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Coincidencias significativas que marcaron la vida de ilustres personajes


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16/03/2012


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Famoso entre los novelistas esotéricos de comienzos del siglo XX fue Gustav Meyrink, especialmente por su obra EL GOLEM, publicada en 1915. Pero él jamás hubiese llegado a ser el notable autor esotérico que fué, si no hubiese sido por una grave depresión y desorientación existencial que le afectó a los 24 años. La angustia interna fue tan intensa que tomó una pistola cargada y cuando esta estaba a punto de volarse la tapa de los sesos, alguien tiró por debajo de su puerta un folleto religioso acerca de la vida futura del alma después de la muerte. La lectura del folleto y la coincidencia significativa que acababa de vivir le hizo girar su vida e investigaciones hacia el mundo oculto, lo místico y lo paranormal. Eso ocurrió en 1892, habiendo nacido en 1868.


Se quiso dedicar a la banca, pero fracasó, por lo tanto se dedicó a escribir cuentos de caracter fantástico, mágico y metafísico, y su situación material empezó poco a poco a mejorar. Se casó en 1905, en 1906 le nació su primera hija. En 1908 le nació su hijo varón, al que puso Harro Fortunat. Ese nombre no logró cambiar el oscuro destino de ese hijo, quien a los 24 años tuvo un grave accidente que lo dejó casi inválido, y se suicidó, a la misma edad en que el padre hubiese muerto, también por suicidio. Esto ocurria a mediados de 1932, y ahora Gustav Meyrink no puedo soportar la pena y falleció el 4 de Diciembre de 1932 a los 64 años. 

Extraño regalo de 40 años de vida, pero claramente orientados a la iluminación espiritual de una época tormentosa en la Europa de la Primera Guerra Mundial y la Posguerra. Falleció justo un año antes del advenimiento del Nazismo que acabaría con seis millones de judios como el propio Meyrink. El propio novelista había tomado conciencia que una Voluntad Superior había dispuesto que él no se suicidara a los 24 años, pero esa violenta decisión de su voluntad humana flotó en el eter y ató el destino de su hijo, y activó su propia muerte poco después.

Este misterio de las sincronicidades está abundantemente documentado en la Biblia, en la literatura musulmana, y en la vida de muchos santos. Pero también le suceden a las personas comunes y corrientes. El científico Wolfgang Pauli y Carl Gustav Jung se dedicaron a investigar esa clase de hechos, observados por ellos mismos.

Jung definió las coincidencias significativas como la conjunción de dos o más sucesos cuya coincidencia implica algo más que la probabilidad aleatoria. Y ese "algo más" indica una especie de "mensaje" o "signo" que viene de otro plano de la realidad.

Es ya famoso el fenómeno del escarabajo dorado. Una paciente del Dr. Jung era muy racional y ponía muchas barreras al tratamiento psiquiátrico del médico en cuestión, de modo que el análisis terapéutico no avanzaba. Pero en la noche anterior la mujer había soñado con un escarabajo dorado, y acababa de narrar el sueño a C. G. Jung, cuando se escuchó un golpe en la ventana del gabinete del doctor. El se levantó, miró, y vió que el golpe había sido causado por un gran escarabajo dorado al chocar con el vidrio. Abrió la ventana y el insecto entró por si mismo al cuarto. Jung lo tomó en su mano y se lo mostró a su paciente, diciéndole "ahí tiene a su escarabajo dorado".

La impresión fue tan fuerte que la paciente dejó de resistirse al tratamiento analítico, y recuperó su salud psíquica al poco tiempo.

El capítulo 24 del Génesis de la Biblia registra el caso de un criado de Abraham que viaja de Palestina a Mesopotamia a buscarle una esposa a Issac, entre la parentela del mismo Patriarca. Viajó con diez camellos y varios servidores. Pero al finalizar el viaje en la aldea donde vivían los parientes de Abraham no conocía a nadie, y no sabía por donde comenzar a indagar. Entonces hizo una oración a El Saday, el Dios de Abraham, y le pidió que al acercarse al pozo de agua del villorrio apareciera la doncella que él buscaba para el hijo de su patrón. Y agregó en su plegaria que la muchacha a la que él le pidiera agua para él, por si misma le afreciera agua para sus camellos.

Unos segundos después de efectuada la plegaria, apareció Rebeca, la mujer predestinada para Issac. La cual dio agua al hombre y luego por su propia iniciativa a los camellos, y al preguntarle por su familia, resultó ser la misma que él buscaba, de los parientes de Abraham. El hombre y sus acompañantes alojaron en casa de esa gente, y al saber el propósito del viaje, y al dejar que ella misma decidiera su destino, resultó que decidió irse a palestina para convertirse en la mujer de Issac y en la madre de Esaú y Jacob.

En el desierto de Sinaí cuando Moisés lideraba a su pueblo camino a la tierra prometida, la gente tuvo hambre, y reclamaron a Moisés, y él, arrodillado, oró a Yahvé, y a los 15 o 20 minutos apareció en el cielo una inmnensa bandada de codornices, tan abundante que volaban casi a ras de tierra, cubriendo el campamento, y el pueblo las capturó y tuvo comida para varios días.  

En el Nuevo Testamento se narra el milagro de la Pesca Milagrosa, que obligó a San Pedro a ponerse de rodillas delante de Jesús, y a decirle, Apártate de Mi, Señor, que soy hombre pecador, pues sintió la mano de Dios en ese prodigio de cientos de peces capturados, cuando habían pasado toda la noche sin pescar nada.

Un fenómeno semejante ocurrió en la costa de California, en la Playa de Encinitas, al sur de los Angeles, en 1949.

Un grupo de pescadores, hacia las diez de la mañana, atracaban su barca, vacía, y se preparaban para volver a sus casa, tras una noche de vigilia inútil en altamar. Venía paseando por la playa el gran yogui Paramahansa Yogananda, y conversó con los hombres, cansados de su faena fracasada. "No hay peces" fue la sentencia de ellos. Y el Maestro, mirándolos les dijo: "No abandonen la esperanza, ¿por que no lo intentan una vez más?". Se miraron unos a otros, miraron al swami que les sonreia, y salieron una vez más. Y ahora el mar fue muy generoso con ellos, retornaron con la barca llena de peces. El lago de Genesaret de Galilea era ahora el Océano Pacífico.

Debo hacer notar que este swami había tenido importantes visiones de Jesucristo varias veces, y precisamente una muy notable, en que conversaban cara a cara con el Maestro Galileo, en su oficina del Ashram de Encinitas que estaba a pocos pasos del lugar de atraque de esos pescadores.

Al físico nuclear austríaco, ya mencionado antes, Wolfgang Pauli, le ocurrió que en su último año de vida observó que en sus cálculos le estaba saliendo la cifra 1/137. Y no podía resolver el acertijo matemático, era como una pared impenetrable. De repente se enfermó y tuvo que hospitalizarse, y en la clínica, cuando iba entrando en el cuarto que le fue asignado, vió que era el 137. Y dijo, "ya no saldré de aquí, es el final". Efectivamente, pocos días después falleció.

Y Carl Gustav Jung, cuando falleció en su casa a los 85 años de edad, en junio de 1961, en el mismo instante que su alma abandonaba el cuerpo, tras una gran misión cumplida, cayó del cielo un rayo que partió el árbol del jardín donde él se sentaba a meditar casi todos los días. Y cómo a él le encantaba la mitología, si se hubiese enterado, habría dicho: "Zéus ha hablado y el Olimpo se ha abierto para mi". ..... .-



Etiquetas:   Historia de Edad Contemporánea   ·   Sociedad

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