El debate político seguirá siendo superficial mientras la ciudadanía no se organice para formar un frente único de demanda social; la clase política está distanciada, disociada de la ciudadanía y no es el portavoz del mandato ciudadano esto debe quedar claro. Cuando un ciudadano común se acerca a un representante político la escena se presenta así: El político está rodeado de guaruras y asistentes, es intocable, es un semidiós y su omnipotencia hace que las vialidades estén a su disposición sin que importemos los demás, siempre su figura es distante a la ciudadanía, siempre hay que hacer antesala para que nos escuche, hay que ser amigo de su secretario particular, hay que ser su ciervo; eso es ampliamente perceptible.



