Estoy cansado de escuchar a muchos padres y madres que cuando hablan de la adolescencia lo hacen en términos negativos, dramáticos y hasta catastrofistas. La suelen definir como una etapa en la que tenemos que sufrir (y no disfrutar). Como suele repetir Javier Urra “hoy en día dices que tienes un hijo adolescente y te dan el pésame”. Yo no iré por este camino. Me gustaría ofrecer en este artículo una visión completamente diferente y animosa de esta maravillosa etapa. Una etapa que también se puede (y se debe) disfrutar.




