Un diálogo imaginario.

Alguna vez en la licenciatura, leí Teoría tradicional y teoría crítica de Horkheimer y Dialéctica de la ilustraciónde Theodor Adorno. Producto de tal vistazo a sus propuestas, redacté este texto para mí con el fin de recordar su contenido general, ojalá que estas referencias puedan orientar al lector para que realice un análisis más profundo de sus obras completas. 

 

. Producto de tal vistazo a sus propuestas, redacté este texto para mí con el fin de recordar su contenido general, ojalá que estas referencias puedan orientar al lector para que realice un análisis más profundo de sus obras completas. 
 

Sócrates: ¿Quién dices, Teognis, que sostiene que el ejercicio conceptual debe ir más allá del dominio de los productos, que ha originado nuestra teoría, la teoría de las Ideas?

Teognis: Le llaman Horkheimer, Sócrates, y se dice que es de la región de Alemania.

S: Invitémosle, pues, a la charla y que nos ayude a solucionar el problema en el que ahora estamos envueltos.

T: Espera, Sócrates, permíteme llamarle.

[Sócrates va al encuentro de Horkheimer] 

Horkheimer: ¡Sócrates, qué placer verte!, ¿a dónde te diriges con ese aspecto tan usualmente pordiosero?

S: A Berlín, en busca de mi hermano, Antíloco. He de arreglar el funeral de mi madre, que acaba de morir.

H: Lo lamento, Sócrates, es una pena, tú madre era una gran mujer y una buena ciudadana.

S: No te preocupes, ya era anciana. Mas no te retires, pues hete aquí que Teognis y yo nos hemos encontrado con una aporía, y debemos recurrir a ti para solucionarla.

H: A mí, por los dioses, Sócrates, ¿es que te has vuelto loco?, ¿cómo podría ayudar?

S: Hemos escuchado de la región de Cefalea, que has escrito un libro sobre Teoría crítica y queremos hacer unas preguntas para ver si hemos entendido bien tu pensamiento.

H: Hazlas, Sócrates.

S: ¿Es verdad que tú sostienes que la teoría tradicional se configura como un elemento de dominación de la razón?

H: Es verdad.

S: Pero, por el perro, ¿es que acaso le estás dando un rango mínimo de oportunidad a la teoría tradicional? ¿Dónde quedo, pues, tu planteamiento que trae razón al mundo mediante la teoría crítica?

H: Sábete, Sócrates, que ahora somos viejos, y bien sabes que eso lo sostuve en mis años de juventud, antes que el Führer se anquilosara en el poder y actualizara todo en documentos de barbarie…

Adorno: Eyy, eyyy, Horkheimer, no seas tan arrogante, no fuiste tú solo quien hizo esa nueva revisión crítica en la Dialéctica de la Ilustración, recuerda que yo también colaboré.

S: Adorno, ¿es eso verdad?

A: Por supuesto que sí, Sócrates.

S: Adorno, entonces debes conocer tan bien como Horkheimer el proyecto de Teoría crítica.

A:  Por supuesto.

S: ¿Aún más, podrías mostrarnos cuáles son las diferencias más notables entre un escrito y otro?

A: Fácilmente, Sócrates. Mucho mejor que el insensato de Horkheimer.

S: Ea, pues, por Hera, muéstranos, oh sapientísimo Adorno, y libéranos de nuestra ignorancia.

A: No sólo lo expondré de tal manera que hasta tú entiendas, Sócrates; sino que quedarás persuadido en cuanto termine de exponerlo.

S: Habla entonces.

A: Digo que la más grande diferencia se da en el abandono completo de la razón, porque ella es el problema y no la realidad. Que la salvación se encuentra en la concepción de naturaleza (mana), y de auto-reflexión crítica.

S: Ohh, igual que Heracles no podremos los dos contra el argumento, Teognis, pero explícame algo con más claridad, Adorno.

A: Dime, Sócrates.

S: ¿Es que afirmas, junto con Horkheimer, que el proyecto ilustrado ha fracasado, y la temporalidad infernal ha llegado porque la Ilustración devino mitología?

H: Sí, pero Sócrates entiende lo que estamos diciendo los dos en el fondo.

S: ¿Qué?

H: Que las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones de producción y consumo y que por nuestra fuerza de trabajo nos estamos alienando día a día.

S: ¿Y qué?

A: Sócrates, Sócrates, es que tú no tienes el nivel de intelectualidad para comprender estos problemas.

S: Explícame entonces, ilustre Adorno, pero no me regañes.

A: Es que eres insoportable, Sócrates. Te la pasas caminando por las calles de Alemania oriental, predicando que no sabes nada, pero en cuanto te encuentras a intelectuales como nosotros quieres aprenderlo todo como si se tratara de que al juntarte con nosotros aprendieras por ósmosis y al instante todo lo que con esfuerzo hemos cultivado durante años.

S: Entiendo, Adorno. No te enfades conmigo, mejor permíteme aprender de sabios como tú contestando a mis preguntas.

A: Pregunta entonces, Sócrates.

S: ¿Es verdad que vos sostenéis que el principio de identidad que Teages y yo solidificamos hace un par de años a través de las teorías de las Ideas nos ha traído a este nivel de barbarie?

H: Así es, Sócrates, tú y toda la tradición que institucionalizó tu alumno han traído este malestar a la civilización.

