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El ocho y el infinito


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17/06/2012


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No es necesario ser un erudito en materia de notaciones matemáticas para darse cuenta de que el símbolo del infinito es un ocho acostado (hablando en lenguaje coloquial). Esta analogía matemática es una herramienta gráfica de bastante utilidad para establecer una parábola entre el reciente discurso del presidente del Gobierno y la realidad que sopla desde Europa.






Al preguntársele sobre las presiones recibidas para aceptar el fenomenal crédito con condiciones igualmente fenomenales que juró que nunca pediría, tuvo la bravura y la casta de decir ab imo pectore que era él y sólo él el que había presionado, perpetuando el mito ibérico de algunos parroquianos de bares que presumen de hazañas amorosas que sólo tuvieron lugar en su imaginación. O lo que es lo mismo, el señor Rajoy comenzó la jornada chulo como un ocho y, pocas horas más tarde, el señor Durao Barroso le tumbaba el ocho de la chulería convirtiéndolo en un infinito, como infinito fue el ridículo que resultó de la situación.





Que España pinta poco en la actual Europa es notorio para cualquiera (no culpo al PP de ello ni muchísimo menos, esto viene “de viejo”), pero la actitud y el discurso sobrado del actual gobierno está haciendo que en Bruselas, donde se aplaudían las reformas llevadas a cabo, se empiece a notar cierto mal humor con el país, por no hablar de la mofa y befa que se refleja en la prensa internacional donde se representa a un Mariano Rajoy quijotesco y cantinflista salido del chiste del “Titi”, ese que nunca se cae; se tira. Y es que uno siempre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, miren ustedes si no la cantidad de comentarios satíricos y burlescos que hubo con los famosos “brotes verdes” de la ministra Salgado que derivaron en el convencimiento interiorizado de gran parte de la gente de que, tan sólo con el cambio de gobierno, todo iba a cambiar e íbamos a resurgir cual Ave Fénix de sus cenizas y la crisis sólo iba a ser un mal sueño.





Pues no, no es un mal sueño, es una crisis en toda regla y no, no es un crédito, es un rescate con un antifaz para que no lo reconozcamos. Un antifaz de esos que llevaban los ladrones en los tebeos antiguos. Ya saben; ladrones, banqueros,... todo queda en casa.





















Hugo Roig Montesdeoca, escritor y miembro del PSOE de Telde. 





Etiquetas:   Crisis Económica   ·   Partidos Políticos

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