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El debate del debate


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08/05/2012

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Confesiones.


 

El debate es por definición un evento eminentemente electoral, tanto como lo es, por consecuencia el post debate, sin embargo pareciera que el segundo está cobrando más importancia, porque mas allá de lo que aconteció en el mismo, hoy la batalla en la opinión pública y los medios de comunicación, está claramente enfocada como si eso fuera necesario, a señalar un ganador.

Evidentemente la intención, conlleva pues un objetivo mediante el cual, el desarrollo y contenido del encuentro pasen a un segundo término, minimizar su fondo para privilegiar otro tipo de efectos.

En el análisis se comprimen los argumentos, para dar paso a la segunda etapa que claramente obedece a una estrategia política de posicionamiento, cuando lo realmente importante no es quien o quienes ganaron o perdieron, eso es muy subjetivo.

En todo caso lo que valdría la pena recuperar, son los elementos para el razonamiento que deja esta primera confrontación, el comportamiento de cada candidato y sus propuestas, sin embargo eso no parece importar cuando se trata de permanecer concentrados en la competencia por la popularidad.

Bajo la primera consideración, reconociendo que la naturaleza del evento es electoral, no se trata de establecer que sea intrascendente que los partidos y sus candidatos intenten sacar ventaja.

Al final de cuentas en el juego político eso es válido y siendo el debate parte fundamental del desarrollo del proceso electoral, se entiende que sea un elemento que se tenga que aprovechar.

Por ello y desde que el encuentro culmino, los demás, es decir equipos de campaña, medios de comunicación, simpatizantes y la propia sociedad, comenzaron a hacer la parte que a cada uno corresponde y que definitivamente está cobrando mayor realce.

Desde nuestra óptica muy personal, así lo manifestábamos en la columna de ayer, quien debe ganar con el debate, es la sociedad porque la confrontación entre los candidatos, es una valiosísima herramienta para la reflexión del electorado, sea cual sea su juicio.

Pretender cambiar la percepción individual e incluso tergiversar lo que aconteció en el desarrollo del evento, corresponde pues a estrategias relacionadas con los intereses de quien lo intenta y eso no necesariamente habrá de producir mayores efectos de momento.

Para eso estarán los mecanismos post debate, que los candidatos y sus equipos implementaran a raíz de esta experiencia y de lo que sus propios números les digan.

De hecho por eso bien vale pena recuperar y reconocer la postura del candidato priista Enrique Peña Nieto, al término de la transmisión del programa, en la que en vez de asumirse victorioso por definición, afirma prudente, pero sobre todo moderado, que será el juicio individual el que tendrá el mayor peso en la determinación de la calificación del eventual resultado.

Posición que  hace contrapeso, sobre todo con lo que se público ayer en las portadas de diversos medios locales, que desentonando le otorgan a Peña un triunfo avasallante, situación que nos remite pues a la reflexión ya expresada.

En la que la oficiosidad mediática local trata de intervenir abiertamente de acuerdo a sus propios intereses particulares, si no para influir realmente, acaso para intentar  quedar bien en relación a los compromisos contraídos al efecto.

Sin embargo y en contraste  la gran mayoría de las demás empresas del ramo, llámese televisión, radio y la propia prensa escrita de mayor difusión y circulación, a lo largo y ancho del país, se condujeron con inusitada neutralidad.

Lo cual no significa que cada una no tome partido por su cuenta y limite su preferencia, simple y llanamente, porque los hechos no permiten modificar lo que realmente sucedió y esta a la vista.

En todo caso la modalidad que se utiliza para apuntar una ventaja se remite a las encuestas que algunas de ellas, realizaron por su propia cuenta e iniciativa después del debate, en las que seguramente existe una suerte de injerencia para favorecer al candidato de su predilección.

Con todo y ello, la gran mayoría de esas primeras encuestas no coinciden en la misma dirección y en general no favorecen al candidato priista, el que de todas formas, tampoco se le puede ver como derrotado, porque aun así sale bastante bien librado y no son pocos tampoco los que lo vieron conseguir su objetivo.

Tanto como quienes deducen que Gabriel Quadri haya ganado, sin tomar en cuenta que los efectos posteriores de esa afirmación, no le aportaran gran cosa en materia de preferencias.

