De las relaciones de Venezuela con Cuba, Irán, China, Rusia y Bielorrusia (por sólo habar de las más recientes y fluidas) se ha dicho y escrito mucho en los últimos años, y siempre las opiniones giran en torno a la conveniencia o no de dichas relaciones para una república que se pretende democrática. El desempeño de los regímenes de los países mencionados es ideológicamente interpretado, yendo desde acusaciones de ser verdaderas tiranías, hasta aquellas que afirman la solvencia democrática genuina en ellas, de conformidad con la idiosincrasia de cada pueblo. Y no faltan opiniones de aquellos que, aunque comprometidas con la posición oficial del gobierno venezolano, juegan al espíritu crítico y alegan su “realismo” al decir que son gobiernos de baja o ninguna catadura democrática, pero que ante el imperialismo lo mejor es buscar alianzas tácticas.



