Un liderazgo europeo en entredicho dificulta la salida de la crisis. Parte I

A inicios de la segunda década del siglo XX, exactamente en 1911, se produce un hecho que de alguna manera marcó el punto de inflexión en cuanto al equilibrio de poder de las potencias europeas: la cañonera alemana Panther es enviada por el Kaiser a Agadir  (Marruecos) con la finalidad de averiguar cuál era la influencia francesa en África y consolidar una posición para Alemania.

 

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Hasta ese día Churchill estaba convencido que la guerra con Alemania no era inevitable y que sus intenciones no eran necesariamente agresivas. Por lo que sería más conveniente destinar el dinero de los presupuestos hacia otras partidas, especialmente las sociales, dejando de hacerlo en barcos y material bélico.

Pero es este hecho aparentemente aislado, el de la Cañonera Panther, provoca una grave crisis internacional porque la armada alemana planteaba un desafío abierto sobre las posiciones mundiales de Francia e Inglaterra, lo que rompía el equilibrio de poder.

Entonces Churchill cambia de opinión al darse cuenta de que el nuevo escenario hacía que la guerra fuera inevitable, ya que Alemania buscaba una hegemonía y el enfrentamiento sería sólo una cuestión de tiempo.

Pensó entonces que los barcos debían reemplazar el carbón por el petróleo, para que fueran más rápidos y se hiciera un uso más eficaz de sus dotaciones. La estrategia pasaba porque Inglaterra basara su supremacía naval en el petróleo y consecuentemente tuviese el dominio de los mares.

Con esto, Churchill, en vísperas de la Primera Guerra Mundial había captado una verdad fundamental y aplicable no solamente a la conflagración que siguió, sino a muchas décadas del futuro, porque el petróleo ha representado el dominio a lo largo del siglo veinte y aún hoy lo representa.

Churchill fue un intuitivo, se anticipo muchos años y el tiempo le ha dado la razón. Churchill ejerció una de los más importantes atributos del liderazgo: la capacidad de anticipación, que se apoyaba en su poderosa intuición que le permitió ver cuáles serían los escenarios en los que competirían los países en el futuro.

Casualmente, por el petróleo iban a darse una serie de conflictos y guerras y sigue siendo una materia prima primordial para el equilibrio económico del mundo.

¿Se ha perdido la capacidad de anticipación de los actuales líderes europeos?

Cuando los Manuales no dan respuestas a las complicaciones reales y peligros subyacentes de economías desfallecientes como la española y otras de la UE, es entonces cuando debe demostrarse el liderazgo, en otros términos: es dónde siempre surge un líder para un tiempo y circunstancias concretas. Así ha sido siempre y seguirá repitiéndose en el futuro.

Algunas de estas economías europeas exhiben  presupuestos que exceden largamente los déficit que se pueden financiar, y en tal contexto los mercados, a través de sus agentes económicos, buscan sacar mayor tajada por el mayor riesgo que conlleva la financiación de los mismos, reclamando un spread de intereses -que se conoce como prima de riesgo- que resulta ser un componente asfixiante y perverso, difícil de sobrellevar, y máxime porque son asumidos por economías que ya en la actualidad, muestran altos deterioros en sus finanzas públicas.

Podría argüirse que hay evidencias de que algo se está moviendo o elaborando, de forma reservada, porque en las últimas semanas se vienen escuchando voces que abiertamente expresan que más austeridad sin crecimiento, será más perjudicial que si se intenta reactivar con mecanismos no convencionales, sea mediante asociaciones entre el sector privado y el estado o cualquier otra fórmula.

Ahora bien, ¿de dónde debe partirse en el análisis en los estados de derecho modernos frente a una crisis como la actual? Toda nuestra base de pensamiento e incluso conjeturas, se apoya en la evidencia de que los regímenes democráticos no estaban preparados para sufrir estas crisis de solvencia, porque si bien los estados no quiebran en el sentido literal, sus habitantes sufren el terrible flagelo del desempleo, las instituciones bancarias pierden depósitos, etc., y ello perjudica a la población en general. Por tanto, la solución a esta crisis vendrá de la mano de un líder que se anime a poner todo “patas arriba” y mirar el fenómeno desde otro ángulo. La creatividad surge en la mayoría de los casos de la necesidad o de una situación de urgencia, como le ocurriera a Churchill en 1911.

