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La voz de la cara oculta del centro histórico


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25/06/2012


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El pasado 25 de junio publicaba Berta González de Vega en la edición de Málaga del diario El Mundo, en su sección “Agitadores Sociales”, una entrevista que me hizo con motivo de las Jornadas “Vivir el Centro”. 




Éstas jornadas, celebradas el 19 y 20 de Junio en la Sociedad Económica de Amigos del País, y organizadas por la Asociación de Vecinos Centro Antiguo y el Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga, trataron la difícil convivencia de la industria del ocio y el turismo con los residentes del barrio, la problemática que genera, y posibles enfoques equilibrados que aporten soluciones razonables y creativas al enorme problema para los residentes, que hoy parece enquistado. 



Dentro del ámbito de las iniciativas de empoderamiento del ciudadano, la innovación social, y la exigencia de mayor equilibrio en el uso compartido de la ciudad, creo que a los arquitectos nos corresponde desarrollar un papel muy importante, como ciudadanos activos y especialmente formados en la disciplina urbanística y social. 



Estamos en condiciones de ejercer de verdaderos activadores o “agitadores sociales”, capaces de generar un “clima urbano” constructivo de mejora de las condiciones de habitabilidad y de uso general de la ciudad, en todos los niveles. 



Creo que en las próximas décadas vamos a tener, tanto profesional como civilmente, una enorme tarea en este campo, fomentando la corresponsabilidad ciudadana, el activismo social, la participación, y el microurbanismo, que nunca debimos dejar a un lado. 



Transcribo la entrevista completa, para mayor facilidad de lectura, ya que no he podido encontrar el link a la noticia.



Entrevista publicada en El Mundo, edición de Málaga, el 25 de Junio de 2012



AGITADORES SOCIALES





FERNANDO RAMOS. Este arquitecto malagueño de 40 años es uno de los que más medita sobre la profesión en las redes sociales y aspira a poder articular a una sociedad civil que conciba que en el centro se cumplan las ordenanzas sobre el ruido para poder vivir.





La voz de la cara oculta del centro histórico





BERTA GONZÁLEZ DE VEGA / Málaga

Este arquitecto pudo ser uno más de esos vecinos que llegan ilusionados a vivir al centro y, en un par de años, normalmente coincidiendo con la paternidad, abandonan convencidos de que no hay nada que hacer para evitar el ruido y la sensación de que se empieza a vivir en un decorado. Pero Fernando Ramos ha seguido y ha insistido, y es una de las voces más activas cuando se habla de qué hacer en la parte más histórica de la ciudad, como se ha visto esta semana en un congreso organizado en la Sociedad Económica de Amigos del País, al que han asistido tanto vecinos como la concejal del distrito, Gemma del Corral o el socialista Carlos Hernández Pezzi.

“El momento actual es crítico para el futuro del centro. Tras unos años de lenta recuperación y repoblación, la gestión miope está a punto de echar a perder lo conseguido. Hay que distinguir entre el espacio urbano y sus habitantes: tienen distintos tiempos y prioridades”. Según él, la rehabilitación del espacio físico está casi paralizada y, en cuanto a equipamientos, “siguen faltando espacios libres y escolares, deportivos y participativos, y se ha perdido mucho comercio local, mientras se promueve una sobreexplotación mercantil del espacio público y privado insostenible”. Prueba de ello e, según cuenta, que cada vez que se peatonaliza algún enclave enseguida pasa a estar ocupado por los bares y restaurantes, sin otras opciones.

El que el centro se haya llenado de bares y restaurantes lleva aparejado un problema: el ruido. “Hoy se está viviendo una verdadera emergencia sanitaria producida por la contaminación acústica, que produce cuadros crónicos de estrés, fobias, ansiedad y depresión, y desemboca inevitablemente en una segunda despoblación masiva del centro, tras la ocurrida en los 80”.

¿Qué se puede hacer frente a eso? Este vecino se conoce las vías de las quejas que sólo llevan al destino de la desesperación: “Cuando el residente empieza a sufrir la contaminación acústica, acude a la Policía, a Medio Ambiente, Comercio y Vía Pública, Alcaldía, Defensor del Ciudadano, y del Pueblo Andaluz, y finalmente comprueba que no hay voluntad política de atajar el problema de raíz”. Si protestas por un bar que tienes enfrente, te puedes encontrar con que, al poco tiempo, han autorizado otro con terraza al lado. Le ha pasado.

Esa actitud política sólo puede desembocar en que los vecinos tiren la toalla: “A partir de los dos años de sufrimiento, cuando se constata que no hay voluntad política en el Ayuntamiento de acabar con el problema, se hace casi imposible permanecer. Hoy, en el centro, se da por hecho que después de un cierto tiempo de aguante, o cuando se tienen hijos, no hay más remedio que abandonar la vivienda”.

En las metáforas, a Fernando Ramos le sale el arquitecto: “El centro no puede ser el Sistema General de Ocio representativo y de celebraciones de 570.000 habitantes, 1,6 millones en la provincia y picos de seis millones de visitantes. Eso no es compatible con el uso residencial, en absoluto. Y la vía irresponsable de promover ese uso insostenible, expulsando a los residentes, garantiza la ruina del casco histórico a corto plazo, por segunda vez en los últimos 30 años”. Es algo que se ha visto en muchas ciudades, “cuando desaparecen los vecinos de la ecuación, los barrios acaban por degenerar y morir”.

Después de escucharle, uno sabe que, al pasear por el centro, toda esa ebullición económica en forma de terrazas, bares, nuevas heladerías…, tiene una cara B, oculta, invisible para el que quiera que así sea: los vecinos, las víctimas colaterales, los que llegaron y se fueron rápido si estaban alquilados y siguen luchando si son propietarios con un coste alto: “No sólo de salud, también de productividad en nuestros trabajos, por el tiempo que gastamos en pedir inspecciones, en tramitar expedientes, en poner denuncias…”.

La solución, según él, es tan fácil como que se cumpla la Ley; “Si no se asumen y cumplen los límites de 65 decibelios diurnos y 55 decibelios nocturnos, el centro no será habitable jamás”. Y su ilusión pasa por comprometer a la mayoría de los vecinos del centro en esta lucha. Con una fuerza así, “no hay problema que dure dos tardes”. Y en ello está.









Imagen: El arquitecto Fernando Ramos / JESÚS DOMÍNGUEZ







Etiquetas:   Rehabilitación

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