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La Crisis de la Iglesia Católica chilena


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06/04/2011


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La Iglesia Católica chilena está enfrentando uno de sus peores momentos históricos. Como ha ocurrido  en otros países, la comprobación de la existencia de delitos contra menores y la sospecha continua contra el clero, que se agrava por las decisiones mal tomadas por su jerarquía, ha desencadenado una ola de repudio, como anteriormente ocurrió en Estados Unidos, Irlanda y Bélgica, por citar algunos de los casos más resonados.






Chile es uno de los países más tradicionalistas de América Latina y en ello ha influido fuertemente el rol de la Iglesia Católica. Fue uno de los últimos países del mundo en tener el divorcio vincular, producto de la fuerte influencia de la Iglesia. Durante los años 90 la influencia de la Iglesia sobre el escenario político fue avasalladora. No hace muchos años integrantes de los poderes institucionales del Estado, reconocían que sus decisiones estaban determinadas por la opinión de su obispo de cabecera. Célebres fueron los planteamientos en ese sentido de un senador socialista ¡que se opuso a la ley de divorcio!, o un miembro del Tribunal Constitucional que votó contra la entrega de la píldora del día después en los consultorios públicos, por indicaciones de su obispo.





Demás está decir de la influencia de la Iglesia Católica en las instituciones armadas, donde consideran a esas instituciones del Estado en verdaderos apéndices de la institucionalidad religiosa.  El Obispo general castrense tiene más poder que cualquier obispo diocesano, y ni siquiera responde a la estructura jerárquica de la iglesia, ya que depende directamente del Vaticano.





La influencia religiosa en el gran empresariado es determinante. Ya sea por el poder de sus esposas o por los ámbitos en que se realizan los grandes negocios, los grandes empresarios chilenos tienen una tremenda afinidad con  los sacerdotes y obispos que se vinculan estrechamente al poder económico. Prueba de ello es que la Parroquia de El Bosque, donde tenía su centro de poder el cura Karadima y la Pía Unión Sacerdotal, que lideraba en forma muy pragmática, tenía una ventajosa relación de intereses con grandes empresarios. Uno de ellos, vinculado a uno de los grupos económicos más poderosos del país - los Matte -, incluso ejerció presión sobre el Fiscal Nacional Sabas Chahuán, a favor del mencionado sacerdote.





Para algunos chilenos, los hechos recientes parecen ser sorprendentemente abruptos. Pero, ya había una historia previa. De hecho, el obispo que organizó la visita del Papa Juan Pablo II, hace más de veinte años, hace ya varios años fue sacado discretamente de Chile cuando surgieron antecedentes pedófilos en la arquidiócesis de La Serena, donde se desempeñaba.





Desde luego, como ha ocurrido en otros países, la conducta de la jerarquía ha sido tratar de encubrir el tema. Hace unos días el cardenal Errázuriz ha sido increpando públicamente por una de las víctimas del cura Karadima, que lo calificó de criminal encubridor. Una monja superiora de la congregación de las Ursulinas ha sido abruptamente enviada a Alemania, bajo sospechosos procedimientos encubiertos.





La investigación ordenada por El Vaticano, que terminó confinando al cura Karadima a un retiro religioso, es de interés de la jueza que ha sido designada por la Corte Suprema para investigar en forma exclusiva este proceso de conmoción pública.  Frente a ello, lejos de colaborar con la investigación, se pone un manto de protección ante la acción judicial de la mano del propio Arzobispo de Santiago, Ezatti, quien ha indicado que si la jueza quiere tener los antecedentes investigados por El Vaticano, debe pedirlos de Estado a Estado.





Y allí viene el peso de la tradición, ya que, desde que el Estado y la Iglesia Católica se separaron en 1925, no se refrendado un Concordato por ambos Estados, y no hay elementos que impidan a un juez concienzudo, procesar a quien sea – por el delito o el encubrimiento - y exigir la información que corresponda, incluso como lo hicieron en Bélgica.  Sin embargo, todos aceptan la condición vaticana de un obispo.  Lo distinto tal vez sea mucho pedir, desde luego, en un país con tanto peso religioso tradicionalista y tradicional.





Sin embargo, en la medida que se coarte la investigación, la crisis de la Iglesia frente al país será mucho mayor, producto del repudio ciudadano ante conductas y acciones que, en definitiva, terminan exhibiéndose como destinadas a proteger a culpables de delitos deleznables. Y esa es otra tradición chilena: el respeto a la ley. De hecho,una encuesta de estos días del diario La Tercera, da cuenta que un 88% de los chilenos cree que la Iglesia ha ocultado información sobre los delitos sexuales.



 



Etiquetas:   Religión

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13 comentarios  Deja tu comentario


ENRIQUE ALVAREZ VALDES, Derecho El tema de la Iglesia Católica, tiene además, la complejidad que dicha institución no puede realizar ciertos cambios a su estructura. Así los sacerdotes no podrían renunciar al celibato. En efecto, los votos de obediencia, castidad y pobreza, tiene un carácter de sumisión a la jerarquía de la propia Iglesia y a la vez, una forma de monopolizar emocionalmente al individuo. El sacerdocio a diferencia del ministerio (como en la Iglesias anglicana y protestantes en general) permite “compartir” al individuo con la sociedad toda. En cambio la I. Católica, centra el ejercicio sacerdotal en la amputación de una parte de la afectiva de quienes toman sus votos. El voto de castidad va de la mano con el de obediencia y junto al ejercicio de la confesión, son la esencia del poder papal. Sin ellos la Iglesia no podría ejercer su autoridad sobre los individuos: sacerdotes, monjes y laicos comprometidos. La confesión es un arma teológica que diferencia a la Iglesia de Roma con la demás, y permite a cada superior jerárquico conocer las faltas de quienes están más abajo en el respectivo grado. Por ello, la pérdida de la autoridad moral del catolicismo traerá como consecuencia un mayor grado de aplicación de los votos sacerdotales. El día que la Iglesia libere a sacerdotes de sus votos y de la posibilidad de confesar, será el término de la misma y sería el nacimiento de una nueva forma de religión políticamente organizada, lo que es impensable teniendo en cuenta, entre otras cosas, la existencia del Estado Vaticano y su administración mundial.


