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XXIX. Una justicia sin credibilidad, no es Justicia


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14/06/2012


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Últimamente vivo en una permanente confusión de los conceptos; a decir verdad, quizá lo confuso sea esta extraña realidad de un país que muestra las grandes mentiras sostenidas durante treinta años y que ahora están al descubierto, como si el destino marcara el fin de una falsedad aceptada institucionalmente. No creo en la España de hoy. Sí creo en la nación que debió ser pero sus gentes, las especialmente visibles y respetadas, me suponen un descrédito fehaciente avalado por las obras que pretenden encubrir.






Los conceptos se me convierten en auténticas mezclas de significados ambivalentes. A propósito de la Justicia eso de lo supremo me significa lo ínfimo y el juez lo asocio al delincuente. Tal confusión de conceptos me inclina a pensar que la Justicia en España es una gran falacia que nos obligan a aceptar, pese a las sospechas de corrupción que conllevan las togas en estos momentos en que debería avergonzar pertenecer a la judicatura.





http://www.libertaddigital.com/nacional/2012-06-13/divar-convoca-un-pleno-extraordinario-el-jueves-21-de-junio-1276461191/





Leyendo estas noticias -y al margen de la persecución política de tramposos acostumbrados a la demagogia y que buscan perjudicar a Dívar-, muchos poseen la impresión de que aquí trincan todos, además de beber del sectarismo político.







Significativo es que 11, simples en número, magistrados del Supremo, exoneren de culpas a Dívar, cuando los ciudadanos están recogiendo 50.000 firmas para que dimita. Se nota el corporativismo a ultranza; el problema es que la gente de la calle no aguanta más y en ese hartazgo están por rebelarse de manera ya muy visceral.







Mi propia experiencia personal me inspira repugnancia cuando pienso en los tribunales. Algún día explicaré cuánta. Jueces esperpénticos, abogados indeseables que se aprovechan de las tragedias para lucrarse ilícitamente con toda clase de triquiñuelas legales; letrados que van a la pela con la ley del mínimo esfuerzo y ni gastan los saludos con el cliente al que representan ensoberbecidos de vanidad e indolente autosuficiencia. Hablaré sobre lo que me asquea de algunos jueces que el pueblo no duda en decir que son de mierda. Me dará nauseas pensar en lo que pudo ser lo profesional en la honradez, para al final denunciar la realidad nefasta de togas embutidas en impresentables.  No existe Justicia pero sí demasiado respeto por quienes no merecen administrarla. Existe miedo, temor al abuso incoherente de jueces desquiciados, inmorales, plenos de corruptelas favorecidos por dineros ocultos. No existe Justicia sino un simulacro de dignidad que convierte en incoherente el propósito de lo justo. Existe un fingimiento de orden digno  y algunos jueces se posicionan solos como  inmundicia que asola a la sociedad, desprotegida ante alimañas sin deber honesto que cumplir. Estamos desprotegidos.





Afortunadamente también por experiencia puedo admirar a jueces verdaderos, dignos, honrados, paradigmas de rectitud, pero son excepciones que cumplen la regla. Muchos jueces se ganan a pulso un odio de la gente que antes admiraba los criterios de la Justicia. Sus obras los han definido y rasado a la bajeza de las múltiples sospechas.







Algo falla si los ciudadanos de bien temen a los jueces o los aborrecen.







José María Ruiz-Mateos, después de un suplicio imperdonable que supuso el saqueo injustificado de su patrimonio, la persecución y la indefensión brutal, a veces ha declarado no creer en la Justicia. En ocasiones se ha pronunciado sobre lo que le parecen algunos jueces al tener la certeza de que estaban bien untados para dictar sentencias amañadas. No son pocas las togas que se han puesto al servicio del demonio  para dejar desprotegido a quien solo pedía ser justamente juzgado para tener la oportunidad de la defensa.





