Me duelen mucho, hasta los tuétanos, los recortes y las nuevas subidas impositivas decididas por el Gobierno del señor Rajoy. Soy perfectamente consciente que el anuncio y la aprobación de estas nuevas medidas para afrontar la crítica situación de déficit, también le duelen, quizás tanto como a mí, al propio presidente, seguro. El estado de la contabilidad nacional, además de ruinoso, es famélico. Sobrevive en los fondos del abismo y con los peldaños de la escala de salida rotos. Casi todas las arcas se encuentran atestadas de telarañas polvorientas por el efecto, en algunos casos, del paso de los vampiros. Asumo que los drásticos y restrictivos ajustes a nuestros tísicos bolsillos son medidas que, a pesar de su impopularidad, son necesarias de adoptar, pero aún reconociendo la necesidad de su aplicación, me joden muchísimo.