¿Por qué decimos que los regímenes democráticos no están preparados para asumir estas crisis de solvencia de los estados?

Simplemente porque mientras los estados deben corregir las desviaciones en los gastos, los sindicatos, las asociaciones profesionales y demás fuerzas sociales, aún sabiendo que algo se debe hacer, reclaman que el esfuerzo no recaiga en sus afiliados, por lo que pretenden que una sola parte de la población sea la que asuma el problema como propio, sin importar si fueron los responsables de sus desequilibrios.

Y esta no es una posición democrática ni busca repartir las cargas de manera equilibrada y menos, participar mancomunadamente en la solución del problema; se disocian y se constituyen en víctimas de la situación imperante, como si la crisis fuera selectiva; entonces los líderes que buscan negociar una solución con las bases, nunca llegarán a buen puerto, si aceptan que los interlocutores dialoguen bajo estos supuestos como si fueran postulados matemáticos.

En la UE hemos presenciado estas disfunciones tanto a nivel interno de cada estado miembro por las políticas de recortes y austeridad que impone Bruselas, como a nivel de toda la UE cuando no son ya las bases electorales de un país, sino las posiciones de un gobierno o de varios gobiernos –siempre los que mejor saneado tienen su economía- respecto de otros países y gobiernos que aún no han logrado una buena salud de sus sistemas financieros y equilibrio de las cuentas públicas. En la UE, la Europa del Norte frente a la Mediterránea.

Cualquier persona o institución sabe que pueden permitirse tener números rojos durante un cierto tiempo, siempre que la tasa de los préstamos que soliciten para conservar su nivel de vida, sus actividades, su estándar de servicios, sean financiables a mediano y largo plazo, ya que si la tasa de ingresos anuales crece por debajo de las tasas de interés que se asume por deudas, llegará un momento en que habrá capital que no se podrá financiar y es allí donde la prima de riesgo hará imposible el mantenimiento del nivel de vida, del nivel de servicios que preste la institución, etc.

El líder debe tener consciencia del tiempo y del espacio

Así expuestas las cosas, volvamos al liderazgo que debe surgir en estas circunstancias. ¿Podrán los líderes en sus reuniones “secretas” (no todo lo que se difunde vía comunicados es lo que se ha tratado, como es lógico por otra parte), llámese G8 u otras, tener el nivel de convocatoria suficiente, para destrabar la apoplejía mental de ciertos mandatarios que solamente gobiernan para sus reelecciones?

Los líderes verdaderos tienen plena consciencia del tiempo y el espacio que están llamados a ocupar, ya que cuando les preocupa más el aparato partidario y su propia sucesión, debería ser el momento del cambio de liderazgo, porque caso contrario se convierten en algo más parecido a un régimen populista, como hemos denunciado en un anterior post.

Por ello cuesta comprender cómo los líderes actuales de la UE, vienen demorando decisiones trascendentales, caso de los eurobonos y la utilización del mecanismo de rescate como algo automático, para evitar contagios en los mercados que arrancan con un país como Grecia y terminan afectando a economías de otra dimensión, como España e Italia.

Evidentemente cualquier solución pasa por encontrar un camino no transitado hasta el momento. En la UE, un camino rápido y eficaz, para resolver en primera instancia el problema de la prima de riesgo que somete a los estados miembros a tasas intolerables, sería anunciar al mundo que todos los intereses de los bonos de cada estado, correspondiente a las emisiones de deuda anteriores a la superación de la cota acordada como límite del 60 % del PIB de cada nación, que venzan en los próximos 10 años, se convertirán en capital nominal de una emisión de EUROBONOS (deuda solidaria y mancomunada con garantía de los 27 socios), que servirán para renovar colocaciones (futuros a diez años) en caso de que el prestamista decida conservarlos, o para venderlos en los mercados si el prestamista decide retirar el efectivo.

Quedaría para los estados que conforman la Unión, contribuir a pagar los EUROBONOS (cuya tasa no superaría el 2 % o a lo sumo el 3 %), pudiendo entonces renegociar deudas por el resto de los títulos emitidos por encima del 60 % del PIB, de una forma más relajada, más ventajosa a sus intereses, en virtud del nuevo horizonte político de la UE, y sin sentir la presión de los mercados, al desaparecer por unos años el fantasma de la insolvencia y del siempre anunciado rescate.

