Esperanza Aguirre, propuestas lógicas

Confieso que no me duele la conciencia, sino todo lo contrario, declarar una vez más mi plena sintonía con las nuevas consideraciones políticas expuestas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Y es que esta señora no para de irradiar sensatez y cordura con propuestas de especial calado y contundente lógica, que envuelven el mismo sentir de millones de españoles ante la turbia tormenta política que desequilibra la economía, la estabilidad y el bienestar.

 

. Y es que esta señora no para de irradiar sensatez y cordura con propuestas de especial calado y contundente lógica, que envuelven el mismo sentir de millones de españoles ante la turbia tormenta política que desequilibra la economía, la estabilidad y el bienestar.

En anteriores artículos verso la reciprocidad y coincidencia de opinión con la señora Aguirre. Es más. En alguna ocasión me he adelantado a la presidenta madrileña en la propuesta de medidas idénticas a las que ella plantea. Algunas de estas medidas están plasmadas en los artículos ‘Cantabria desinfla el Parlamento’, ‘Las bicocas de sus señorías’, ‘Constitución y Gobierno, tal para cual’, y algunos más.

En más de dos y de tres ocasiones he coincidido con la señora Aguirre en lo más urgente. Hay que frenar el alegre derroche de subvenciones. Como señal ejemplarizante debe empezarse por los partidos políticos, sindicatos y patronal. Es de auténtico escándalo la riada de euros que anualmente se van por este agujero negro. Gobierno y autonomías deben de controlar y moderar el gasto desordenado que funden con avaricia. Todas las Administraciones deben de recortar plantillas, más de 800.000 anidados, y ajustar la duplicidad o triplicidad de funciones, a veces absurdas. La informatización de las administraciones ha conllevado, por indigno y misterioso que parezca, un aumento desmadrado de funcionarios, enchufados y parásitos de la política, cuando debería de haber supuesto un recorte sustancial de personal.

Con la atención puesta en el gasto y el derroche, Esperanza Aguirre ha propuesto algo tan cuerdo, normal, estético y comprensible como desinflar los parlamentos de las comunidades y el nacional. Todos los hemiciclos regionales están superpoblados por culos calienta escaños que, además de costarnos todos los meses carretas atestadas de euros, la gran mayoría tienen como principal misión levantar la mano en los plenos para votar sí o no, y para aplaudir de forma apasionada y sonora las peroratas del compi de turno, aunque diga auténticas chorradas. Si todos, digo todos, los parlamentos comunitarios reducen a la mitad el número de escaños, aún siendo legión los que quedarían, los recortes aplicados a la educación y a la sanidad podrían compensarse con el ahorro que la merma parlamentaria reportaría.

Lo mismo sucede con el Congreso de los Diputados. Los miembros electos que se sientan en el superpoblado hemiciclo hacen exactamente lo mismo que los autonómicos. Hablan seis, o siete, aplauden por turnos, levantan la mano cuando toca, y todos, todos, cobran una pasta gansa y algo más cada mes. De los 350 Diputados electos, es muy posible que con menos de la mitad el trabajo se haga igual, y quizás con más agilidad, al evitarse los codazos. El súper ahorro es muy fácil de calcular. Y nada digo si se elimina el Senado. Supondría impedir, por ejemplo, la subida del IVA.

Si estas propuestas de la presidenta madrileña se pueden calificar de serias, oportunas, justas, y absolutamente necesarias, no lo es en menor dimensión la última que ha planteado, con valentía y acierto, de suprimir el Tribunal Constitucional, tanto por su inutilidad, como por interferir de forma imprudente en las decisiones letradas, legítimas y ajustadas a derecho del Tribunal Supremo. El elevado costo que nos supone el Constitucional no compensa, ni en todo ni en parte, el trabajo tortuga, discrepante y retorcido que realiza.

UNETE



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