En 1999 en Temuco, Chile, estudiar el chateo como una nueva forma de interacción social llegó a ser considerado como un juego ocioso sin importancia analítica en amplios sectores intelectuales y universitarios. Estábamos habituados a considerar la interacción humana desde un inicio presencial físico directo, mirándonos a los ojos, oliéndonos, palpándonos, escuchándonos, haciendo uso de nuestros sentidos más básicos de percepción. Evidentemente después la relación interactuante podía sostenerse a través de los medios de comunicación requeridos como el teléfono, las cartas, fax, telegrama, etc.




