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LA CULTURA QUE NO SE TRANSMITE SE MUERE


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02/03/2012


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Para que una cultura sobreviva, es decir, para que perdure en el tiempo, debe transmitirse, porque si no se muere. 





La inmensa mayoría de nosotros fuimos herederos de una cultura que bajó de los barcos. Eran económicamente muy pobres y casi analfabetos, pero inmensamente ricos en cultura. No ricos poseedores de los aspectos más exquisitos y refinados de la cultura como son las distintas expresiones artísticas. Su cultura consistía en que eran poseedores de una gran voluntad por esforzarse en el trabajo y en las distintas estrategias para llevar adelante la vida. Conocían sus oficios y sabían que solo esforzándose podrían superar su estado de necesidad y forjarles un porvenir  venturoso y mejor a sus hijos. Tenían muy en claro que la falta de educación era su gran limitante, por lo que insistente y machaconamente mostraban e inculcaban a su prole que debían estudiar. Estaban convencidos que ese era el camino por donde se debía transitar para aspirar al progreso económico y a la inserción social.





Su cultura culinaria, les permitía preparar adecuadamente sus alimentos y también producirlos en su propio hogar, a partir del trabajo. Utilizando los productos más primarios a los que enriquecían combinándolos adecuadamente. Aprovechando cada pedacito de tierra para hacer germinar y hacer producir a una semilla, la que se transformaría luego en alimento de las personas de la familia o de los animales domésticos que servirían posteriormente a su vez de alimento. También en su propio hogar se confeccionaban las prendas y vestimentas utilizando todas las técnicas y tecnologías de la época.





Lamentablemente, toda esa laboriosidad de nuestros abuelos y padres, ha sido dejada de lado y subestimada por ser considerada inútil, esclavizante, un signo de tiempos pasados y superados, u otros comentarios peyorativos por el estilo. Siendo reemplazada tanta laboriosidad por la invasión de la cultura de la diversión y del consumo. La que no solo aporta diversión, sino que además ha introducido otros rasgos culturales, que alejan a las personas jóvenes y no tan jóvenes del trabajo y del estudio, de la reflexión y de la introspección, de la lectura imprescindible para construir el conocimiento y para apropiarse del idioma.





Hoy a los niños y jóvenes, desde la sociedad, se les inculca que su principal actividad son los juegos y se la utiliza, ya desde hace muchos años, a la televisión como niñera electrónica, siendo la mayor de las compañías que los niños experimentan mientras se quedan solos en sus respectivas casas, mientras sus padres se encuentran trabajando o fuera de ella por distintas circunstancias.





La mayoría observa a sus padres manifestar insatisfacción con el trabajo, quejándose por el cumplimiento de lo que consideran penosas obligaciones a los que se sienten obligados para sostenerse económicamente y adquirir diversos bienes que los incluyen dentro de la parcela de la sociedad que los poseen. Viéndose, a los que gozan con la ejecución de su trabajo, simplemente como adictos, es decir, que son descalificados como enfermos al trabajo.





Es evidente, que con este tipo de cultura que desplazó a la laboriosidad de la anterior, nuestro destino económico como comunidad productiva se encuentra en serio riesgo afectando a nuestra competitividad como país productor de bienes y servicios.





Esta cultura centrada fundamentalmente en la diversión y el consumo, nos perjudica a tal punto en lo individual y en lo colectivo, que habría que combatirla abiertamente. Pero debo admitir que no observo todavía la suficiente convicción para hacerlo.

 

Eugenio García

http://garenioblog.blogspot.com









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2 comentarios  Deja tu comentario


Eugenio García García, Ingeniero Agradezco mucho tu comentario y te saludo con afecto. Un abrazo


Fernando Edmundo del Cármen Laredo Cárter, Escritor Interesante tema, amigo, lo que ud. plantea es realmente un problema, pero la causa, además de la infiltración de las culturas tecnologizadas de la comodidad y de la ley de la inercia o de la flojera, es el hecho de que la cultura que ud, ve disminuir es una cultura de sobrevivencia natural de urgencia, que retrocede cada día por el asentamiento de las clases medias. Ahora la gente no aprende esas cosas por apoyarse en los logros de sus antepasados cercanos y lejanos, y no ve la necesidad de esforzarse, pues ya tiene todo hecho, y el amor paterno se les ha prodigado protección a un nivel patológico, engendrando tal situación. De allí viene el inmenso beneficio de las catástrofes colectivas para los pueblos, pues les obliga a revalorizar la cultura y creatividad de sus ancestros, y a usarlas para poder comer y reconstruir desde la nada. saludos.




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