Cuando la Luna se convirtió en mujer

 

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El Luminar menor que señorea la noche siempre me ha desagradado, es tan inmutable en sus fases lunares, un orden siempre coherente en su ser, además de sus manifestaciones de majestad, sin embargo, su manera de fascinar a los hombres es lo que tanto me molesta, porque es una noble dama y aún es joven, es preciosa pero se entrega a todos de noche, todos la ven, yo sé que no es virgen, todos la conocen.

 

Odio tanto a la luna que confieso: La amo, en mi mente confirmo me pertenece, en fin, seré el señor de la noche con la luna como mi esposa, y me allegare a ella hasta que pierda su vitalidad y sea semilla de otros planetas (porque los planetas y los satélites siempre tienen descendientes).

 

La luna será mía, procreare con ella, no quiero nadie más que yo la mire, que sea solo mía.

 

Cuando nos entreguemos yo y la luna cruzaremos nuestras miradas y nos amaremos como nadie nunca más podría amarse, será eterno ese momento en que nos enlacemos para siempre en convenio eterno de matrimonio, la luna será mí mujer y yo seré su hombre y nada nos separara, aunque la gente me mire raro ya que me dicen la luna no es mujer que solo invento cuestiones extrañas, me desilusionan estas gentes ya que piensan erróneamente, no entienden la luna es más mujer que toda mujer.

 

La luna es divina, solo un alto Dios podría darle forma, solamente un tonto no se enamoraría de ella, tiene labios deliciosos y su figura es esbelta, a la vez sonríe todo el tiempo y lo hace además tiernamente, por eso le amo y le amare siempre.

 

En algún tiempo la luna fue humana, deseo ser mujer y la eternidad que brinda toda posibilidad en su infinito tiempo como en otras ocasiones le dio la forma corpórea del sexo femenino, de esta manera la luna no solo seria ese astro iluminante que no hacía sino solo cumplir su misión fiel de dar serenidad ante el agobiante sol que da vida pero molesta constantemente, la luna fue pues mujer preciosa, la describiré:

 

Es semejante a los Dioses, es blanca con gran brillo en su piel, magnífica, no hay defecto en ella, cabellos negros lacios siempre movidos por el viento como si este le amara y meneara su cabellera en signo fiel, sus ojos son tiernos brillan intensamente cual si fueran de bebes, puros, agradables a la vista, su boca habla solo cosas cotidianas pero con suma exquisitez, así entre otras alabanzas que nunca acabarían describo a la bella mujer.

 

Un canto se escucho del nacimiento de la luna, canción sentida en todo ser viviente y que aún mismo sentiría la tierra si estuviese inerte:

 

“El cosmos se regocija al dar a una de sus hijas

en adopción a la vida terrea

a la ninfa más bella

que todas las bellas juntas”.

 

Es bello pensar viendo la luna en su iluminada misión dulce y fiel.

 

Cuando contemplo la luna deseo estar con ella, ahora que le he encontrado me he enamorado, sus gestos atraen multitudes de hombres más no por eso es arrogante, más bien sonríe inocentemente.

 

A la luna le gusta ver todo siempre ya que vela por la tierra, sus ojos atentos destellaban a quienes la quisieran, más ahora solo ve poco, como ven los simples hombres y se maravilla en sobremanera. 

 

Exclame ante la luna ahora en forma de mujer:

¡Oh, Luna, desciende e ilumina mi faz, permite tus rayos penetren mi ser, que sea consumido en celeste luz y sea de esta manera feliz!

 

La luna conoce mentiras, habita entre hombres y en su soledad estos solo suspiran, creen en el amor eterno como si la eternidad no se les escapara de las manos, más admiran a la luna, es eterna, solo brilla y brilla, es divina.

UNETE



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