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Los primeros efectos y reacciones de los resultados de la elección presidencial


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03/07/2012

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Confesiones.


 

Los primeros efectos y reacciones de los resultados de la elección.

 

Conforme el Instituto Federal Electoral, se acerca al cierre final del conteo de los votos, mismo que podrá dar en breve un resultado definitivo, dos cosas quedan suficientemente claras, el triunfo de Enrique Peña Nieto por un margen suficiente y que esa diferencia dista mucho de los pronósticos que se publicaron a lo largo de todo el proceso.

Con la información actual, la diferencia entre el primero y el segundo lugar ronda en alrededor de los seis a los siete puntos porcentuales, lo que implica un poco más de tres millones de sufragios.

En términos estrictamente reales, a reserva de las impugnaciones que eventualmente y seguramente se puedan ir presentando, el margen puede considerarse contundente para establecer ganador, no así para clamar una victoria aplastante.

Este argumento de análisis tiene varias implicaciones aun y después del resultado, porque va a orientar la dinámica de los siguientes acontecimientos y tendrá una gran influencia en diversos aspectos.

Primero vamos a enumerarlos, para poder comentarlos en orden en esta y en las siguientes columnas. La posición del nuevo gobierno respecto de la votación que recibió, la comprensión de los mensajes que la sociedad deja a través de sus votos, la posición de los medios de comunicación y las empresas encuestadoras, en cuestión de su credibilidad en el futuro inmediato.

Posteriormente sobre el panorama nacional y el particular que se refiere a las entidades, en las que hubo elecciones para Gobernador en principio y por supuesto, en las que solo fue de carácter federal de acuerdo a sus resultados locales.

Finalmente la situación política, la de cada partido y fuerza política, misma que nos permitirá adentrarnos en el análisis de las posiciones y los nuevos liderazgos por venir y con ello poder empezar a semblantear lo que nos puede esperar en el corto y mediano plazos.

Entrando en materia y en el orden descrito, hoy el cuestionamiento más recurrente en función de la victoria de Enrique Peña Nieto, se circunscribe a las dudas sobre qué tipo de régimen encabezara, si se trata de la restauración del viejo PRI o por el contrario se trata del arribo del llamado nuevo PRI.

Por principio de cuentas hay que reconocer que Peña Nieto es el primer priista de la historia que gana una elección democrática, que su asunción al poder no provino del legendario dedazo, con todo lo que eso implicaba, sino de la voluntad popular.

Pero también hay que considerar que esa voluntad solo representa un poco menos del cuarenta por ciento del total de los sufragios, lo que supone una mayoría parcial.

Bajo estas condiciones de entrada es difícil esperar una restauración del viejo sistema como tal, no se puede negar que ha habido una evolución en todos los órdenes y que la clase política priista sea ajena a ella, por tanto su vuelta al gobierno no necesariamente implica una repetición exacta del modelo anterior.

Los discursos de quien será el nuevo Presidente, en la parte final de su campaña y los que ha pronunciado después de la elección, denotan una respuesta directa a esos cuestionamientos.

Peña Nieto se pronuncia por descartar una vuelta al pasado, particularmente al autoritarismo, habla de una administración moderna, de pluralidad y respeto irrestricto a todas las expresiones, mediante un dialogo abierto, lo más importante tolerancia.

Después de los acontecimientos más agrestes de la campaña, los enfrentamientos y rechazos, para el nuevo gobierno será prioritario apostar por la reconciliación nacional y acabar con la crispación, evitar a toda costa dividir a la sociedad en ganadores y derrotados.

Peña Nieto y su equipo más cercano saben, que una gran mayoría de quienes lo eligieron no vivieron los regímenes anteriores de su partido, y que por ello desconocen salvo en la referencia como se desempeñaban, entienden que a pesar de cualquier tentación por retornar a esos mecanismos, la sociedad de hoy los rechazara contundentemente.

Ahora bien, para poder establecer una diferencia entre el nuevo y el viejo PRI, hay que decir que no todo en el anterior era malo, como no todo lo del nuevo es bueno y que lo ideal sería la combinación de los mejores factores de ambos.

El viejo PRI era muy autoritario pero más eficiente que el actual, en el anterior aun a pesar de la prerrogativa del poder absoluto se privilegiaba la política como mecanismo de acuerdo, en el de ahora hay más imposición dogmatica, que raya incluso en el fanatismo.

Sería difícil determinar en cuál de los dos hay o hubo más corrupción, lo que si queda claro es que en la versión previa esta se auto contralaba a través de reglas, a diferencia de ahora en que se perdió el recato y la discreción.

Desde nuestra óptica particular la principal diferencia es ideológica, está en la forma y el fondo, en como adoptar la responsabilidad pública y en la eficiencia, en la necesidad de que los nuevos integrantes de los equipos gubernamentales, tengan realmente preparación en ese rubro independientemente de la académica.

Es un asunto de principios y valores, por encima de la simple ambición, que anteponga el ejercicio político por encima de los intereses particulares para poder dar respuesta a la exigencia social.

La política es la actividad superior para dirimir diferencias en búsqueda de acuerdos, tratando de que los beneficios de estos alcancen a las mayorías, no una herramienta que utilizan unos cuantos para abusar del poder y enriquecerse.

Este nuevo PRI, que seguramente será pues una combinación de ambos, tendrá por necesidad que estar muy atento de la opinión pública y sus reacciones, alentar mecanismos de dialogo reales para poder convocar a la sociedad en proyectos de desarrollo tangibles y colectivos.

Las asignaturas que heredaran de los doce años de administraciones panistas fallidas en la gran mayoría de sus aspectos, son de entrada un reto monumental a resolver.

No se puede omitir que una de las causas a las que se puede atribuir la victoria de Peña Nieto, provienen de la incapacidad de los gobiernos panistas, que se desgastaron en el poder, en contraste con la imagen de presteza de los regímenes priistas, aunque parezca una contradicción, precisamente de los del pasado.

La distribución  actual del poder en las cámaras y los estados, no puede compararse al predominio del que gozaron sus antecesores, hoy el mapa geopolítico nacional obliga a la coordinación y los equilibrios, a la rendición de cuentas y por supuesto a la calificación de la eficiencia.

Desde ese punto de vista, no vemos en primera instancia que sea preocupante hablar de un retorno al pasado, toda vez que eso no se ve muy factible, más bien lo que habría que calificar será la forma de enfrentar los retos del presente y la disposición para hacerlo adecuadamente.

Por eso al principio hablábamos con toda intención del margen diferencial de puntos porcentuales que marca la diferencia entre el primero y el segundo lugar, porque obligara desde el inicio del gobierno a la apertura y la pluralidad, al menos de las ideas y las expresiones y eso es muy bueno para nuestra democracia.

Hoy el respaldo popular es indiscutible para legitimar no solo el arribo al poder, sino el desempeño en el mismo y el nuevo Presidente tendrá pues que ganárselo cuanto antes, más allá de simpatías partidistas.

Los datos finales de la elección, corroboran que el manejo de los medios de comunicación y las empresas encuestadoras obedecieron a una estrategia publicitaria, que fallaron en sus pronósticos y que aun y con el triunfo de Peña Nieto, la realidad nacional es otra, por tanto hay que actuar en consecuencia con ese diagnostico.

En la entrega de mañana abordaremos ese tema, la situación de los medios de comunicación y las encuestadoras en el proceso y la pérdida de su credibilidad e influencia.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall 



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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