Hermann Nitsch, “Aktion 135” y el avión que se estrelló tres veces



 

vertida, y no por haber recibido el título Honoris Causa del Instituto Superior de Arte (ISA), sino porque en esa misma institución llevó a cabo una de sus controvertidas acciones plásticas.

Se trató de “Aktion 135″ un espectáculo que, según define un artículo publicado en Cubadebate; es de “corte primer mundista que impone el hegemonismo cultural de Occidente, donde, también es cierto, se ha ganado la aversión de ecologistas y sociedades protectoras de animales, y que para la sensibilidad generalizada de esta parte del mundo, clasifica como algo morboso y fundamentalista”.

En cuestión “Aktion 135” reúne sacrificios de animales, mezclas de vísceras con frutas y una especie de baño lustral, con la sangre de las víctimas, a personajes desnudos y crucificados o vestidos de blanco.

En las fotos mostradas por el sitio digital cubano apenas puede llevarse una idea de lo vivido por quienes asistieron a la presentación. Aún así, los comentarios a favor y en contra no demoraron. Desde un “Impactante, espectacular, nunca había visto nada igual”, hasta un categórico “Y a esta mierda se le llama arte” (incluido un simpático: “Yo debo ser muy burro porque no entendí nada, y hasta me parece antihigiénico toda esa “expresión” Ustedes que saben mucho, están seguros que ese señor no se estará burlando de todos esos que ponen cara de inteligentes y aplauden. Otra pregunta ¿no hubiera sido mejor hacer una fiesta, asar al puerco y bailar con la muchacha de la cruz?”); hicieron evidente una vez más que el límite entre el arte y el “no-arte”, es tan estrecho como la propia percepción humana; más allá de lo que digan los especialistas.

Los “cómplices” del austriaco en esta polémica puesta en escena fueron los propios estudiantes del ISA; algunos (¿los más afortunados?) como parte protagónica de la obra; los otros (la mayoría) desde el público. Una foto muestra al artista con su séquito de seguidores detrás. En los rostros no descubro rechazo alguno; ¿acaso ellos realmente tienen una susceptibilidad diferente a otros?

En lo personal no sé cuál hubiera sido mi reacción ante un espectáculo como el ofrecido por Nitsch. Tal vez, luego del estremecimiento por el sacrificio de los animales, lograra concentrarme más en la propuesta y trataría, por todos los medios a mi alcance (que tampoco considero muchos), interpretar el mensaje enviado por el artista.

En general me gusta el llamado arte contemporáneo: por lo transgresor, por lo sugestivo, por lo polémico…; aunque entiendo que toda obra artística se hace en cada sensibilidad y por tanto, cada criterio, aún el más ingenuo, debe ser respetado. Por eso no hago mucho caso cuando un crítico exalta una obra incomprensible, o me duermo ante la película ganadora del Oscar. A fin de cuentas, soy “el público”, que es como decir “el cliente” y ya lo dice la frase… “el cliente siempre tiene la razón”.

Algo de esto le comenté a una persona con quien hablaba sobre la noticia. Ella, que suele tener una visión del mundo algo más pragmática que la mía, aún sin haber visto las imágenes y confiando en las escenas que le narré desde mi percepción, comenzó una larga perorata sobre el arte y los artistas de la actualidad. Según su opinión, para ellos (los artistas) lo importante es trascender y para eso se “arrogan el derecho de hacer cualquier cosa”.

Comoquiera que esta persona es de las que hablan con el tono de quien posee la verdad absoluta, y se corre el riesgo de caer en el círculo vicioso de defender criterios a ultranza, desde posiciones inamovibles; intenté justificar: “El artista pretende transmitir un mensaje y se vale de aquello que él entienda que puede captar más la atención del público, aunque sea con una mueca de desagrado”.

De inmediato, sin saber bien de dónde me surgió la idea (a veces mi mente anda con pasos ligeros) agregué: “es como si yo me dejara atropellar por un camión de bomberos para demostrar que ellos no siempre salvan vidas”.

Y a estas alturas se preguntarán entonces qué tiene que ver lo dicho con el avión que se cayó tres veces. Pues al poner mi ejemplo (algo traído por los pelos, lo reconozco), recordé un gazapo cometido por un periódico español y le espeté a mi sonriente interlocutora, a modo de conclusión: “…y además lo hago varias veces seguidas”.

Hermann Nitsch está ajeno a esta anécdota. Desconozco incluso si pudo intercambiar con el público de jóvenes artistas una vez concluida su exposición. Lo cierto es que su controvertida obra sigue no deja impasible al público y ahí radica uno de sus méritos.

Más allá de la anécdota, o de otras similares, creo que si un artista logra que su obra mueva al debate, tiene ganada la mitad de la batalla…lo demás es solo palabras.