Es por ello que hablamos de liderazgo; siempre hubo líderes poderosos, que históricamente tomaron decisiones, por ejemplo de ir a una guerra con otro estado, sabiendo las pérdidas en vidas humanas y materiales que ello entrañaba. Pero la decisión no se supeditaba a los manuales de derecho internacional o a las posibles acciones legales que podrían acarrear tal decisión, etc.

En estos casos, los líderes actúan en solitario tratando de discernir cuál sería el mal menor y proceder en consecuencia. A veces, una decisión de esta naturaleza surge de una mesa que comparte el líder (presidente, canciller, etc.) con tres o cuatro generales, lo que indica que no se somete a las bases de la sociedad por algún mecanismo de consenso, el desafío al que habrá que enfrentarse y que cambiará sin duda la vida de todos, física y materialmente. En otros términos: si en vez de la “batalla por la deuda soberana” los líderes europeos se hubiesen tenido que enfrentar a una batalla convencional con movimientos de piezas de artillería, aviones, etc., seguramente que aplicando los mismos tiempos que insumen en las tomas de decisiones en las esferas de poder europeo, la UE ya estaría derrotada y sería víctima de algún ejército invasor.

Fuera del espacio exclusivo de la UE, también observamos ciertos problemas en el liderazgo mundial para asimilar la crisis y anticiparse al futuro evitando más bajas (paro, pobreza, injusticia social, etc.)

¿Podrá ser que el G8 una vez que defina una estrategia válida, no individual sino colectiva, logre consensuar en el seno del G20 los lineamientos de la salida a la crisis económica mundial?

En la última Cumbre del G8 de Washington, Obama insistía en la necesidad de que Grecia permanezca en el euro; al día siguiente, en la Cumbre de la OTAN en Chicago, volvía a insistir Obama sobre Grecia y el euro y que su destino es permanecer como socio de pleno derecho de la UE y en la zona euro. Es evidente que ejerció su liderazgo y que este pasado lunes 21 y martes 23 los mercados estuvieron un poco más tranquilos, porque si no hubiesen descontado que hay una salida a la crisis y un compromiso por el crecimiento, seguramente hubiésemos asistido a un nuevo lunes negro en la UE.

Esta circunstancia que debemos afrontar es como si en una región del globo, una lluvia de meteoritos de gran tamaño, hubiera impactado sobre el planeta, y hubiera arrasado tierra y mejoras. El resto del planeta, que quedó indemne, debería acompañar una salida que de cobertura asistencial a esos pueblos que quedaron huérfanos de todo; pero qué pasaría si cada uno, cuando se sienta a negociar una salida al problema, ve sólo el ajuste de cinturón que debería concretarse en las regiones no afectadas, para contribuir a paliar la crisis del sector siniestrado; evidentemente ese líder que no ve más allá de un día, estaría condenado por la historia y quizás por ser el responsable de una escalada bélica, entre los que pugnan por alimentarse y los que protegen sus stock de materias primas.

Asistimos a una crisis del capitalismo no a su final

Hoy día asistimos a una crisis del capitalismo, que como toda crisis debe dejar una enseñanza; que los sistemas mutan y se acomodan a los tiempos de manera, a veces desordenada y cuando menos, no con la eficacia esperada. Esto es muy diferente a afirmar, como hacen algunos que siempre aprovechan estas circunstancias desfavorables por las que atraviesa la economía y políticas mundiales, para no solamente desacreditar al sistema capitalista, sino para certificar su aparente defunción.

Lo que ha sucedido es que nadie previó que el capitalismo, se hiciera jaque mate a si mismo; siempre habría una nación deudora que cubriría con sus pagos de rentas, los desequilibrios de las Naciones “poderosas” económicamente hablando. Como todo sistema que está expuesto a sucesivas crisis (cambios), sus mutaciones y la adaptación a nuevas circunstancias (nuevos escenarios) no necesariamente se ajustan de manera equilibrada y casi siempre ocurre, que el tiempo requerido para volver a estar en una situación de cierta dinámica de equilibrio, es más largo de lo esperado (por ejemplo la crisis del petróleo del 73 y 75).

Sobre esa base de razonamiento, los estrategas económicos del hemisferio norte (mayormente poblado por economías otrora eficientes y solventes) nunca diseñaron un plan “B” que diera cobertura a sus propias debilidades. Jamás pensaron al inicio de la era de la globalización –allá por los 90- que regiones lejanas del centro del mundo occidental como es Asia-Pacífico, tomasen el relevo en la economía mundial, muy especialmente a partir de la parálisis que se produce en el crecimiento, ya que ha sido el propio FMI, quién por su directora Christine Lagarde, dijera en recientes Cumbres del G20 que los grandes países emergentes serían los responsables de impulsar la economía mundial.

Pero ante esta afirmación sincera, no se vieron otras reacciones de liderazgo efectivo –como hemos venido denunciando desde esta tribuna en los últimos meses- de parte de los líderes europeos, que convencieran a los mercados de que la “Vieja Europa” tenía un problema transitorio, para lo cual había que variar la receta que justamente es la que se ha venido aplicando con el impulso alemán y el beneplácito de la Comisión Ejecutiva y el Consejo Europeo.

Ni Bruselas ni Alemania se han caracterizado por la virtud del liderazgo que es, insistimos, la capacidad de anticipación.

Saber cómo serán los escenarios futuros y qué papel debe jugarse. Entonces si el liderazgo que se viene ejerciendo desde finales de 2011 hasta el presente, ha hecho perder meses y meses con angustias y penalidades que sufren los ciudadanos de los países más expuestos (Grecia, España, Portutal, Irlanda e Italia), es que no ha habido un “liderazgo efectivo” y que no se ha “mirado más allá de un día”.

Entonces, como siempre ocurre, alguien tiene que ocupar y ejercer esa posición de liderazgo que como se ve en Europa, ha quedado vacante. Y tiene que ser como en tantas otras ocasiones Estados Unidos, en este caso las convicciones que hacen de Obama un líder carismático- porque está defendiendo el euro desde América con más ahínco que los propios europeos, caso de Reino Unido, a pesar de que siempre habrá quiénes le critiquen diciendo que la Administración Obama está interesada en que el euro se derrumbe. No hay falacia más grande, porque si el euro se derrumbase –cosa que finalmente no ocurrirá- los primeros afectados serían los países de la órbita del dólar con Estados Unidos a la cabeza.

Los líderes europeos ahora intentan encontrar una solución al problema, como si hubiera un responsable; una nación que hubiera incumplido con pagos comprometidos a sus servicios de deuda, etc., cuando el problema que se debe asumir, implica dar un golpe de timón al rumbo equívoco y comenzar otra fase del capitalismo, que absorba estas premisas como nuevos postulados de cara al futuro.

Que no pasa nada si hay un poco de inflación y que tampoco es el fin del capitalismo si los plazos en los que se terminan equilibrando los déficit son más largos (la obsesión de Merkel y su presión sobre el BCE). Existen instrumentos de política económica suficientes, caso de los planes rectores de inversión pública, como para corregir y no ahondar más en la herida.

¿Aparecerá ese líder que nos explique hacia donde iremos en esta nueva fase?, y nos dé respuestas de ¿por qué nos conviene colectivamente empezar a transitar ese camino que se ha elegido?

Hace algunos meses atrás en otro post sobre liderazgo de este Blog, hablábamos de la VISIÓN que tiene que tener un líder. Sabemos que puede ser inmediata o de mediano plazo, siendo la primera la que influye directamente en la cuenta de resultados (empresa) y en la generación de riqueza agregada de un país (PIB); la de mediano plazo, influye con el mismo común denominador tanto para las empresas como para los países, pero con una diferencia importantísima: la sostenibilidad en el tiempo, porque impacta en la capacidad que tanto empresas y países tienen de generar beneficios (riqueza) futuros de manera estable.

En la inmediata nos peleamos con la coyuntura, con los resultados, con la gestión y la generación de riqueza. Pero la inmediata…que es el presente…es la mediata de ayer.

