¡Ay mamá los de la luz!, ya votamos y bueno, felicidades a quienes asistieron a las casillas electorales con la firme convicción de mejorar este país, a quienes vendieron su voto por una lana, una tarjeta del supermercado o una promesa huesera, solo puedo decirles –todo sarcasmo de por medio- ¡gracias por mantenernos sumergidos en la podredumbre!



