Pongamos que participo en el sorteo del Bar Paco para conseguir una magnífica cesta navideña, que este año me han vendido la moto diciéndome que incluye productos gourmet de primera calidad. Le compro a Paquito (el hijo, que ayuda un poco a sus padres con el bar a la vez que se gana algún dinerillo para pagarse sus caprichos) un total de 13 números. Se venden 100, por lo que mis posibilidades de obtener la cesta son del 13%. ¿Ganaré? Está difícil, pero no me negaréis que con los números que he comprado no tenga posibilidades de conseguir la cesta ¿no creéis? Pongamos que me he cogido tal cabreo por no tocarme la dichosa cesta navideña del bar Paco que para saciar mi rabia he decidido salir de juerga buscando pelea con el primero que me encontrara, pero se me va la mano más de la cuenta y cometo un delito de lesiones sobre un pobre chaval que pretendía, simplemente, pasarlo bien con los amigos. Me condenan a varios años de prisión, porque al chaval lo dejé bastante mal. Al parecer según los estudios tengo un pronóstico de reinserción de entre un 10 y un 20%. Aunque si a ello se añade mi adicción a algunas drogas, se agudizan un poco más mis dificultades para rehabilitarme y volver a hacer vida en sociedad, que implica que mis posibilidades se reduzcan en algunos puntos percentuales. ¿Puedo reinsertarme? Una vez más, está difícil, pero, igual que con la cesta navideña, y hasta que nadie pueda decir lo contrario, es posible. Hablar de un pronóstico de reinserción cero es, a día de hoy, imposible de contrastar. La falacia de que hay gente que no se puede reinsertar en la sociedad no es justificable, desde el momento en que:



