El rescate de la clase política

 

. Y no era la primera vez, ni la segunda, sino la tercera que el Congreso rechazaba las medidas propuestas por el Presidente. Ante esta situación saltaron todas las alarmas que preveían un más que seguro rescate por parte de la Unión Europea. Y el rescate ha llegado. 80.000 millones de euros en tres años que no vienen solos, sino que vienen acompañados de unas más que probables medidas de restricción de la economía lusa, afectando principalmente a la administración del estado y a algunas de las políticas sociales llevadas a cabo por el actual presidente en funciones José Sócrates. Unas medidas que son a todas luces mucho más restrictivas que las que el propio Sócrates había querido aprobar, pero que ahora el Congreso y la sociedad portuguesa van a tener que aceptar si quieren salir del pozo en el que están metidos.

A parte de la evidente situación de precariedad de la economía portuguesa que amenazaba y aún hoy amenaza el futuro económico de España a corto plazo, una de las cosas más sorprendentes que se pueden extraer de esta situación tan delicada ha sido el peculiar comportamiento de la clase política portuguesa.

El rescate de Portugal, a diferencia del de Grecia y en mayor medida el de Irlanda, no es simplemente una decisión unilateral tomada por la Unión europea. Tampoco es simplemente producto de una mala calificación por parte de las tristemente famosas "agencias de calificación" que pudieran provocar una decidida intervención por parte de Europa para prevenir que los especuladores acabaran con lo poco que queda de Portugal. Este rescate se produce porque el propio José Socrates, que tras su dimisión ejerce de presidente en funciones hasta la llegada de las nuevas elecciones en 8 semanas, ha enviado un mensaje de ayuda a la Unión europea pidiendo el rescate debido a la "debilidad financiera sin precedentes" de Portugal. "Siempre encaré un pedido de ayuda externa como último recurso, pero hemos llegado al momento en que no tomar esa decisión acarrearía riesgos que el país no debe correr", ha explicado Sócrates tras celebrar un Consejo de Ministros de urgencia. Para algunos esto puede ser un indicio de debilidad institucional o de incapacidad de gestión, pero para otros puede suponer una decisión valiente y que demuestra hasta un cierto punto que han sido capaces de reconocer sus limitaciones y su incapacidad para salir adelante por si solos, al tiempo que demuestra un compromiso con el objetivo común de solucionar este problema lo antes posible.

Al analizar este comportamiento, no he podido sino mirar para España. Un país con un Gobierno que en los tiempos de la "prehistoria" de esta crisis que vivimos, se empeñaba en decir que no existía. Que más tarde se llenó de gloria con los famosos "brotes verdes" mientras el paro alcanzaba el 20% y la deuda de España rozaba cotas históricas. El mismo Gobierno que ahora se empeña en decir que España no necesita un rescate ni nada que se le parezca. Y todo mientras la oposición se ensucia en casos de corrupción, de abuso de poder y de incapacidad para ofrecer siquiera una respuesta coherente o de colaborar para mejorar la situación y sin la menor intención de arrimar el hombro. La clase política se dedica a atacarse unos a otros mientras el país sigue sin salir de su crisis. Al parecer es mucho más importante tener poder que saber ejercerlo.

Es posible que la situación de España no sea tan "crítica" como la de Portugal, pero la pregunta es: ¿Tenemos una clase política en España capaz de tomar las decisiones que han sido capaces de tomar los políticos portugueses?

Mientras tanto, al norte del "viejo continente", en Islandia, el Gobierno ha realizado ayer un referendum entre sus ciudadanos (que hace semanas se manifestaron en contra de su Gobierno y de las medidas para rescatar a los bancos). En este referendum se planteaba la posibilidad de liquidar la deuda de uno de sus bancos que había quebrado en Reino Unido y Holanda provocando en estos países pérididas por más de 4000 millones de euros. Una deuda que tanto el gobierno británico como el holandés quieren que sea saldada con el dinero público islandés. Pues bien, según los sondeos y los últimos recuentos, el no va ganando con cerca del 60% de los votos. Los islandeses no son los únicos que no quieren hacerse cargo de los desmanes de sus banqueros, pero al parecer son los únicos que puede decidirlo. Según las palabras del presidente islandés Oláfur Ragnar Grímsson: "Las antiguas condiciones de pago eran muy injustas: las nuevas son mejores, pero si los islandeses van a tener que cargar con una deuda de sus bancos deben tener derecho a decidir. Islandia es una democracia, no un sistema financiero". A los demás nos toca rezar para ver si a nuestros políticos se les contagia algo.

UNETE



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