Siempre con la misma copla. Tras unas elecciones, sean generales, autonómicas o municipales, el estribillo se repite. Todos, absolutamente todos, con independencia de los resultados, se sienten vencedores de la contienda y, por tanto, satisfechos y complacidos con el resultado otorgado por las urnas. Finalizado el escrutinio, conocido el reparto de escaños y calculado el porcentaje de votos, todos los protagonistas de la lid ocupan risueños la tribuna para proclamar sus buenos resultados y, al mismo tiempo, agradecer la confianza otorgada por la masa votante. En el disimulado y trabucado mensaje de satisfacción que transmiten, suelen poner de relieve el apoyo y la consolidación de su proyecto, y ello a pesar de que los resultados hayan tenido efecto cangrejo.



