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El nuevo panorama político nacional mexicano


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05/07/2012

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Confesiones.


 

El nuevo panorama político nacional.

 

Los resultados de la reciente elección federal van mas allá de la interpretación que corresponde al caso de la Presidencia la República, nos referimos primero al hecho de cómo se distribuyo la votación en las entidades, a la nueva conformación del Congreso y por supuesto a lo que sucedió en los seis Estados y el Distrito Federal, donde hubo elección local también.

Esto por supuesto supone una muy interesante redistribución del poder y liderazgos locales y regionales, desde donde se construirán los siguientes movimientos políticos y la actuación del nuevo Gobierno.

Por supuesto el principal ganador es el Partido Revolucionario Institucional, que obtiene poco más de diez y ocho millones de sufragios para recuperar la Presidencia, mantiene la gubernatura de Yucatán, y recobra la de Jalisco y Chiapas en coalición.

Sin embargo es materialmente barrido en la capital del país, pierde el Gobierno de Tabasco y no fue capaz de hacer nada en Morelos y Guanajuato.

En resumen gana la presidencia en veintiún Estados, contra ocho de la izquierda y tres del PAN, obtiene doscientas treinta y dos Diputaciones Federales y cincuenta y siete escaños senatoriales, en ninguno de ambos casos alcanza la mayoría absoluta.

La victoria y su festejo no son elementos que omitan a la autocritica, el ejercicio electoral deja muchas enseñanzas, por eso podemos prever que de aquí a la toma de posesión, el círculo rojo del Presidente Electo realizara una minuciosa revisión de los acontecimientos, porque lo que sigue no será precisamente fácil.

El Revolucionario Institucional se asume pues como la principal fuerza política del país, sin embargo eso no es suficiente para controlarlo todo, al menos en el Congreso tendrá por necesidad que negociar sus iniciativas.

Esta situación traerá aparejada una necesidad de alianzas estratégicas, una natural propensión al dialogo y naturalmente por descontado la implementación de un régimen que privilegie la política.

El priismo tradicional por definición sustenta precisamente sus habilidades en su capacidad de hacer política, construir acuerdos y en lograr resultados en base a estos, en la nueva dinámica del poder tendrá dos grandes retos.

El primero de estos pondrá a prueba la capacidad del próximo gabinete, que seguramente se formara en una amalgama de experiencia y juventud, para demostrar esa habilidad que será sin duda fundamental.

En el nuevo esquema no habrá pues espacio ni para el autoritarismo y mucho menos para la arrogancia, solo para la destreza negociadora, aquella en la que se parte de la base de que en todo pacto alguien otorga y alguien cede.

El otro reto va en relación al primero, esto porque las votaciones que obtuvieron tanto la izquierda como Acción Nacional juntas son mayores a la que consiguió el PRI, algo que no se puede omitir.

De aquí en adelante al Gobierno de nada le servirán las cifras alegres de las encuestas, la simulación proveniente de sus propias estructuras, sino la realidad de los escenarios.

Tanto las izquierdas como Acción Nacional contaran con posiciones de importancia e influencia, desde donde mantendrán su carácter de oposición con margen de maniobra y su intención de origen, no será facilitarle las cosas al nuevo Gobierno.

Independientemente del desarrollo de las actividades gubernamentales y legislativas en las que todos estarán inmersos, los liderazgos en la oposición tenderán desde muy temprano a empezar a construir sus proyectos de futuro, una reorganización encaminada a la siguiente elección legislativa y posteriormente la presidencial.

La izquierda se queda con un gran capital electoral después de la elección, con figuras capaces que representan a una nueva izquierda moderada y muy atractiva para la sociedad, encabezada principalmente por Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera.

Acción Nacional sufrió una debacle histórica, el desgaste de gobernar mal dos periodos, los llevo al tercer lugar, por tanto tendrán que empezar por recuperarse y eso naturalmente lo intentaran desde las entidades, una fórmula que en el pasado les dio buenos dividendos.

Al quedarse sin cabezas visibles, porque aunque Josefina Vázquez Mota quiera seguir abanderando algún liderazgo, este seguramente tendrá que ser substituido por nuevas figuras con capacidad real de convocatoria, por tanto no se puede descartar la incursión de Margarita Zavala en ese campo de acción.

En contraste los priistas de acuerdo a su propia forma de comportamiento, tendrán que amarrarse a la voluntad de su jefe máximo, el Presidente de la República, es también el jefe del partido y en su caso esa prerrogativa no se comparte.

Ni los Secretarios de Estado ni los Gobernadores, podrán moverse con la libertad que acostumbraron estos doce años, ahora serán vigilados con lupa y su desempeño dependerá de un orden institucional que marca tiempos y movimientos de forma estricta.

El único caso que podría no encuadrar en este esquema es el del Gobernador electo de Chiapas, Manuel Velasco Coello, primero porque nominalmente es miembro del Verde Ecologista, segundo porque gano su elección con un porcentaje extraordinariamente amplio y finalmente porque es un personaje, joven y muy carismático.

Manuel Velasco no tendrá la misma obligación institucional partidaria que sus colegas priistas, aun y cuando tenga mucha afinidad con esa corriente y su cercanía personal con Enrique Peña Nieto trascienda a la militancia, Velasco Coello tendrá más libertad de acción y difusión.

Peña Nieto será muy diferente como Presidente de cómo lo fue en la candidatura, si bien es cierto que tendrá que ser muy plural y político, un buen negociador para garantizar la estabilidad del país y poder avanzar en las reformas que quiera llevar a cabo, en lo interno será como sus antecesores y hay que decir que algunos de ellos sabían muy bien como ejercer el poder.

Primero intentara a toda costa diferenciarse de Felipe Calderón, como premisa del significado de su triunfo en las urnas, esto impulsara seguramente una dinámica en la que se privilegiara la eficiencia administrativa y los resultados inmediatos, combatirá las practicas que sabe ofenden a la sociedad, al menos las más visibles.

El nuevo Presidente tendrá que ser muy consciente de la insatisfacción social y sus causas para modelar formatos que cambien la percepción colectiva, no solo la que proviene del pasado, sino precisamente la que corresponderá a su mandato.

En la construcción de los equilibrios es fundamental legitimar las acciones con medidas que comprueben que el cambio resulto positivo, ya no se trata de una propuesta de campaña, más bien de justificar la propia posición.

Si lo logra, la misma situación le otorgara un poder presidencial que Vicente Fox y Felipe Calderón desecharon y no supieron utilizar, eso le dará mucho control tanto de su propio Gobierno como de su partido.

No hay que confundir autoritarismo con autoridad, el primer concepto ya no cabe en la sociedad mexicana moderna y por supuesto Peña Nieto debe tener claro, que la vía de la reconciliación y convivencia con sus opositores no es esa, al contrario su margen de convencimiento y convocatoria provendrá de la apertura y la pluralidad, porque eso es lo que otorga respeto y autoridad mas allá de la investidura.

Para lograr esos propósitos, es indispensable el orden interno, político y administrativo, fundamentalmente en las entidades en las que su partido gobierna, por tanto su actitud en esos casos no será la misma que con los demás.

De tal suerte que el pronóstico del nuevo panorama político nacional, implica pensar en una inusitada apertura y respeto entre fuerzas políticas, pero con un régimen muy estricto hacia adentro.

Esto involucra contrapesos que de entrada serán positivos, tanto para el desempeño oficial como para el esquema democrático, porque se anticipa un proyecto de mucha política, nos referimos a la que construye y da resultados, no el que favorece la simulación.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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