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Stevie fue el nombre que recibí al nacer, no sé cómo pero al estar en manos de mi padre y mi dulce madre sosteniendo mi pequeño cuerpo sentí amor, se que suena raro pero aún lo recuerdo, esos alegres rostros que sonreían y gratificados de la vida recibían toda cosa, reciben además con todo su corazón el pequeño cuerpo de hermoso aspecto, es decir: yo, mi faz intento pagar ese gesto de humilde gratitud hacia Dios por tan maravillosos progenitores que sonreí el día que nací, puedo recordar haber visto mi rostro y mi imagen en el espejo de los ojos de mis padres, ellos lloraban ¡Bendita familia por amarme sin altanera expresión!. Mi Padre es el espejo de mi vida ya que soy semejante a él, igualmente no muy diferente de mi madre ambos habían moldeado su personalidad para completarse mutuamente, muchas veces en mi vida jure nunca fallar a ellos y a mí misma y a Dios mismo y proseguir así generaciones en plenitud educando una simiente en rectitud, para poder entenderse mejor esto diré mi faz es hermosa como todo mi ser, como si la grandeza de la naturaleza se pusiera toda a mis pies, ciertamente la arrogancia me era ajena muchas personas intentaron que me sintiera superior por mi aspecto físico, por considerarme como la mayoría decía: bella entre las bellas, soy de buen parecer no puedo negarme esta expresión, constantemente grandes hombres, ricos y pobres andaban buscando la oportunidad de poder cortejarme, todos en la búsqueda de mi favor, pero solo elegiría entre ellos al de corazón más honorable y así podría a la vez cantar de forma que yo misma me sorprendía, en un suave murmullo, era para aquellos que me escuchaban alegres y dulces melodías y así cantaba para la viuda y el huérfano siempre con la mano extendida, hombres y mujeres sedientos de la mano que muestre gracia era recibida por la mía, nunca olvidare al poder ejercer algún bien los ojos brillantes de personas consoladas en momento de necesidad, si algo tenía en los ojos yo era un brillo muy especial: era mi vida dedicada a hacer feliz a los demás. La vida transcurría y sin embargo sentía los días de un modo hermoso, como si cada segundo del día fuese dedicado a mí, mas un día llego a mi ciudad cierto joven distinguidamente educado, noble, además de ser un instruido en cierto sentido, al verlo sentí poderosamente que algo se transformo en mi, por primera vez en mí vida pensé en mi propia persona, en lograr conocerle y no apartarlo de mi lado para siempre, a lo largo de mi vida me fue enseñado y logre a saber por mi misma que las familias se organizan para no separarse jamás, me refiero a aquellos matrimonios que logran triunfar en las vicisitudes de la vida, ¡oh, Dios mío, siento esto tan bello en mi pecho! En determinada ocasión, en que daba caminaba por el parque caminamos por la misma acera, sentí repentinamente como sus ojos se posaban en mi y los bajo, quería poder lograr expresar con su mirada tímida, sencilla y delicada lo que sentía, no me era difícil el ver cuando un hombre no me era indiferente, dio la casualidad que al pasarse a mi lado cayera de mi bolso mi pañuelo y el amablemente lo recogió y me lo entrego, ¡qué bien, imagine esta era la oportunidad perfecta de poder conocernos! y pensé en silencio: seguramente me saludaría y hablaríamos por horas pero me sorprendió ya que esto no fue así, solamente dijo: señorita su pañuelo, nuevamente su mirada en mí, dijo “Con Permiso” y partió. No sé, algo sucede en mi, ¿será que empiezo a descifrar lo que es la atracción del amor? no había conocido un hombre que llamaron mi atención, pensé lo que necesitaba era alguien que me amara con fuerza, con algo que solo provenía de Dios, dije si le encuentro de nuevo dado que es una ciudad pequeña y podemos conversar le preguntare si ama a Dios y si es así también le preguntare como corresponde a su omnipotente amor, después de saber si él vive una vida recta le conoceré y pondré atención al corazón, mas no lo que yo egoístamente deseo sino a lo que en verdad es lo más importante. Ciertamente la vida no me era ajena sentía que una fuerza superior a mi dirigía mi vida y es que hay algo o alguien que dirige nuestras vidas, nuevamente frecuentando este parque le vi mientras paseaba su perro y me saludo al pasar me dijo “Buenos Días” y así empezamos a platicar, en resumidas palabras: era un hombre sencillo de una naturaleza impresionante. Al despedirle quede anonadada simplemente quede sin palabras, alguien las había robado ya, si antes era feliz ahora siento que vuelo, ¿será acaso este el hombre de mi vida? me es necesario completar la razón de mi existencia, poder formar una familia recta que sirva con amor y preste servicio sin cesar, creo que Dios nos dará conforme a los deseos de nuestros corazones y a este hombre necesito conocerle mejor, poder percibir el verdadero carácter de su corazón para poder envolverlo en besos y cariño solemnemente sincero, hasta el momento ha pasado la prueba de ser cortes y de hablar correctamente, pese a todo esto observo con precaución no deseo participar del engaño ¡Que Dios beneficie estos corazones para poder engendrar hijos para que en él sean suyos! Siempre si pudimos conocernos, tratarnos, hablarnos, podríamos hacer juntos lo que se requería en la existencia mortal, eso y mucho más cumpliendo así la medida de lo que debemos ser. Por lo demás siento el rostro fresco pues algo llena mis mejillas y es esto que es el verdadero amor y aunque se va si se trabaja la ilusión nuevamente se enciende plenamente.