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La dictadura de la partidocracia


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17/03/2012

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Confesiones.


 

La dictadura de la partidocracia.

 

Uno, sino el principal de los elementos que mas atentan en contra del desarrollo y fortalecimiento del proceso democrático, que en nuestro país vive apenas su primera etapa, es la imposibilidad que enfrenta la sociedad de poder realmente decidir el rumbo del país mediante la elección del plan de gobierno que le sea más convincente, a propuesta por supuesto de los candidatos que los ofertan,  porque la estructura legal del proceso electoral está diseñada por la propia clase política, para mantener el status del sistema y los beneficios que este le reporta a los grupos en el poder, sin distingo de su militancia partidista, de forma que independientemente de la competencia entre los partidos para alcanzar el mayor número posible de cargos de elección popular, de cualquier manera estos se deciden a través de las candidaturas que se imponen solamente mediante los partidos políticos.

De tal suerte que el marco legal vigente impone una dictadura de la partidocracia, como método de la distribución del poder y sus prebendas, dejando al ciudadano acotado para sufragar solamente en función de lo que los partidos le presentan.

La problemática radica entonces de inicio en los métodos de selección interna de las candidaturas, muchas de ellas otorgadas por la cercanía personal y la intimidad con los grupos de decisión, las complicidades y los equilibrios propios entre los facciones más influyentes, que en una lastimosa mayoría terminan favoreciendo postulaciones que no corresponden a perfiles de eficiencia o verdadera representación popular, sino a padrinazgos que fomentan la incapacidad y la mediocridad que tanto lastiman y ofenden a la sociedad.

Siendo así una vez terminados los comicios y de acuerdo a la conformación del Poder Ejecutivo, el Senado y el Congreso, la fuerza política que obtiene la mayoría, de todas formas se entrega en negociaciones que hacen imposible llevar a cabo la propuesta de gobierno ofrecida en campaña.

Esto como lo hemos visto desde que se consolido la alternancia en el gobierno, ha creado un marasmo que da como resultado una parálisis que desafortunadamente se contrapone a la esencia del cambio prometido, peor aún, que encubre la corrupción, eliminándola posibilidad de la transparencia en la rendición de cuentas y que fortalece la impunidad, haciendo inútil el contraste porque mas allá de la tendencia del régimen en funciones, no puede por este motivo hablarse de una diferencia real de gobierno entre unos y otros.

Una muestra fehaciente de la sensación dictatorial que los partidos le imponen a la democracia y a los ciudadanos, ha sido la negativa expresa de los partidos para reformar la constitución, esto para reelegir a congresistas y alcaldes, tanto como para reducir el número de escaños plurinominales, para la revocación del mandato y como señalábamos una verdadera exigencia de revisión de resultados y cuentas, porque precisamente esa circunstancia le otorgaría un poder real a la sociedad para premiar o castigar el desempeño de la autoridad, adicionalmente le restaría a los partidos la facultad de designar candidatos a modo según el interés del momento, lo que a su vez podría significar para algunos una suerte de independencia, porque la reelección dependería de los buenos o malos resultados, no del compadrazgo o la sumisión.

Esa independencia sin duda provocaría entre otras cosas, por ejemplo en el caso de los legisladores, que estos tuvieran que adoptar posiciones contrarias a la instrucción de los dirigentes de sus partidos, cuando se tratara de aprobar o rechazar determinadas propuestas en el seno del congreso, porque la factibilidad de ser elegible para ser reelecto, dependería de la defensa del interés ciudadano, no como sucede ahora de la disciplina partidista.

Bajo este escenario, en la realidad hablar de que es la sociedad la que elige a su gobierno es un concepto muy relativo, impreciso, porque si bien es cierto que son los ciudadanos los que votan, son los partidos los que deciden quién y cómo habrá de gobernar, sin que esto signifique el más mínimo respeto a la voluntad colectiva, porque quienes resultan triunfadores terminan por hacer lo que mejor les conviene, incluso en acuerdo con las fuerzas que aparentemente resultaron derrotadas, porque tampoco se puede considerar que estas lo han perdido todo, ya que el diseño del sistema les permite conservar posiciones de suma influencia que representan la posibilidad de una complicidad manifiesta con los primeros, que se traduce precisamente en negociaciones que fundamentalmente se orientan al mantenimiento de los beneficios de grupo.