S: Pero dime, honorable Horkheimer, ¿no ha sido efectiva también nuestra crítica desde el sistema lógico de nuestro tiempo al principio de identidad?

H: Sí, pero tú lo has dicho Sócrates, no has podido anticipar las condiciones económico-políticas de la Alemania actual y por eso tú crítica ha quedado sólo en logicismo.

S: Ohh, Teages, mucho me temo que el ejercicio conceptual que hemos propuesto ha llevado a la civilización a un estado de aniquilación sin salida. Yo creo que ahora sí no podremos vencer el argumento de Horkheimer, a menos que llamemos a nuestro lado al ilustre Adorno.

A: Vete con tus argumentos a otro lado, Sócrates. No colaboraré con tus maquiavélicas formas de distorsionar la mente de tus interlocutores. Que te conteste Horkheimer en pos de los dos, si es que se cree lo suficientemente fuerte para invocar a Zeus salvador en su ayuda.

H: ¡Que Benjamín acaba de morir no justifica que me dejes solo en el proyecto que ambos construimos, así que ven y hazle frente a Sócrates!

[Adorno no dice palabra alguna]

H : Ea, pues, Sócrates, termina de una vez que me he quedado solo.

S: Responde, Horkheimer. ¿No designas a algo como “principio de contradicción”? 

H: Claro que sí, ¿qué tú no?

S: También. Pero respóndeme esto otro, ¿no llamas también a algo principio de identidad?

H: Sí.

S: ¿Es el principio de identidad el que con su ejercicio conceptual aplasta las demás realidades y hace que el mana devenga en naturaleza alienada y alienante?

H: Sea.

S: ¿Y acaso no afirmabas hace un momento que en tus años mozos, cuando escribiste Teoría tradicional y teoría crítica, no buscabas hacer una superación dialéctica por el principio de identidad sin justificar el papel de la teoría tradicional?

H: ¿Cómo es eso?

S: ¿Acaso no pretendías poner como ejercicio contestatario la teoría crítica de la sociedad de manera que contrarrestaras el mal uso de las ciencias sociales sin pretender como Dilthey justificar su estatus asemejándolo a las ciencias frías?

H: Sí.

S: Sea pues, Horkheimer, que yo veo que el empleo negativo del concepto lo has usado bien en teoría crítica, pero que has dejado elementos positivos en su constitución, al menos como teoría, aunque no sea a modo tradicional.

H: Sea.

S: ¿Y con esto no significarás también que no se pueda quedar la teoría crítica en pura negatividad, no sólo porque no sea posible, ya que no sería?

H: Entendida como un momento de la historia, sí.

S: Bien, eso me gusta, que no sólo contestes por contestar, sino que lo hagas según lo que tu creas verdaderamente.

H: Lo hago para complacerte.

S: Continúa complaciéndome y contesta esto otro: ¿acaso no será en ello la mayor de las semejanzas entre ambos escritos, si predicamos que semejanza es una afección que se da en dos individuos?

H: Es de necesidad.

S: Sea, pues, por Cronos, que el segundo escrito se distancia en querer superar esa temporalidad cíclica, ¿acaso no opinas de este modo?

H: Yo sí.

S: ¿Y con ello no buscamos dejar de alimentar ese ferrocarril enloquecido superando el principio de contradicción, no sólo en el terreno de las ideas sino en el material como sostuvo tu maestro, Marx?

H:  Por supuesto, Sócrates.

S: Sea pues Horkheimer, que parece que las Musas me inspiran a encontrar una solución a el problema que Teages y yo  teníamos y se ha aclarado con tu intervención

H: ¿Cuál problema?

T: Decíamos que la forma de sobrepasar los limites de la lógica clásica, del principio de no contradicción y de identidad no podría ser de otra manera que con la crítica.

H: Y decían bien.

S: Pero lo que reconsideramos fue que esa crítica se da gracias a las condiciones dialécticas, y aunque el concepto en cuanto tal se configure bajo diferentes perspectivas hay algo que lo hace ser dialéctica.

H: ¿Y qué es eso?

S: Que la dialéctica es negativa.

A: ¡Pero eso no es nada nuevo, todo mundo sabe eso!

S: Es verdad, pero lo que ustedes no han visto es que esa temporalidad infernal, esa ilustración insipiente en los inicios de la humanidad siempre ha venido acompañada de dialéctica, es decir, de negatividad, tanto ontológica como epistémicamente, pero sobretodo como actitud filosófica.

H: ¿Y eso qué?

S: Que la posibilidad de ejercicio negativo de la auto-reflexión crítica se ha dado desde siempre, desde que la filosofía se institucionaliza, porque dejamos de consumir productos culturales y los empezamos a generar, y aunque la filosofía se hizo académica se conservo el filo crítico que caracteriza a la filosofía: no ser legitimadora de la realidad, sino formadora de proyectos que se materialicen poco a poco y de manera no acabada, porque hacemos filosofía, no ciencia.

H: Al menos en eso tienes razón.

S: Bueno, me retiro, porque así como yo tengo que asistir al entierro de mi madre ustedes deben asistir al entierro de la razón, que la han orillado a suicidarse al exponerle que ella misma es el problema y no las condiciones sociales; pero ahora han visto que ella misma es la solución, con todo y lo podrida que esté.

H: Vamos Adorno, a enterrar a nuestra madre, La Razón.

 

UNETE



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