El legado de Armstrong es el liderazgo científico y tecnológico de todo el mundo

Escuché una vez a un científico español, especialista en biología molecular –lamentablemente no recuerdo su nombre-, afirmar que “por más trabas que los gobiernos del mundo pongan a la investigación de las células madre (era el problema del momento), la investigación científica nunca se parará”.  

 

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Neil Armstrong forma parte del impresionante desarrollo que la ciencia llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XX. Pertenece a partir de ahora, a ese “club selecto” de los “grandes muertos”. Los que trascienden las fronteras de un país, para darle un sentido de unidad universal a la existencia humana. Este es el gran legado de Armstrong compartido con otras distinguidas personalidades de la historia.

 

Creció junto a una generación de americanos que posicionó a los Estados Unidos al frente del liderazgo científico y tecnológico mundial. De esas raíces aún estamos alimentándonos –tecnológicamente hablando- el resto de la humanidad.

 

Se alternaron republicanos y demócratas en la Casa Blanca, pero siempre se impulsó la libre investigación en todos los campos del conocimiento. Obviamente, a pesar de los recortes presupuestarios que en más de una ocasión sufrió la NASA, cumple sobradamente las metas que se ha ido imponiendo, reflejada en el robot “curiosity” como el último toque de ingenio de la Administración Aeroespacial norteamericana.

 

Armstrong era un líder tranquilo, discreto y que le molestaba hablar de su hazaña. Esta es una verdad probada. Pero ha dado conferencias en todo el mundo y ha sido recibido por jefes de estado de muchos países, explicando siempre que no debía renunciarse a la investigación aeroespacial, ya que implica la propia existencia futura de nuestra sociedad.

 

Como otros grandes precursores, supo ocupar su lugar, dar el mérito al equipo y considerar que lo que hacía no tenía nada de magnífico, más que hacer su trabajo. Era muy humano y esto también está probado.

 

Hoy le llora América. Pero también se escucha un silencio de respeto en el resto del mundo, porque no hay persona que no sepa, que la gloria de Armstrong es el triunfo de la ciencia. Es el mañana. Ayudó a diseñar el mundo que compartimos.

 

James Lovell, el famoso astronauta que trajo viva de regreso a la tierra, a la tripulación de la Apollo XIII, cuando estuvo a bordo en una de las misiones Gemini (precursoras de las Apollo) mientras circunvalaba el planeta dijo: “doy vueltas y vueltas y no veo fronteras” en alusión a los límites geográficos y políticos que caracterizan a las naciones del mundo.

 

En un mundo que está siempre al borde de algún conflicto o metido en una guerra, la visión de Armstrong y del resto de astronautas que han tenido el privilegio de ver el gran espectáculo que es la tierra desde el espacio, no es de un pacifismo estúpido, sino de una demostración que el desarrollo tecnológico y científico debe servir a toda la humanidad. Que es posible aventurarse en la conquista del espacio porque representa el futuro de la supervivencia humana.

 

Mi homenaje a Neil Armstrong!!

Mi agradecimiento a todos los hombres y mujeres de todas las nacionalidades, que día a día en sus laboratorios, luchan por un mundo en el que todo ser humano se beneficie de estos adelantos.

Sin desarrollo científico y tecnológico no tenemos futuro.

UNETE



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