Han sido periodistas a ras de suelo durante mucho tiempo y han perdido la ilusión. Seguramente comenzaron en esto del periodismo con el empuje y la vivacidad que todo práctico demuestra al pisar por primer vez una redacción, pero los envites del día a día han terminado por horadarles. Controlan de muchos temas, saben de todo, cuentan mil y una historias pensando quizás en que antes se hacían las cosas de una forma más pura o simplemente diferente. Ahora van a las ruedas de prensa sabiendo ya que su próxima crónica no cambiará el mundo. Son los renegados.