Por tanto, la toma de decisiones de los líderes que tienen el privilegio de “mirar más allá de un día” debe de estar fundamentada en una estrategia sólida y con buenos argumentos que orientan el camino de la nueva decisión que abordan empresas y países.

La falta de representación del G8 y el error de no haber convocado el G20 el pasado 18 y 19 de mayo en Washington

La población mundial según Naciones Unidas para octubre de 2011 es de 7.000 millones de habitantes, mientras que el PIB mundial según el Banco Mundial para 2010 es de 63 billones de dólares.

Para ver cómo encaja el G8 y el G20 en esta realidad, hemos elaborado el CUADROS I, II y III sobre la base de datos públicos de Banco Mundial, Fondo Monetario y OCDE.

 

 

 

 

Total G20 sin los países del G8 3.381 millones de habitantes

III. El vigésimo miembro del G20 es la propia Unión Europea.

IV. Desentrañemos el G5

El G5 se constituye por los 5 países emergentes más importantes (Brasil, China, India, México y Sudáfrica)

V. Cuánto representan el G8 y el G20 en la Población y riqueza mundial

G8/población total = 883.667.000/7.000 millones =13%

Total G20 sin los países del G8

3.381 millones/7.000 = 48%

G8 + 11 que forman G20 + UE =

883 + 3.381 + 232 de la UE = 4.496

4.496/7.000 = 64%

La población total de la UE que debe incluirse es de 232 (501 -269) porque hay que excluir Alemania, Reino Unido, Italia y Francia ya computados en G8)

PIB UE de los 27 es 14,6 billones

PIB UE sin el G8 (14,6–10,3)= 4,3

 

O sea que cuando se reúne en una Cumbre el G8 más la UE (caso de la Cumbre de Washington de este fin de semana) tenemos como indica el CUADRO III:

 

 

 

El G8 solamente representa un 16% de la población mundial y un 59% del PIB mundial (1.115/7000 = 16%) ( 37/63= 59%), cuando el G20 representa el 64% de la población mundial y una riqueza del 83%

(PIB G20= 4,3 + 32,7 + 15,3 = 52,3% equivale al 83%).

Primera conclusión: una mesa con 8 personas (G8) más 2 personas por la UE (Barroso y Van Rompuy) representan solamente un 16% de la población mundial pero un 59% de la generación de la riqueza, lo que pone de manifiesto la malísima distribución de ésta a escala global.

En cambio el G20 incluyendo la UE representa un 64% de la población mundial y un PIB que es el 83% de la riqueza mundial, con lo que digamos que están casi todos los actores económicos en juego, al menos los que cuentan.

Esta primera evidencia permite observar que si bien el eje del poder económico global se ha extendido a los países emergentes que forman parte del G20, el “viejo orden” de poder político y económico mundial sigue con las coordenadas de siempre. Por ello los países del G5 y del G20 vienen reclamando desde el inicio de la crisis de 2008-2009 una mayor participación en las decisiones en los organismos multilaterales como el FMI, Banco Mundial, etc.

Podemos afirmar entonces, que lamentablemente el “viejo orden del liderazgo” no ha cambiado y poco interés se tiene en intercalar en la mesa de decisiones a los países emergentes que están impulsando la economía a escala global.

La dirigencia mundial reunida en Washington debería haber desactivado al menos por un tiempo prolongado, las dudas de los mercados respecto a que uno de los tres grandes bloques económicos del mundo –la UE-, está en el buen camino y que la crisis del euro y la deuda van tocando a su fin.

No parece ser este el mensaje, a pesar de que como decimos más arriba los mercados han dado una tregua. Pero estamos seguros que aún seguirán las turbulencias, ya que el liderazgo efectivo europeo aún se queda corto y no puede pensar en términos de crecimiento porque hay una anomalía estructural que impide abordarlo: estabilidad presupuestaria y fiscal.

Si prevalece la política de austeridad y cuentas saneadas por encima de la de crecimiento, Europa puede correr el serio riesgo de lo que el Banco Mundial y el FMI han llamado en muchas otras ocasiones para países del TERCER MUNDO: el círculo de la pobreza. La realidad y lo triste del escenario, es que la pobreza se está adueñando de países como Grecia, pero más preocupante aún, casi incomprensible, que lo esté haciendo en un país como España.

 

UNETE



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