Sonó atronador, como siempre, el "You’ll never walk alone" en Anfield, lo que me llevó a recordar aquella noche en la que pude vivirlo en directo. Suena y se te pone una especie de nudo en la garganta al ver a todo un estadio, con sus bufandas en alto, cantar como un solo hombre un sentimiento, el himno del Liverpool. Y luego, si cabe, más atronador sonó el silencio de un minuto interminable en recuerdo de las 96 víctimas de Hillsborough. Sabor a Premier.Se me ocurrió pensar, mientras saboreaba ese respeto a la memoria de los que podrían estar ayer en el estadio y no volverán a estar nunca porque se dejaron la vida en otro campo siguiendo una pasión llamada Liverpool, llamada fútbol, que aquí, en la mejor liga del mundo (entiéndase como lo que es, una ironía) tenemos mucho que aprender. En todos los sentidos. Desde el respeto a las tradiciones, que también forman parte de este deporte, el respeto a los propios, pero también a los rivales.A cambio, y sin querer generalizar porque no sería justo, aquí en nuestra liga, tenemos estadios en los que se grita al rival que se muera sin que nadie tome cartas en el asunto. Pasa en muchos campos, nadie tiene el monopolio en este desvarío. El domingo en el Vicente Calderón, para bochorno de muchos rojiblancos que sienten de verdad sus colores y acuden al estadio a animar a los suyos, se oyeron los cánticos de los cafres de siempre recordando macabramente el asesinato de Aitor Zabaleta.El grito “Puta Eta y puta Zabaleta” salió de una grada, la del Fondo Sur, de la que un día formó parte quien dio muerte a un chaval que acudió a Madrid a ver fútbol y a animar a sus colores, los de la Real Sociedad. Oía ese grito y no podía dejar de pensar qué sentiría ese padre que perdió a su hijo en una tarde de fútbol convertida en una tarde criminal.Pero ayer, en la prensa, nadie reflejó estos graves insultos a la memoria de Zabaleta. Más grave hubiera sido si se hubiera cantado “Mourinho muérete”, entonces sí se hubiera montado el debate. Y esto, lo de desear la muerte al contrario, ocurre en muchos campos de nuestra querida liga, algo a lo que ya nos estamos acostumbrando.Cierto es que, por suerte, en España no tenemos un Heysel, entre otros episodios lamentables protagonizados por el fútbol inglés. Pero no es menos cierto que ellos supieron, obligados por las circunstancias pero lo hicieron, poner freno a la violencia. Nosotros estamos aún a tiempo.



