“Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de lo alto” (Gál 3, 23ss). Esta frase de esta carta de San Pablo a los Gálatas, podría considerarse como el punto clave de Kierkegaard para comenzar con su tratado, que lleva a cabo en diferentes obras, sobre la fe. Este tema adquiere su relevancia, sobre todo, porque siempre se ha presentado como algo sumamente pedregoso, y puesto que se ha considerado como irracional, hay quienes han creído que no es digno de mención; sin embargo, en este filósofo encontramos una clara exposición de la irracionalidad del hombre, es decir, ya no se trata de exponer un discurso ya trillado basado en la razón, sino en lo realmente humano: la irracionalidad. Con respecto a esta fe de la que habla Kierkegaard, hay que realizar una breve investigación que nos clarifique este concepto, pues se corre el riesgo de pensar que la fe es signo de pasividad o de un estado primitivo del hombre.




