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LA ESQUIVA INSPIRACIÓN Y LA FALTA DE MEMORIA


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13/05/2012

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¿Qué es escribir? ¿ Dejar plasmadas ciertas ideas semi coherentes en un papel cuando se está pasando por un momento de soledad, o de inspiración o de pasión desenfrenada?   Alguno de ustedes... ¿No recuerdan haber escrito una carta de amor?  Cuántas de ellas nunca fueron enviadas.Desde niños escribimos nuestras penas y alegrías, sin darnos cuenta. Por ahí suele ser tema de largas conversaciones nuestro diverso anecdotario infantil: cartas al viejito pascuero (en Chile) o Papá Noel (más universal).     Risas y lágrimas brotan al recordar cuántos sueños teníamos.


La anécdota que recuerdo con cierto rubor fue cuando comenté que yo fui uno de los tantos niños que en la época de los setenta fue al aeropuerto internacional a esperar con ilusión a un personaje que me encantaba.   Venía por primera vez a Chile el Chavo del ocho, Chespirito y todos sus personajes: el profesor Jirafales, Don Ramón, Kiko, la Chilindrina y el Señor Barriga, la bruja del 71, doña Florinda ( y su tacita de café, infaltable).  

Apenas hube terminado de contar esta experiencia  a mis amigos íntimos, también profesores, escuché una risotada fenomenal.   Tallas por doquier que, por cierto, también me causaron mucha gracia.     Pero esto no termina ahí, faltaba lo mejor... ya que estábamos en eso, otro colega amigo también se atrevió a exponer su niñez en público y comentó  que había ido a dejar su chupete a un programa de Televisión llamado Los Bochincheros, programa infantil de la época, por cierto muy recordado por los adultos de hoy. (Había un espacio para los más pequeñitos en donde se les invitaba a dejar en un baúl, o algo parecido, dispuesto en el canal de TV, el chupete. Era una forma de hacerse grandes y dejar esa etapa).  

Ahí quedó la grande... nos dio ataque de risa.     No expongo más detalles porque no viene al caso.  Luego, después de aquella catarsis, cada uno fue a lo suyo: debíamos poner cara de serios para ingresar de nuevo a clases a  recibir a nuestros alumnos en la jornada de la tarde.

Creo que a mis colegas les pasó lo mismo:  quedamos con ese gustito de pasado e infancia en nuestra retina.

Luego de esta metáfora disfrazada de anécdota, vuelvo a preguntarme acerca de lo que significa escribir.    Sin  pretensión alguna expongo que todo surge desde la inocencia, del hacerse preguntas, de la ingenuidad incluso.    La cultura va de la mano con la sensibilidad, y esto sí creo que es algo intransmisible.   Se puede escribir con coherencia y cohesión  un gran texto, pero el resultado puede ser vacío, insustancial.

Se puede escribir con grandilocuencia y llenar unas cuantas hojas con términos especializados, códigos y cifras, pero eso es un texto informativo y sus destinatarios son escogidos.     

La humildad de Gabriela Mistral es un buen ejemplo.  Niña de pueblo, calles polvorientas escondidas en medio del valle del Elqui, con el "bullicio" del río y del mecer de los sauces que lo custodian.    Un poco más allá unos espinos, los más varoniles árboles que han existido por su rudeza y su templanza: sobreviven en lo más árido y es como si siempre te estuvieran vigilando.      

En ese escenario la niña Lucila adquirió su templanza... de allí surgió su bondad y su sensibilidad y luego de todo su éxito y su reconocimiento internacional siempre quiso volver a su tierra, donde ahora descansa. Eso es Memoria.

Neruda , caso similar... el niño Neftalí Reyes jugaba y reía en el tren donde su padre era maquinista.  Sintió en su cara la lluvia implacable del sur, sintió también el aroma a tierra húmeda y el frío.    A pesar de sus detractores... ¿Quién puede desconocer su extraordinaria sensibilidad?  

Culmino con el término memoria:  el viaje a la esencia.  Sus mascarones de proa no serán acaso su otro yo infantil, cuando iba cara al viento en la locomotora que manejaba su padre?

  





Etiquetas:   Comunicación

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