@font-face { font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }p.MsoFootnoteText, li.MsoFootnoteText, div.MsoFootnoteText { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }span.MsoFootnoteReference { vertical-align: super; }span.TextonotapieCar { }div.Section1 { page: Section1; } La democracia se ha presentado, en algunas ocasiones, como un sistema de gobierno deseable, pues se le ha considerado como el sistema en el que, al menos en teoría, se garantiza la libertad de los ciudadanos. Y es cierto, sin embargo, no quiere decir que no tenga sus complejidades como los otros sistemas de gobierno, y sobre todo, no quiere decir que no lleve consigo algunas contradicciones en sus propios ideales. Lo que siempre se suele olvidar es que en todo sistema de gobierno se cuenta con el factor humano, es decir, con hombres concretos que, como tales, pueden ser inestables y desviarse de los ideales del sistema, alimentando de esta manera las contradicciones.



