.
Debido a diferencias manifiestas, la Declaración final no se produjo y los acuerdos se
limitaron a asuntos tales como: Integración física, acceso a la tecnología,
combate a la pobreza y la desigualdad, superación de las consecuencias de los
desastres naturales y la provisión del mandato de la OEA en el análisis de
alternativas para combatir el narcotráfico. A pesar de lo particular del evento,
debido al peligro real que se cierne sobre el futuro de las Cumbres y por ende,
de las relaciones interamericanas bajo el manto de la OEA; las noticias
internacionales de forma intencionada se han dedicado a amplificar el affaire
que involucró a miembros del Servicio Secreto y de las Fuerzas Especiales
estadounidenses con prostitutas colombianas, pretendiendo con ello minimizar
las futuras consecuencias del disenso, que reinó en el traspatio de Washington.
En efecto, fue evidente desde la discusión del orden del día, el enfrentamiento
entre dos polos opuestos: Estados Unidos y Canadá, por un lado y Latinoamérica
en el otro.
Definitivamente que los tiempos han cambiado y algunos
países de la zona se muestran ahora renuentes a desempeñar el papel de “hermano
menor”, impuesto otrora por su vecino del norte. Los mismos apoyaron casi por
unanimidad, la inclusión de los temas relativos a Cuba y a la Argentina en el proyecto
de Declaración, colocando a Washington y Ottawa en una posición diametralmente
opuesta, al punto de que de hecho, terminaron bloqueando la intención de la
mayoría de los Estados participantes en el evento.
En protesta por el resultado del cónclave, los países de la Alianza Bolivariana
de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), anunciaron que no participarán en la
próxima Cumbre, si a Cuba no se le invita. Por su parte, la Presidente de
Argentina, Cristina Fernández, abandonó el evento antes de su conclusión, en
razón del “lapsus menti” de Santos sobre las Malvinas y por los denodados
esfuerzos y dominio ejercido por los países anglosajones por excluir el tema de
las Malvinas de la discusión, bajo una aparente aureola de neutralidad que
siempre termina favoreciendo la postura británica, pero que al mismo tiempo, de
manera indefectible, distancia cada vez más a Estados Unidos y Canadá de la
subregión, en una cuestión, que amenaza con alcanzar un apoyo latinoamericano
tan unánime y sentido, como en su momento lo fue, la reivindicación panameña
por su canal.
Otro de los temas de la Cumbre de las Américas sobre el cual no se logró
el consenso requerido, fue la audaz propuesta guatemalteca, no solo de
legalizar el consumo, sino también del tránsito de la droga, generando el
rechazo de Washington, que no permitió que se narcotizara la cumbre. Y es que resulta
ingenuo creer que el dinero de tal comercio en ese país, al igual que el de los
comerciantes de armas, no ejerza su peso político, terminando por torcer la
postura oficial norteamericana. Al respecto, cabe destacar, que el negocio del
tráfico ilícito de drogas, es el segundo en movimiento de capitales del mundo
después del petróleo, con ganancias que generan alrededor de 320 000 millones
de dólares anuales, con un mercado cercano a los 200 millones de consumidores a
nivel global. Este negocio, ubica a los Estados Unidos como un país que
favorece la concentración de las riquezas de los narcos, pues sus bancos y
negocios (sur de la Florida
y Las Vegas), son reconocidos por el crimen organizado como un buen destino
para “gastar” sus ganancias en una economía de servicios, que se adecúa
perfectamente a los intereses de lavado e inversión de dinero en ese sector.
Solo en Estados Unidos las ganancias que arrojan estos delitos ascienden
alrededor de US$275.000 millones, excluida la evasión fiscal. Se especula, que
más de 200 mil millones de dólares de dinero del narcotráfico circula en la
economía norteamericana, por tanto es fácil colegir, que esta sea la principal
razón por la que Washington, no asume su responsabilidad en el combate interno
del flagelo y se muestre renuente a discutir con seriedad, las diferentes
propuestas, no importa de qué país latinoamericano (México o Guatemala),
provengan.
Es conocido, que a diferencia de las anteriores, la Cumbre americana que se
llevó a cabo en Argentina (2005), para salvar apariencias, terminó con una
Declaración que eludió el tema del ALCA y la de Trinidad y Tobago (2008), hizo
otro tanto, con una Declaración genérica; sin embargo, lo ocurrido en
Cartagena, sugiere una situación sin precedentes en el distanciamiento político
y la profundización del abismo entre las posturas defendidas por Estados
Unidos- Canadá y las que abanica Latinoamérica. Ello encontró expresión, en el
aumento de la disidencia que extrañamente involucra en esta ocasión, hasta
gobiernos de centro izquierda como Brasil, Uruguay, Argentina, El Salvador y
Perú y de reconocida postura de derecha, como los de Colombia, Chile, México,
Costa Rica y otros, los cuales en su conjunto, terminaron haciéndole coro a los
países del ALBA, constatándose con ello, un saldo negativo en la influencia que
otrora nadie discutía de Washington en la región.
Por Euclides E. Tapia C.
Profesor Titular de Relaciones
Internacionales de la
Universidad de Panamá