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Giro copernicano


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22/07/2012


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Resulta curioso que, a pesar de lo repetitiva que es la expresión “las vueltas que da la vida”, no deja de ser demoledoramente cierta y se le viene a uno a la mente en las circunstancias actuales de desasosiego social y de incertidumbre económica presente y futura.






Corría el año 2.002 y este humilde juntaletras estaba en una reunión familiar. Daban las noticias en la televisión y se podían ver imágenes de las calles de varias ciudades de Brasil con la gente volcada en un torbellino de celebraciones por el recién conseguido mundial de fútbol por la selección de los Ronaldo y compañía. Todo eran bailes, cánticos, samba, gritos de alegría y euforia. De ello hace diez años, es decir, muy poco tiempo en una escala histórica, y recuerdo que alguien de mi familia comentó que era evidente que Brasil era un país pobre y tercermundista, sólo había que ver que sólo podían celebrar la victoria de su equipo en una final del mundial mientras la población estaba sumida en el paro, la pobreza, la miseria y un porvenir socioeconómico incierto. Pues bien, ahora las tornas se han cambiado y somos nosotros los que celebramos trofeos de nuestros multimillonarios deportistas mientras nuestro país de desmorona económicamente y pierde calidad de vida en progresión geométrica a manos de los enemigos de lo público. Brasil, por contra, tiene una economía floreciente y forma parte del pujante grupo que conforma el BRIC, invierte en cultura y procuran proteger el legado identitario de los descendientes de los africanos llegados como esclavos y los indígenas del país. Aquí invertimos en toros, fútbol y en hacer que la población piense lo mínimo posible; panem et circenses, subimos el IVA que no íbamos a subir (más de un padre o una madre estará arrepintiéndose de lo que hizo o no hizo el 20-N) y no promovemos economías productivas. Ya saben, no hay dinero y hay que elegir entre lo malo y lo peor, y si usted no está de acuerdo le remiten a la herencia recibida y a que en seis meses no se puede arreglan lo que ya había.





Otro aspecto en el que se puede aplicar el razonamiento anterior es en el fenómeno del “corralito” que asoló muchas economías familiares y ahorros de particulares en La Argentina, que aquí se percibió como uno de esos eventos que “a nosotros nunca nos pasarán, somos demasiado fuertes”. Vean ahora a los Bankia, Caixanova y demás y los casos de gente que pierde sus ahorros de la vida mientras directivos responsables de esa pérdida se jubilan con cantidades millonarias.





Y es que nadie dice que lo arreglen, pero tampoco lo empeoren. Desde el 20 de noviembre, todo lo que podía ir a peor a ido a mucho peor, la prima de riesgo se ha duplicado, bancos que pregonaban beneficios resulta que necesitan ayudas de veintitrés mil millones de euros que encima tenemos que tomar como un chollo, sabiendo esa costumbre tan española de socializar pérdidas y privatizar ganancias. Se recortan derechos laborales con una reforma de ideario profundo con la excusa de favorecer el empleo y se consigue que se dispare aun más el paro. Ya dice el dicho, “Otros vendrán que bueno me harán”.

Así que, la próxima vez que piense usted en términos despectivos sobre sucesos nefastos a nivel social o económico en países a priori más desfavorecidos por la diosa fortuna, valore las probabilidades de que, en un tiempo más largo o más corto, usted es el que puede estar en esa misma situación.





Corolario: si aplicamos el razonamiento empírico y el pensamiento lineal, la señora Sáez de Santamaría dijo en su día que la prima de riesgo en España se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, lo cual lleva implícito que, actualmente, la prima de riesgo de España se llama Mariano Rajoy (Quod erat demostrandum).





Nota: Mi repulsa total hacia los y las indeseables del GRAPO responsables de la muerte de Publio Cordón. Morir por un ideal es lo más noble que alguien puede hacer, matar por él es lo más execrable, eso no es izquierda ni es nada, es violencia pura y dura.





Hugo Roig Montesdeoca, escritor y miembro del PSOE de Telde. 





Etiquetas:   Política   ·   Sociedad

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