministro del Interior y de cuantos secundan el alegato de ‘imperativo legal’. Pero no convencen. El etarra Bolinaga, encarcelado por asesinar a sangre fría a tres servidores de España y mantener encerrado en un asqueroso zulo durante casi dos años a Ortega Lara, es totalmente injusto que se le conceda la libertad por padecer un cáncer. Para justificar la indecencia dicen que es terminal, pero está por ver. Dentro de la prisión existen recursos sanitarios eficientes y suficientes para garantizar la atención a los enfermos, sean terminales o sean principiantes. Lo realmente terminal fueron los asesinatos de los tres Guardias Civiles que provoco este repugnante individuo. Eso sí fue terminal, fulminante y definitivo.

Todo esto es difícil de entender. Tanto Rajoy como los responsables de la decisión, jueces incluidos, dicen que les repugna la puesta en libertad del perverso etarra, pero añaden la rutinaria muletilla de que la Ley está para cumplirla. Es cierto. También yo quiero que se cumpla. Pero, puesto que se trata de una cuestión basada en interpretación y semántica, quiero que la Ley se cumpla con sentido común, con signo positivo, racional, lógico, justo, legítimo, natural, y responsable.

La justicia no tiene que ser ni generosa ni benévola con los asesinos. La justicia tiene que ser justa. Sólo eso. Los jueces no pueden ni deben mostrarse generosos, ni benévolos, ni condescendientes, ni magnánimos, ni afectuosos, ni blandos, ni melifluos, ni animosos, ni comprensivos, ni misericordiosos con los miserables asesinos del tiro en la nuca.

Está demostrado que siempre que la sociedad de los demócratas, con ese buenismo necio y tontorrón que la caracteriza, hace la más mínima concesión carcelaria a la mafia etarra, es algo así como concederles una especial victoria a sus proclamas. Y se cachondean de nosotros, y se pitorrean, y lo celebran con salvas y honores de bienvenida a los asesinos patrios expulsados de la trena.

Para justificar la torpe y generosa decisión de puesta en libertad del repugnante etarra Bolinaga, desde la presidencia del Gobierno y aledaños se pronuncian frases tan dulces y angelicales como que la medida se toma por “razones humanitarias”. ¡Qué risa tía Felisa! Precisamente por esas mismas “razones” el asesino liberado se hizo grabar un saluda victorioso, mostrando un rostro satisfecho y sonriente, con la cabeza erguida, mirada desafiante, lúcido, contento, ensoberbecido y pleno de felicidad.

Y no es para menos. Han vuelto a ganar.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales