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¿Embalsamos o no embalsamos?


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13/12/2010


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Recientemente, James Cameron, el mismísimo director de la película Avatar, se unió a las protestas en Brasil en contra de Hidroeléctrica Bello Monte, que se convertiría en la mayor central eléctrica del mundo. El proyecto había sufrido una enorme oposición ciudadana por sus efectos medioambientales, lo mismo que antes había sufrido anteriormente el proyecto de las tres gargantas en China por parte de la comunidad internacional, claro, pues allá la oposición interna se maneja con métodos creativos.

 

En Chile, existe un debate similar en torno al polémico proyecto Hidroaysén que está impulsando una filial de Endesa. El emprendimiento consiste en la construcción de cinco centrales hidroeléctricas de embalse en la Patagonia, cuya energía sería transportada hasta Santiago mediante una línea de transmisión de 2.000 km de longitud. En total, suman una potencia de 2.750 MW (un cuarto de lo de Bello Horizonte, pero sigue siendo inmenso). Hay varias asociaciones ciudadanas que se oponen al proyecto, incluso la poderosa ONG estadounidense NRDC del mismísimo Robert Kennedy Jr. se ha involucrado en el asunto. Pero merece la pena dimensionar también la alternativa a este proyecto, lo que aquí se intentará sin negar ninguno de los impactos imputados a Hidroaysén.

 

Indudablemente proyectos de esta envergadura generan impactos importantes, como inundación, la cicatriz que significa la línea de transmisión, emisiones de dióxido de carbono asociado al metano liberado por descomposición de la materia vegetal, etc. Sin embargo, es erróneo evaluar sólo los impactos del proyecto sin considerar la alternativa. Si no se desarrollan estos proyectos, el consumo energético seguirá creciendo, salvo que milagrosamente de la noche a la mañana todos asumamos costumbres saludables como ir en bicicleta al trabajo, bajemos el aire acondicionado en la oficina, aislemos térmicamente nuestras viviendas, cambiemos nuestros hábitos de consumo, etc. En consecuencia, si no se concretan los proyectos, su lugar será ocupado por otros. Uno de los puntos más repetidos por parte de las ONG es que esta energía se podría sustituir con energía eólica, solar y pequeñas centrales de pasada. Más allá de lo que esto representa en costes, la afirmación es efectiva. ¿Cómo resultaría tal proyecto? Veamos.

 

Hidroaysén aportaría 18.430 GWh al año (para los amigos ajenos al tema, GWh es una medida de energía, que es el producto de la potencia en MW por las horas efectivas de generación, y ese es el dato relevante). ¿Cómo se obtiene esta energía alternativamente? Analicemos primero la energía eólica. Si suponemos la instalación de aerogeneradores de 3 MW (que son los mayores con probada trayectoria operacional), y suponiendo un generoso factor de planta de 27% (porcentaje de la generación máxima teórica que alcanza la máquina en un año; el mayor factor de planta alcanzado por los parques eólicos instalados hasta la fecha en Chile es 26%), se requiere 2.600 de estos mastodontes que llegan a los 165 m de altura. Esto implica que en parte importante de la costa chilena, siempre habrá uno de estos aparatos a la vista (dadas las características geográficas y de viento, esa es la ubicación preferida en Chile. Ni hablar de offshore por los costes).

 

Si en cambio se desarrollan centrales de pasada de 20 MW (el máximo tamaño para que sean consideradas renovables de acuerdo a la ley chilena), y considerando el factor de planta promedio de 55% que éstas logran, se requiere casi 200 (¡¡!!) de estas centrales. Si cada una requiere en promedio de 30 km de líneas de transmisión y se logra compartir una línea entre dos proyectos, nos encontramos con 3.000 km de líneas. Para los amigos con déficit atencional, recuerdo que en el segundo párrafo hablamos de la oposición que genera una línea de 2.000 km.

