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Rechazo contundente a la violencia politica


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15/06/2012

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Confesiones.


 

Rechazo contundente a la violencia.

 

La competencia, del tipo que sea provoca rivalidad, eso es precisamente lo que la vuelve atractiva, la posibilidad de desarrollar las aptitudes o habilidades propias para conseguir ser mejor que el oponente, respetando las reglas del juego establecidas y que eso se refleje en el resultado.

Evidentemente el ámbito de la actividad política es propicio para el desarrollo de estas situaciones, más allá del contenido y fondo, por la simple competencia, que en este caso y en las condiciones actuales ha favorecido la sensación individual de participación.

El simpatizante asume que en su calidad de elector, aun sin formar parte de una estructura formal, es parte integrante de la determinación del resultado, sin embargo bajo la perspectiva del valor de su voto, visto como individual, muchos de ellos se convierten en activistas desde su propia perspectiva.

Esto de alguna manera se va transformando en militancia, porque a partir de la convicción propia, la persona intenta convencer a los demás de las bondades de su proyecto y naturalmente en la comparación sobre poniéndolas a las de los competidores.

El ejercicio como tal genera en el activista o militante la idea de que su esfuerzo personal se constituye como herramienta del triunfo de su causa, sin omitir que en muchos casos esta situación alcanza niveles laborales.

Los partidos políticos en México, cuentan con estructuras propias a sueldo para realizar actividades de proselitismo y a partir de ellas incluso, dependiendo del desempeño y los resultados, se pueden lograr posiciones en el gobierno.

Mientras más aumenta la relación y el establecimiento de compromisos, la integración de estos activistas supone la posibilidad de mejorar las condiciones económicas y laborales personales, de tal suerte que en la competencia política a diferencia de otras actividades, hay mucho más de por medio que una simple afición.

Lo anterior provoca el desarrollo de un interés superior, lo que se juega de por medio es mucho más que la simpatía por una causa, en México es un argumento de superación que implica eventualmente escalar y obtener posición económica y social.

Siendo así, la participación trasciende las reglas de convivencia y favorece la intolerancia porque ya no se trata de trabajar para convencer sobre propuestas, sino de imponer para conseguir el objetivo.

Eso es precisamente lo que hemos visto en esta campaña presidencial, una necesidad avasallante por cooptar voluntades, eso en un marco de competencia ha favorecido el enfrentamiento.

Lamentablemente eso provoco polarización y embates que además van en aumento, transformándose en odios que en algunos casos se traducen en violencia física.

Se pierde la capacidad de persuadir con argumentos y eso se intercambia en la descalificación y las amenazas como forma de proselitismo, el entusiasmo se convierte en vehemencia y eso solo conduce al rompimiento.

Los temas de fondo, las propuestas relativas a los programas de gobierno pasan a un segundo plano y lo que se privilegia es el ataque personal, en este caso primero hacia los candidatos rivales y últimamente entre los propios militantes y activistas.

Desgraciadamente porque no hay otra forma de verlo, gran cantidad de medios de comunicación a su vez decidieron de acuerdo a sus intereses económicos, utilizar su cobertura e influencia para apoyar también a fuerzas políticas especificas.

Al hacerlo tomaron partido y complicaron todavía más el ambiente, de manera irresponsable se transformaron, de plataformas informativas objetivas en participantes oficiosos, provocando no solo el rechazo colectivo, sino peor aun una mayor crispación.

Muy aparte de perder y mucho en cuestión de integridad y credibilidad, que son los elementos esenciales de los cuales depende su desempeño, se asumieron como parte del ejercicio propagandístico y naturalmente eso ha propiciado corrientes de opinión extraordinariamente grandes en su contra.

Desde este punto de vista el efecto en la sociedad, trasciende a las preferencias hacia los candidatos y sus partidos políticos, para volverse una querella en contra de las empresas de medios de comunicación aludidos.

Hoy muchas de las manifestaciones sociales no están orientadas en contra de los candidatos, con todo y que ninguno se salva de ello, y aun cuando así pudiera parecer, la molestia real es contra la manipulación que estas empresas tratan de imponer.

Esto puede resumirse en que las antipatías a los candidatos, no necesariamente sean solo producto de su pasado personal o de los partidos de los que forman parte, sino una forma de contrarrestar la posición de los comunicadores. No se trata solamente de quien va a ganar la elección, más bien de derrotar a esos conductores y columnistas.

Algunos de ellos encausan su opinión para quedar bien con los candidatos de su preferencia no con el público, no les interesa ser objetivos porque su mensaje va dirigido única y exclusivamente a sus patrocinadores.

Esto es lo que ha dado pie a que la discusión se enfoque más hacia estas actitudes que hacia las propuestas de los aspirantes presidenciales, en vez de contrastar ideas el análisis se concentra en las descalificaciones.

Naturalmente esto conlleva a que el espectador se contamine con asuntos que distraen la atención de los objetivos primarios, la guerra sucia generalizada se orienta a lesionar, lo que da como resultado que los simpatizantes más activos, en las redes sociales por ejemplo cuenten con mucho margen para replicar esos ataques.

Durante muchos días a lo largo de la campaña, ha trascendido más este aspecto, los combates entre activistas, incluso por encima de la información de las actividades de los candidatos.

Ahora bien, considerando que la rivalidad entre simpatizantes está cobrando un nivel muy peligroso, los mismos candidatos, al menos Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, han entendido el riesgo social que eso significa y han moderado considerablemente su actuación al respecto.

Sin embargo parece que la dinámica ya no depende solamente del comportamiento y la mesura de los aspirantes presidenciales, que hay que decirlo a últimas fechas, lo predican con el ejemplo,  porque la efervescencia que se vive entre los militantes incluso no respeta el llamado a la cordura de los candidatos.

Bajo esa perspectiva tendrá que ser la gran mayoría de la sociedad, la que rechacé el insulto y la violencia y la que privilegie las propuestas como mecanismo para diferenciar cual es el proyecto que cree más conveniente para darle su voto, la que resista estas pautas de rompimiento.

Porque está claro que los mexicanos no queremos más agresiones, ya bastante tenemos con el flagelo de la inseguridad como para dejar que el fanatismo político establezca que las condiciones de la convivencia se diriman a través del enfrentamiento y la provocación.

Porque está claro que quienes la promueven persiguen objetivos individuales, una necesidad de notoriedad que se acompaña de la ambición de escalar peldaños en las estructuras de sus partidos para lograr mejores posiciones económicas para ellos, sin importar el daño que provocan.

Lo que buscan ante su incapacidad de lograrlo por otros medios, es hacerse atractivos ante sus superiores jerárquicos, atacando y denigrando aun y cuando eso se vuelve en contra de la causa general.

Estamos a punto de decidir quién será el próximo Presidente de la República, pero también es un momento extraordinario para determinar el futuro de la convivencia social, no solo se trata de escoger un sistema de gobierno, sino de sociedad.

Rechazar la violencia es una responsabilidad que nos corresponde a todos, de donde venga y a quien esté dirigida, dejar que esta siga desarrollándose es permitir que crezca y nos rebase.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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