To Flow or not to flow... esa es la cuestión



 

Bonito #palabro. Un concepto que bien puede asumirse como integrar, empatizar, comprender, asumir, compartir, convivir, interiorizar... En definitiva, hacer discurrir nuestra existencia sobre un cauce armónico que integra -nos integra- en un entorno que trata de ser amable y positivo. Fluir se ha convertido en un grito de guerra para quienes tratan de amoldarse al cambio. Hemos pasado del tópico de nuevo cuño que apuntaba el archiconocido 'Be water my friend', a un planteamiento de mayor impacto, más breve y conciso: 'Flow'. Y 'flow' significa que debemos dejarnos llevar por esa corriente de transformación del entorno, amoldando nuestra forma de vida y de ser a dicho cambio. Fluimos, luego nos adaptamos y existimos, en este nuevo entorno en el que nos movemos... Nos licuamos y pasamos a formar parte de la nueva tribu de seres bien integrados, que no muestran resistencia excesiva a las propuestas y que asumen las transformaciones como parte inherente en sus vidas. Ahora bien, cuando hablamos de comunicación publicitaria, esta licuación vital plantea una tesitura muy importante a la hora de proponer y asumir los roles que jugamos cada uno de nosotros... Y es que el público se ve obligado a fluir en función del son que toca el contexto social... Pero, las marcas también deben 'licuarse' y adaptarse al ritmo que exigen las demandas de sus clientes. Y tanta fluidez puede derivar en una pérdida de valores más que preocupante. Dejarse llevar sin reflexionar sobre el rumbo de nuestra deriva, puede desembocar en una pérdida absoluta de identidad, y a las marcas a una perdida de sus valores esenciales. Marcas y personas deben tratar de fluir, sí... Pero siempre y cuando, la adaptación al cambio y la asunción de nuevos planteamientos venga precedida de una reflexión pausada, que permita discernir lo útil de lo inútil, lo importante de lo banal... Mucho me temo que hemos entrado en un proceso de licuación excesiva de nuestros criterios. Hemos descubierto una manera cómoda de no entrar en conflicto, amparándonos en la excusa del fluir... Pues bien me parece... Pero no olvidemos que con tanto dejarnos fluir, podemos estar entrando en el juego de aquellos que tratan de 'influir'... Así que, no perdamos el norte. Fluyamos menos y reflexionemos más.



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE











To Flow or not to flow... esa es la cuestión


 

Bonito #palabro. Un concepto que bien puede asumirse como integrar, empatizar, comprender, asumir, compartir, convivir, interiorizar... En definitiva, hacer discurrir nuestra existencia sobre un cauce armónico que integra -nos integra- en un entorno que trata de ser amable y positivo. Fluir se ha convertido en un grito de guerra para quienes tratan de amoldarse al cambio. Hemos pasado del tópico de nuevo cuño que apuntaba el archiconocido 'Be water my friend', a un planteamiento de mayor impacto, más breve y conciso: 'Flow'. Y 'flow' significa que debemos dejarnos llevar por esa corriente de transformación del entorno, amoldando nuestra forma de vida y de ser a dicho cambio. Fluimos, luego nos adaptamos y existimos, en este nuevo entorno en el que nos movemos... Nos licuamos y pasamos a formar parte de la nueva tribu de seres bien integrados, que no muestran resistencia excesiva a las propuestas y que asumen las transformaciones como parte inherente en sus vidas. Ahora bien, cuando hablamos de comunicación publicitaria, esta licuación vital plantea una tesitura muy importante a la hora de proponer y asumir los roles que jugamos cada uno de nosotros... Y es que el público se ve obligado a fluir en función del son que toca el contexto social... Pero, las marcas también deben 'licuarse' y adaptarse al ritmo que exigen las demandas de sus clientes. Y tanta fluidez puede derivar en una pérdida de valores más que preocupante. Dejarse llevar sin reflexionar sobre el rumbo de nuestra deriva, puede desembocar en una pérdida absoluta de identidad, y a las marcas a una perdida de sus valores esenciales. Marcas y personas deben tratar de fluir, sí... Pero siempre y cuando, la adaptación al cambio y la asunción de nuevos planteamientos venga precedida de una reflexión pausada, que permita discernir lo útil de lo inútil, lo importante de lo banal... Mucho me temo que hemos entrado en un proceso de licuación excesiva de nuestros criterios. Hemos descubierto una manera cómoda de no entrar en conflicto, amparándonos en la excusa del fluir... Pues bien me parece... Pero no olvidemos que con tanto dejarnos fluir, podemos estar entrando en el juego de aquellos que tratan de 'influir'... Así que, no perdamos el norte. Fluyamos menos y reflexionemos más.




Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


UNETE