Gonzalo Herrera Guerrero, La Iglesia ha pedido varias veces perdón por los reiterados crímenes de pedofilia perpetrados por religiosos en los últimos años. La última fue la de la Conferencia Episcopal, reunida en Punta de Tralca, que además ofreció sus oraciones y solidaridad con las víctimas. Pero, dice el refrán, a Dios rogando y con el mazo dando. ¿Por qué esta “buena voluntad” y solidaridad no se expresa en una actitud diáfana de investigar lo ocurrido en la Parroquia de El Bosque —abarcando décadas de abusos y a sus encubridores, algunos con el rango de obispos— y de colaborar con la justicia ordinaria, la única llamada a investigar y sancionar crímenes de religiosos y seglares? ¿Por qué, si se expresa la voluntad de colaborar, se acude al burdo recurso dilatorio de poner en custodia del Vaticano la investigación realizada en Chile, de manera que el conocimiento de esa indagatoria por la jueza González deba ser solicitado a través de un exhorto como asunto de Estado?

Sería mucho más fácil para la Iglesia recuperar parte de su credibilidad y convencernos de la sinceridad de su pesar si permitiera y alentara a sus miembros, aquellos que fueron testigos cercanos de los abusos de Karadima, de entregar todos los antecedentes y las implicaciones de connotados fieles de ese círculo.

Efectivamente aquí se pone en juego la independencia de un poder del Estado, y de éste en su conjunto, frente a la Iglesia Católica. De acuerdo a la ley, ningún funcionario deberá tomar decisiones en el cumplimiento de su deber atendiendo a sus creencias religiosas.

Se supone que el Estado Laico, entre otras cosas, es aquel en que la confección de las leyes y su aplicación no están sujetas a ninguna iglesia, confesión o credo religioso. Pero, como dice Sebastián, en nuestro país, y en general en América Latina, la jerarquía eclesiástica no para de intervenir —no sólo con su opinión, lo que sería legítimo— en las funciones propias del Estado y en la discusión soberana con


Sergio Rozas O, La iglesia Católica, al igual que otras instituciones religiosa, teosóficas, filosóficas, iniciáticas o de cualquiera naturaleza que pretendan erigirse como paradigmática en su propuesta de verdades fundamentales, tiene sus propios cánones, principios y privilegio de valores. El tema es que cada quien es libre de adscribir los postulados de una u otra. Como instituciones, cada una, merecen cuando menos el respeto de la sociedad culta e informada. Otra cosa, muy diferente, son las personas que las integran. Como puede ocurrir en cualquiera otra institución, la iglesia católica chilena se encuentra invadida y cautiva de una cúpula que no se condice con la moralidad que la institución propone. Lo que se debería espera, en mi modesta opinión, es que la jerarquía vaticana reaccionara con mayor vehemencia e interviniera esta iglesia en que se enseñorean las malas prácticas, por decirlo suavemente. Esperar también que los tribunales de justica competente actúen haciendo caso omiso de la condición clerical de los delincuentes que atentan contra la integridad sexual de menores de edad, hecho que por sí solo aumenta la gravedad de las acciones. También debiera esperarse que la oligarquía nacional tuviera La voluntad de tomar distancia y no asumir defensas corporativas de lo indefendible. Por otra parte es sano para la nación que la sociedad en su conjunto condene los delitos sin considerar si el delincuente viste o no sotana. Creo que el debate abierto de este tema, propuesto por Sebastián Jans, contribuye a agregarle valor a un dialogo que es de suyo ineludible.


Ernesto Alejandro Galaz Cañas, Derecho Sebasián, este tema interesa a creyentes y no creyentes, por lo tanto es de suma importancia darle el contexto que realmente tiene:
En primer lugar los hechos denunciados constituyen delitos de pedofilia, delito que en la totalidad de los ordenamientos jurídicos se sanciona con penas severas.
En segundo lugar fuerón delitos cometidos por personas en las cuales estos niños, a la época de los hechos, depositaron su confianza.
Tercero se trata de personas que abusaron de su condición de ser guía espirituales.
Cuarto, la iglesia catolica como otras instituciones cumplen un papel etico y moral en la sociedad,
Y quinto en nuestro país nadie puede estar por sobre la ley, por lo tanto estos delitos deben ser juzgados por los tribunales chilenos y se be aplicar nuestra legislación, independiente de las sanciones que puedan emanar de cualquier otro tribunal que no tendrá mas que un valor sansionatorio moral.

Siendo así las cosas no cabe mas que hacer una reflexión hacerca del porque este tipo de conducta se dan en instituciones que tienen tanta tradición ética y moral en nuestra sociedad y en buena parte del mundo. Quizas las causas debemos buscarlas en aquellos temas que la iglesia catolica ha rehuido permanentemente discutie en su seno, como lo es el celibato y la concepción que de la mujer tiene el Vaticano. no son pocas las personas que profesan esta religión y que desde hace mucho tiempo estan pidiendo un "agiornamiento" de la doctrina oficial de la iglesia católica, incorporando otros temas valoricos de actualidad.


Jorge Zeballos Stepankowsky, Periodismo Me referia a que no es comodo (fácil) comentar en este reeditor.com , demoré como 5" eninscribirme y luego llegar al artículo de nuevo.




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