 

Finalmente, si se opta por la energía solar, consideremos el dato que la planta Solnova 1 de Abengoa Solar en Sevilla genera 115 GWh al año ocupando 115 hectáreas. O sea, habría que intervenir 18.430 hectáreas del prístino desierto de Atacama. En el caso del proyecto de Hydroaysén, los embalses ocuparían una superficie total de 5.910 hectáreas, de las cuales aproximadamente 4.000 son adicionales (el resto es la superficie de los ríos existentes). Y en ese caso, se requiere una línea del orden de 1.000 km de longitud para traer la energía a Santiago desde la abundancia solar del norte.

 

Sin embargo, lo realista, dados los precios de las tecnologías y la inexistencia de subsidio a las energías alternativas en Chile, es que se desarrollen centrales térmicas a carbón, que son las más económicas. De acuerdo a estimaciones disponibles en el sitio web de Patagonia sin represas, los cinco embalses de Aysén producirían cerca de 3,8 millones de toneladas equivalentes de CO2 producto de su contrucción, cambio de uso de suelo (lo que incluye la emisión por descomposición de vegetación), materiales y operación a lo largo de toda su vida útil, estimada en 55 años. Las centrales térmicas requeridas para sustituir Hidroaysén emitirían seis veces esa cantidad al año, y más de 300 veces a lo largo de su vida útil.

 

Entonces, volviendo a los embalses, ¿son malos? Ambientalmente, sí. Toda intervención humana genera impacto. Pero mientras nuestras costumbres, nuestro estilo de vida, el crecimiento económico, nos impulsen a consumir cada vez más, requeriremos cada vez más energía. Y mientras eso sigua así, la pregunta sobre el bien y el mal pierde legitimidad. Lo que debemos preguntarnos es cuál es el mal menor.











Por Renato Valdivia, desarrollador de proyectos de generación eléctrica y Director de Central Energía, plataforma de información, estudio y discusión de energía y mercados eléctricos.











Etiquetas:   Energía   ·   Hidroaysen

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13 comentarios  Deja tu comentario


Renato Valdivia Arias, Ingeniería Industrial a y no es indispensable, estoy de acuerdo. Pero no se puede pasar por alto la magnitud del proyecto y de la energía que aporte, que es una inmensidad. Se pueden tener opiniones divergentes, pero en esencia se está evaluando si es preferible Hidroaysén o 7 centrales a carbón.
6)La energía nuclear no es un competidor directo de Hidroaysén considerando el cronograma. Los tiempos que se requieren para implementarla sugieren que los 5 embalses estarían operativos antes que entre la primera unidad nuclear, si es que se opta por esa tecnología. O sea, de no hacerse Hidroaysén, sería suplida por unidades a carbón, las nucleares serían en cualquier caso posteriores.


Renato Valdivia Arias, Ingeniería Industrial Hernán
Agradezco tus comentarios y comlemento:
1)El artículo no desarrolla sólo el tema de las emisiones de CO2, también se considera los sistemas de transmisión y uso de superficie. Podría agregar una variable económica: considerando una inversión combinada de 7.000 millones de dólares entre línea y embalses, Hidroaysén sería capaz de generar a 45 USD/MWh, lo que se compara muy favorablemente con los 80 de una central a carbón. Pero justamente el espíritu del artículo era analizar alternativas si la variable económica no fuera relevante, para no descartar de plano a las ERNC.
2)No estoy de acuerdo con el argumento del porcentaje relativo de Chile en cuanto al total global de emisiones de gases de efecto invernadero. Bajo esa lógica todos se podrían eximir. Un estadounidense podría aducir que el aporte de su estado es insignificante comparado con Texas, un tejano que el aporte de su localidad es insignificante frente al de Houston, etc. La medida que vale son las emisiones per cápita, y en ese sentido Chile no está tan bien posicionado considerando su desarrollo relativo, y la trayectoria que está siguiendo esta variable situaría a Chile por encima del promedio de la OCDE antes del 2025, lo que implica una desventaja relativa en términos de carbon tax (a contar de este año, ya entró en vigencia la ley Grenelle en Francia), o sea, si es un tema del cual haya que preocuparse.
3) Lo de la nueva norma de emisiones es efectivo. Es una gran noticia, pero como tú bien dices, hay un gran avance en materia de contaminantes locales, no así en cuanto a contaminantes globales (CO2).
4)El carbón es y será fundamental en el desarrollo de la matriz eléctrica chilena por varias décadas al menos. Con la nueva norma, se desarrollarán con mejores estándares en tecnología de mitigación, pero seguirán impactando la huella de carbono de la misma forma en la que lo venían haciendo.
5)Hidroaysén efectivamente es un proyecto más, no es la única alternativ