El tiempo dio la razón a Ruiz-Mateos, ganando en la Audiencia Nacional aquello que durante décadas defendió como era su inocencia y el atropello criminal de un gobierno de facinerosos que vivieron muy bien especulando con el crimen de la expropiación. Cuando se sentenció la injusticia y se acordó un pago indemnizatorio sobre la expropiación de Rumasa, la Justicia se convirtió en morosa a conveniencia demorándose todo trato de un justiprecio sobre el conjunto que asciende a 18.000 millones de Euros o unos tres billones de las antiguas pesetas.





En tanto, después de la traición bancaria que Emilio Botín practicó contra Nueva Rumasa- antes con Otaysa y ahora con Repsol-, José María Ruiz-Mateos es perseguido por la misma Justicia que le adeuda 18.000 millones de Euros en connivencia con el Estado. La hipocresía del Sistema es así pero hay que pasar por ese rodillo que todo lo tritura para saber quién es quién en este país arteramente falso.





Recuerdo de joven una empresa de artes gráficas que regentaba mi padre. Allí se realizaban trabajos para la Caja de Madrid- la estafadora causante en origen de la estafa de Bankia- que se entregaban puntualmente:  impresos de toda índole y el catálogo de subasta de joyas que mensualmente se editaba.





Entonces había un tal señor Berdonces que demoraba los pagos por trabajos realizados, en tanto presionaba para que la empresa cumpliera con los créditos concedidos. Dejaban de pagar durante meses, los sinvergüenzas de Caja Madrid, , retrasando los pagos que estrangulaban la empresa mientras obligaban al cumplimiento de los plazos con la entidad financiera. De este modo cobrar era un suplicio agravado con el agobio que se imponía por parte de los mismos morosos. Ciertamente, eran unos hijos de mala madre que martirizaron a un empresario honrado con tretas propias de estafa.





Hoy en día el patrimonio de Ruiz-Mateos y su Familia está siendo embargado presurosamente y de manera inversamente proporcional a la lentitud con  que la misma Justicia ha demorado, durante treinta años, toda responsabilidad adquirida sobre el crimen de la expropiación de Rumasa. Aquel 23 de Febrero de 1983 se tomó al asalto todo el Holding, a punta de metralleta, con un tiempo que demuestra que fue una acción delictiva e impune.  Recuerdan estos contrastes a la antigua tortura que consistía en atar de pies y manos a la víctima y dejar que caballos en direcciones contrarias se arrancasen bruscamente para despedazarla.





Los jueces, aun dignos de llamarse así, deberían mirar por los dramas humanos que se multiplican cuando se siguen las consecuencias sin advertir el origen de los problemas.







En mi caso personal, la Justicia fue una pantomima de payasos a cada cual más indeseable. Así lo relato en mi libro de La afilada navaja de Ockham I. Ésta es la España que puede esperar un ciudadano honrado sometido por la Justicia que debería protegerle. Así no es de extrañar que los asesinos de Sandra Palo salgan de rositas después de un crimen demoníaco; que las víctimas de asesinos queden en indefensión; que los verdaderos criminales encuentren un paraíso para sus costumbres delictivas; que sean asesinadas mujeres afectadas de violencia de género completamente indefensas pese a denunciar la situación; que los jueces se cubran unos a  otros sin importarles la imagen de estafadores que forjan sus sospechosos criterios. Que agentes de Policía-inmerecedores de portar tan digna placa-abusen brutalmente de ciudadanos perseguidos por error... En definitiva, que eso de la Justicia quede lejos de un propósito de honestidad, convertido en una intención de oscurantismo favorecido por la imposición.





España es así desde hace mucho tiempo. Es lógico que una democracia basada en misterios ocultos a propósito, no sea la democracia con la que nos han engañado auténticos delincuentes que son considerados grandes hombres de la  patria. Ahora lo descubrimos pero muy seguramente que llevamos viviendo en el engaño toda una vida. Solo hace falta ser víctima inocente de la Justicia y estar advertido de lo falaz para saber verdaderamente el percal que se nos ha ocultado.







La verdadera Justicia no está sobre la Tierra; a diario nos dan ejemplo algunos jueces para tener la certeza , tristemente, de que es así.



Etiquetas:   Corrupción   ·   Justicia   ·   Nueva Rumasa

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