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"Cualquier caída en los salarios reduce el consumo doméstico más que incrementa las exportaciones y la inversión, lo cual tiene un efecto negativo en el crecimiento económico en el país”, ha afirmado Patrick Belser, economista sénior de la división de Condiciones de Trabajo y Ocupación de la OIT y editor del informe global sobre salarios. Así mismo, la OIT también ha avisado que intentar recuperar la competitividad a través de menores costes unitarios laborales (reduciendo salarios o dejando que la productividad crezca más rápido que los salarios) es "insostenible globalmente". Por su parte, el Banco Central Europeo seguramente piensa lo contrario, que rebajar salarios supone una devaluación competitiva (ahora que no tenemos moneda propia) que puede conllevar efectos positivos en la economía española en el medio/largo plazo. Seguramente ambas tesis pueden ser consideradas como correctas dependiendo del tiempo de aplicación y de las condiciones existentes en cada momento. Una economía puede crecer por aumento de consumo, por aumento de inversión, por aumento de gasto público o por aumento de las exportaciones por encima de lo que sucede en las importaciones. En la actualidad y en el medio plazo, no parece que se pueda estimular demasiado tanto la inversión como las exportaciones dado el entorno de desconfianza empresarial, falta de acceso al capital y de un entorno dinamizador de las actividades empresariales (legislación emprendedores por ejemplo). Por otra parte, durante muchos años es muy probable que el gasto público no pueda aumentar dada la dificultad de financiación del déficit y deuda pública y la necesidad de reducción. Así pues, no nos queda otra que confiar en un mejor comportamiento del consumo privado para mantener el crecimiento económico en el país. No nos queda otra opción que apoyar el consumo privado ya sea manteniendo salarios (y capacidad de consumo) como construyendo un entorno de mayor confianza económica para nuestros conciudadanos. Evidentemente no ayuda al mantenimiento del consumo privado y a esa mayor confianza ni la reducción drástica del empleo público ni el aumento de los impuestos indirectos al consumo. Entiendo la tesis del BCE, aunque no comparto la idea de que estas políticas de oferta no son fáciles de instrumentar en entornos de bonanza económica y que es mejor realizarlas en entornos de crisis aunque tengan consecuencias negativas a corto/medio plazo. Estamos en una situación económica completamente anormal, donde se está cuestionando incluso la propia Unión Europea, el marco de convivencia de nuestro continente o el propio sistema capitalista. Estamos ante la necesidad de abordar todos los problemas con las soluciones más precisas e idóneas para cada momento y situación. Creo que la población está suficientemente preparada para realizar los esfuerzos necesarios cuando sea necesario, sean momentos malos o menos malos. Es por ello que quizás sería prudente que la devaluación competitiva se produjera en el medio/largo plazo, mediante un mejor comportamiento de la productividad respecto a salarios y no por ahora mediante una política de reducción directa de salarios nominales. No sé cómo se puede gestionar esta petición del BCE ante nuestra dependencia financiera como país. Seguramente es difícil pero quizás se pueden promover compromisos a futuro para cuando esté implantada la Unión Económica, Fiscal, Política, Monetaria y Bancaria Europea. Pero siempre quedan grandes dudas. ¿Hasta cuánto los españoles se deberán rebajar el sueldo para ser iguales de competitivos que los países emergentes? ¿No sería mejor coordinar esta reducción de los costes laborales unitarios con otras medidas de oferta como mejora de la competitividad de las empresas españolas vía mejora de los sistemas y tecnologías de la información, mejora de la I+D y de la formación, mejora de las condiciones jurídicas, laborales, fiscales, financieras y económicas para emprendedores,…?