Por tanto como conclusión podemos afirmar que nuestra incipiente democracia, requiere de una verdadera transformación del sistema para poder madurar y alcanzar un estado optimo, porque hoy se encuentra secuestrada por los intereses de la partidocracia, que ejerce como apuntábamos una dictadura disfrazada, que actúa bajo la premisa de fomentar la apertura, cuando realmente lo que hace es impedirla.

 

El fracaso de los Warnings.

 

En la columna anterior comentábamos acerca de las oscuras intenciones del Gobierno Norteamericano, encubiertas en los avisos a su población civil para no visitar México, particularmente zonas como en nuestro caso, en las que la delincuencia realmente no representa una amenaza para el turista,  en función del peligro que esto les puede constituir dada la inseguridad que se reconoce definitivamente se vive en determinadas zonas de nuestro país, sin embargo y a pesar de esas intenciones los Warnings han resultado como tales un rotundo fracaso, el promedio de la ocupación hotelera en los principales destinos turísticos de Quintana Roo, ronda actualmente en el orden del ochenta y cinco por ciento en promedio y se calcula que esta tendencia habrá de mantenerse por lo menos hasta la semana santa, evidentemente esa cifra se alcanza gracias al visitante Estadounidense, al que evidentemente los Warnings emitidos por sus autoridades parecen o no importarles o peor aun no tienen credibilidad para ellos, las cifras son más que contundentes.

Porque precisamente en ello radica su principal fracaso, en que ni siquiera su propia sociedad tome en cuenta sus recomendaciones estas de carácter oficial y oficioso, las ignore categóricamente como se ha comprobado y las  deseche por falsas y mal intencionadas, lo que por supuesto genera un poderoso antecedente que hará que en el futuro estos Warnings sean cada vez menos efectivos y no trasciendan más allá del conflicto político y diplomático.

A esto habrá que sumarle que como normalmente sucede y esta seguramente no será ocasión diferente, salvo muy escasas y contadas excepciones, no se reportaran ningún tipo de incidentes relacionados con la inseguridad que afecten a los turistas Norteamericanos, lo que una vez más pone en evidencia la dolosa intención de la publicación de este tipo de avisos unilaterales, que empiezan incluso a tornarse ridículos a pesar de la afrenta que representan en materia del mínimo de respeto que ese país debería mostrarle a su principal socio comercial y vecino.

Tal vez pensando en eso el Cónsul de los Estados Unidos en Mérida, emitió un boletín desmarcando a la administración del presidente Barack Obama del último Warning, aduciendo que este fue formulado por el Estado de Texas, reconociendo en este caso que Quintana Roo es un lugar seguro, es decir el efecto del fracaso comienza a cobrar facturas y dejar en claro la incongruencia.

Los Warnings, son por definición una transgresión de la política interna Estadounidense en nuestra soberanía,  violan la cortesía y se traducen como herramientas de presión política, afortunadamente por su formato y carencia de veracidad, dejaran de ser elementos de discusión, ante su fracaso incluso deberían de dejar de ser un tema de discusión, para remitirlos al silencio y el olvido, que es a donde corresponden. Es decir dejar de rasgarnos las vestiduras para ponerlos en su exacta medida y dimensión, ósea ninguna.

En todo caso ocuparnos de los que nos corresponde, por un  lado aumentar la promoción orientada a los mercados emergentes y fortalecer los esquemas de seguridad, cito  a colación como ejemplo el exponencial aumento del número de policías capacitados recientemente en la entidad, a través de la Academia Estatal de Seguridad Pública que dirige Miguel Marchan Valdez, básicamente bajo el concepto de formación básica, actualización y especialización.

Estamos hablando en cifras, que dos mil novecientos catorce elementos pertenecientes a las corporaciones de los diez municipios del estado, han recibido exhaustiva capacitación en materia de técnicas de reacción penitenciaria y antimotines, inteligencia operativa, intervenciones especiales de alto riesgo y control de disturbios civiles entre los más destacados, dichos cursos son el antecedente para alcanzar el nivel de policía estatal acreditable, que al menos garantiza el mayor nivel de profesionalización alcanzable, que sin duda habrá de favorecer la promoción  para la atracción de turistas, mediante la tranquilidad de ofrecer al visitante la seguridad que Quintana Roo ofrece como uno más de sus atractivos.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall



Etiquetas:   Política

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