Hernán Ulloa, Me parece que la columna no desarrolla justamente el punto central de la discusión, la comparación de las alternativas "reales", embalse vs carbón. Encuentro un error significativo comparar el impacto de ambas alternativas sólo considerando las emisiones de CO2 de cada una (que como sabemos corresponden a un problema global con efectos a largo plazo al que Chile contribuye en un mínimo %).

Como se sabe el gobierno se encuentra por promulgar una estricta normativa de emisiones (locales, esto es MP, etc que afecta directamente la salud de la población) para las centrales termoeléctricas (carbón), reduciendo fuertemente las emisiones de contaminantes locales de aquí a 5 años, minimizando su efecto sobre la salud de la población y el medioambiente.

Considerando lo anterior, no resulta descabellado plantear un desarrollo en base a carbón (la central Castilla es suficiente para reemplazar a HidroAysén) ya que los efectos sobre la población estarían sumamente acotados debido a la existencia de la nueva normativa y existe la posibilidad de que en un plazo razonable (digamos 30 años) la central pueda desmantelarse y reemplazarse con ERNC cuando esta sea realmente competitiva, mientras que el daño producido por HidroAysén es permanente e irreversible.

Finalmente hay otra cuestión quizás más importante en discusión. Plantear a HidroAysén como LA alternativa/solución para obtener energía para Chile es falso, ya que este proyecto aportará sólo parte de la energía necesaria y será necesario igualmente desarrollar nuevos proyectos para suplir la demanda. En una mirada de corto plazo claro que es una solución, pero en el largo plazo no resuelve el problema. Me extraño justamente que no incluyeras en tu análisis una alternativa que soluciona el problema en el largo plazo, es competitiva, no emite contaminantes locales ni CO2 y es segura y confiable: la ENERGÍA NUCLEAR.




María José Undurraga Edwards, Psicología Perdón, me falto algo respecto al comentario anterior, con campaña de MKT más fuerte hacia la opinión pública me refiero a campañas basadas en la información respecto a la comparación entre energías ( lo que plantea Renato pero más simplificado para poder hacerlo más masivo) y no a la campaña Chile a Medias, la cual me parece una campaña como su nombre lo dice muy a Medias, ya que no generará simpatía hacia el proyecto ( la gente entiende que si se consume energía se necesita generar más energía, lo que no comprende es por qué hay que hacer una central hidroeléctrica y no usar otros tipo de energías menos dañinas a nivel ambiental)


, Excelente Columna Renato! muy clara, sobre todo para los que no nos manejamos muchos en términos ingenieriles y eléctricos.
En el pasado me tocó interactuar con Hidroaysén, por lo que había visto (en folletos y otros) la comparación que tu señalas en cuanto a impacto, eficiencia y costos (pero no de manera tan completa).
Es por eso que, desde mi completa ignorancia, me llama la atención el tímido MKT masivo y entrega de información que ha realizado Hidroaysen a la población general respecto a sus "ventajas" ( o falta de alternativas viables al proyecto considerando la realidad nacional).
Si bien han habido atisbos de campaña, llama la atención que no ha sido desarrollada con mayor fuerza, sobretodo considerando lo "absorbente" a nivel de opinión pública que suelen ser las campañas ambientalistas, como Patagonia sin Represas.
Seguramente tendremos mayor información y Mkt cuando se inicie el proyecto propiamente tal, en caso de ser así, pero mientras mayor tiempo pase claramente mayor será la oposición y los imaginería popular que se creen en torno al proyecto.





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