Como sea, el hecho de que en apariencia, salvo contadas excepciones,  no sea en esta ocasión, la línea editorial exprofeso de las empresas de comunicación, la que defina su posición en cuanto a nominar un ganador, sino estos mecanismos aparentemente abiertos, es un gran avance, un reconocimiento amplio del valor de la opinión pública y sus diversas expresiones.

Porque cuando Andrés Manuel López Obrador se ha quejado de que algunas televisoras mantienen una agenda para favorecer a un candidato, lo hace con toda razón, basta ver a algunos comentaristas, que parecen más voceros de campaña que analistas.

Porque por ejemplo en seguimiento del evento, pudimos observar las diversas mesas de análisis organizadas en este caso por las televisoras, en las que destaco la participación de opiniones diferentes, sin negar que algunas, la mayoría, fueran realmente muy parciales.

Ahí está el caso claro y contundente de Ciro Gómez Leyva en Milenio Televisión,  donde también las hubo, aunque en menor número, de carácter serio y muy centrado, como la de Carlos Puig, sin omitir que trabajan ambos en la misma empresa.

Lo que se infiere es que estas empresas tienen un favorito y que este claramente es Enrique Peña Nieto, que utilizan su infraestructura y recursos para apoyar esa simpatía, pero que no por ello cancelan la posibilidad del desarrollo de la crítica.

Tratan por supuesto de influir mediante su opinión, pero también permiten en alguna medida la expresión de voces que no coinciden, eso al menos logra que exista una suerte de pluralidad en proceso.

Esto de alguna manera abona al ejercicio de la reflexión, porque en el contraste de las ideas, las posiciones y los intereses, el ciudadano tiene suficientes elementos de juicio para tomar su decisión.

Pensar que exista la necesidad imperante de posicionar a alguno de los candidatos presidenciales como ganador del debate, puede entonces parecer ocioso, se entiende solo bajo la óptica decíamos, de que quien lo intenta tenga un compromiso en ese sentido con determinado aspirante.

Además designar a un ganador, sobre todo de manera indiscutible, es un tema harto complejo, esa afirmación estaría forzada y transita por una gran cantidad de factores, sin olvidar que desde diferentes puntos de vista, todos ganan y también pierden, en todo caso y por eso la insistencia, ese juicio corresponde al privilegio de la individualidad.

Porque una cosa es convencer y otra muy diferente imponer, sobre todo cuando eso se deriva de argumentos endebles que son por cierto demasiado evidentes, por la sola y simple filiación.

En este sentido, no se puede omitir mencionar, que las posturas que asumen los simpatizantes y miembros de las estructuras de cada candidato, aun y cuando son sumamente polarizantes, obedecen pues a esa referencia.

Sus expresiones en este caso de triunfo no harán cambiar las preferencias de sus oponentes, ni siquiera sirven para reafirmar la lealtad de quienes ya tomaron causa y partido, pero si pueden como le hemos afirmado constantemente confundir al volátil y alejar al indeciso.

Porque no cabe duda que eventos como los debates son fundamentales para atraer la atención de estos dos segmentos, por la sola y simple razón de que el transcurso y contenido de las campañas como tales, no han podido captar el interés de estos grupos.

Si partimos de la base de que el voto duro de cada partido está en los márgenes normales y esperados, hoy la verdadera competencia se centra en captar tanto a indecisos como volátiles, que por su tamaño y crecimiento paulatino, deben considerarse matemáticamente como muy importantes, pueden ser definitivos.

Ahora bien, en lo subsecuente porque es parte del ejercicio analítico, valdrá la pena adentrarnos en lo que resta de la semana, en el comportamiento y propuestas de cada candidato, en su desempeño en el debate, sin embargo en esta oportunidad, consideramos que era necesario primero poner en contexto el asunto tan discutido, en relación a quien gano el debate.

El debate lo gano o quizá lo perdió, en singular, el candidato o candidata que mejor aprovecho el escenario de acuerdo a la percepción particular de quien quiso ver el encuentro, la medición de esas tendencias es únicamente un asunto para la propaganda.

Sin dejar de reconocer que el marketing es un elemento por demás fundamental del desarrollo del proceso electoral, lo que vale al final de cuentas y de eso se trata todo esto, es la libre determinación ciudadana.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 





Etiquetas:   Elecciones   ·   Política

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