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En La Concordia un tesoro, el bosque de La Perla


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02/06/2012


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A partir del terminal terrestre de Guayaquil tomar un bus hacia Santo Domingo de los Tsáchilas, esta vez, fue nuestro mayor acierto: comodidad, velocidad adecuada, cero paradas para recoger pasajeros en el camino y precio módico. Si así fuera siempre, qué bien que marcharía el transporte en el Ecuador. En cinco horas de transitar por una excelente carretera asfaltada y señalizada ya estamos en nuestro primer destino, pero enseguida emprendemos con dirección a La Concordia, cantón nuevo, recién salido de una discordia, pero a pesar de su larga historia, parece que no arranca como se quisiera. Ya en horas de la noche se descuelga una pertinaz lluvia que de inmediato desnuda el principal problema, la ausencia de alcantarillado, que lo inunda todo y se remata con la falta de agua potable, servicios fundamentales para un buen vivir.


El bosque de La Perla es un verdadero tesoro

Esa noche nos recibe en su oficina doña María Cristina Reyes quien nos cuenta sus sueños y propósitos. Hoy administra un enorme edén llamado El Bosque de la Perla, nos solicita que difundamos sus bellezas naturales, pero también que ayudemos para beneficio de la juventud de ese cantón y escribamos sobre su dilatada historia. Mejor propuesta nunca hemos encontrado, de modo que manos a la obra. Comenzamos por lo que el Bosque significa. Documentos proporcionados por ella dan cuenta de que James Whitney, posiblemente a comienzos del siglo XX llega a  Santo Domingo de los Colorados --llamado así entonces-- para posesionarse de terrenos adquiridos legalmente en la zona de Quinindé, en donde vivían ya otros colonos y nativos Tsáchilas en medio de la selva.  En Ecuador James conoció a Suzanne Sheppard con quien se casó y formó una familia, procreando a una hija llamada Sara Lucía, que actualmente es presidenta de la Fundación “Susan Sheppard”, Bosque La Perla. El informe refiere que los Whitney Sheppard compraron al Estado 650 hectáreas, pero, oh sorpresa, debían cumplir con el requisito de talar el 60 por ciento de la selva para dedicarse a labores agrícolas, condición sin la cual no se les otorgaba los títulos de propiedad. Absurdos de la época. En la actualidad se conservan 282 hectáreas de selva tropical húmeda, razón fundamental por la cual Suzanne Sheppard decidió quedarse a vivir en medio de ese paraíso selvático espectacular. Sin embargo, con el paso del tiempo las desilusiones llegaron y la impotencia para vencer la arremetida de los colonizadores que han ido destruyendo poco a poco tan precioso tesoro. Suzanne se dedicó por completo a cuidar y proteger este remanente de selva, pero según se dice, la tarea no ha sido nada fácil. A lo largo de los años tuvieron que enfrentar toda clase de agresiones, como por ejemplo, para el tendido de cables de alta tensión de la que fue INECEL; por el paso del oleoducto transecuatoriano; por la fumigación de bananeras; por las acciones del desaparecido IERAC; por los invasores de tierras, y según se asegura, por parte de personas, asociaciones e instituciones que se han querido aprovechar del precioso ecosistema para beneficios personales. No han faltado personas que han expresado que este pedazo de selva no tiene ningún valor para el beneficio social.

Suzanne fue una defensora tenaz

Refieren que Suzanne tenía actitud drástica para defender la naturaleza y sus especies. Por ejemplo, se sentaba junto a un enorme samán para evitar que las motocierras lo destruyeran y mientras vivió no lograron hacerlo, hasta que cumplieron con el objetivo mercantilista, luego de su muerte. Ella falleció en 2010 y su árbol querido también. Uno de los objetivos del presente reportaje justamente es difundir las actividades conservacionistas y generadoras de investigación y conocimiento en el bosque de La Perla que hasta aquí han pasado casi desapercibidas, la mayor razón es porque ella no aceptaba la divulgación de sus acciones. Ya al final de su vida tuvo dos reconocimientos públicos que se dieron por insistencia de amigos: Condecoración a Suzanne Sheppard por el Congreso Nacional de la República del Ecuador al Mérito “Matilde Hidalgo de Procel”, el 16 de marzo del 2005, por su defensa  y la preservación de la naturaleza, y la Condecoración  del Gobierno Provincial de Pichincha en 2006.

