Etica, Política e institucionalidad

Ética, política e institucionalidad

 

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Esa conducta, es de interés público. ¡Tratemos de entender!

 

Kant recomendaba distinguir entre “razones prudenciales” y “razones morales”. Las razones prudenciales son las que miran al propio interés. A veces se cumple la ley por razones de esa índole: porque sospecha que si no lo hace sufrirá una sanción. O apoya a alguien porque cree que, de esa manera, su propio interés se verá satisfecho. Este tipo de razones son a fin de cuentas puramente instrumentales y egoístas. En base a ellas se usan las reglas o instituciones como recursos estratégicos en beneficio propio. 

Las razones morales, en cambio, son universalizables, no se usan en beneficio propio, sino que se respetan porque se cree que ellas son intrínsecamente valiosas, que expresan algo que vale la pena defender, incluso si con ello se lesiona el propio interés de corto plazo.

Pareciera que esta vez se fue más lejos que de las razones puramente prudenciales, sin atender, siquiera por un momento, a su intrínseco valor moral. Las reglas no fueron acá consideradas si quiera reglas -es decir, mecanismos para controlar la conducta- , sino que literalmente las transgredieron argumentando en su defensa “cantinfladas”, a fin de derrotar o al menos dañar ya NO al adversario, sino que a su propio camarada de ideales: ¡Realmente Insólito!

 

¡La ética y la política, no son banalidad! ¡De lo contrario, hay venalidad! ¡Esto desconcierta y a la vez repugna a la ciudadanía, y a los buenos políticos!

 

Es verdad, cada ciudadano en general puede apoyar a quién prefiera... Empero, un militante leal con la colectividad a la que pertenece en particular, es coherente y consistente con quién se adjudicó democráticamente e institucionalmente encabezar un ideario para la comunidad en que está inserto… Puede incluso abstenerse de apoyarlo pero jamás luchar contra su propio camarada de ideales, salvo que renuncie a dicho conglomerado humano. Menos aún se pudiera mentir involucrando en su conducta a dirigentes sociales de instituciones tan dignas como de la CUT o la FENATS.

¡Se daño así a los dos postulantes de la Concertación! A uno por abandonarlo, al otro por los desmentidos públicos de dirigentes sociales involucrados sin su consentimiento.

Ahora, ¡No se sorprenda si uno de los hechores, victimizándose, se postulara a diputado este otro año!

¡Qué vergonzante ejemplo se ha dado a nuestros jóvenes!

¿Hasta cuándo soportar conductas que carcomen la democracia, a la política, y a los partidos como vectores fundamentales del estado moderno chileno?

Sin embargo, la Institucionalidad dignificó a su colectividad y a la democracia, requiriendo la desvinculación de ese grupúsculo que dio la espalda a una militancia y línea de la que prometieron jamás desertar.

 

*Magister en Gerencia y Políticas públicas. Universidad Adolfo Ibañez.

UNETE



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