El bosque es una verdadera maravilla

La Perla es lo que queda de lo que fue la exuberante selva tropical húmeda del noroccidente del Ecuador. Son 282 hectáreas declaradas Área Protegida por el Estado ecuatoriano con el Acuerdo Ministerial 318, del 22 de Agosto de 1986 durante la presidencia de León Febres Cordero. Actualmente el objetivo principal de esta reserva es preservar y conservar su ecosistema que se compone de unas mil plantas vasculares o cormofitas (son las que presentan raíz, tallo y hojas y un sistema vascular que se encarga de la distribución del agua y de los nutrientes) por hectárea y un gran número de briofitas. Las briofitas son organismos muy antiguos de gran importancia científica. Se encuentran entre los primeros que ocuparon el ambiente terrestre, clave en la evolución de las plantas terrestres, pero sus ligas con ellas son difíciles de establecer. El ciclo de vida de muchos artrópodos y microorganismos depende de los microambientes de las briofitas; algunas semillas de las plantas vasculares germinan en sus céspedes pues retienen agua y la liberan lentamente. Por esta característica también intervienen en el balance hídrico de los bosques y en la reducción de la erosión en ciertos ambientes. Su eliminación de bosques y selvas podría dar lugar a deterioro ecológico pues también parecen intervenir en el ciclo del carbono y otros minerales. Antes de calificarlos como insignificantes en la economía del hombre, se debe evaluar su papel ecológico y su utilidad como material de experimentación.

En esta selva vive el “pájaro loco” de Walter Lantz

En ese remanente de bosque se destacan árboles centenarios como el ceibo, guayacán, cedro, caña guadua, en fin, y una cantidad enorme de orquídeas y hermosas especies que constituyen un tesoro a nivel del planeta. De la población de especies de animales silvestres ni hablar, en la Reserva representan hoy a la riqueza faunística que tuvo esta región desde épocas inmemoriales. Muchas han desaparecido o se encuentran en estado muy vulnerable.  Se registran 21 especies de mamíferos como una lista parcial. Por ejemplo: leopardos, chimpancés, perezosos, dantas, bellos osos hormigueros, nutrias, varias especies de tucanes,  puerco espín, perros de agua, boas constrictor, saínos, guantas, 16 tipos de serpientes y culebras, variedad de águilas y mariposas, anfibios como sapos y lagartijas en 36 variedades de múltiples colores, caimanes y una gran variedad de insectos. Es un lugar de avistamiento de más de 217 especies de aves. Por allí asoma también el pájaro carpintero, idéntico al famoso “pájaro loco”, seguramente en él se inspiró el célebre Walter Lantz.

Las actividades que realizan en esta Reserva

La Perla no es un bosque muerto para la comunidad ni un recuerdo que está allí simplemente guardado. Es el mejor laboratorio y lugar de encuentro para estudiantes, investigadores, turistas  y científicos de todas partes del mundo. Simplemente es algo maravilloso, que aún se conserva en nuestro territorio ecuatoriano. Allí está y funciona la labor de Educación Ambiental para niños y jóvenes; la investigación ornitológica para científicos (estudio de las aves); la mastozoología (estudio de los mamíferos), el turismo y los deportes de aventura, el excursionismo y extremos. Finalmente, María Cristina, profundamente preocupada por el medio ambiente, la organización, el orden y el bienestar de los habitantes de La Concordia en particular, se esfuerza por difundir esta clase de valores, proyecta con nosotros una enseñanza y estimulación en el campo de la comunicación individual destinada a estudiantes secundarios y quiere que se comience a escribir la historia de este pueblo, lo cual significará para el futuro una enorme motivación social que procure una mejor autoestima y destacada imagen ante el Ecuador y el conglomerado mundial. De nuestra parte como Proyecto Clubes de Comunicación Estudiantil del Ecuador, hemos prometido volver para trabajar en lo que nos compete y es nuestra fortaleza, la juventud. Como manifestamos allá, será un verdadero y gran honor.

César Pinos Espinoza



 



Etiquetas:   Educación   ·   Recursos Naturales

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