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El culto a la personalidad, la causa de la indiferencia


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03/02/2012

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Confesiones.


 

El culto a la personalidad, la causa de la indiferencia.

 

“cuando empiezan quieren ser héroes, después se creen dioses”

 

Después de analizar en entregas anteriores, algunos de los aspectos principales que están siendo utilizados para la designación de candidatos ya sea para gubernaturas, senado o congreso de la unión en su caso, como lo hicimos en el caso del partido revolucionario institucional, de cara al proceso electoral y lo que eso significa tanto en materia de la integración o más bien disgregación de una oferta política homogénea de gobierno y a su vez, lo que eso implica en el ánimo del electorado, resulta de suma importancia agregar a este análisis, la parte que corresponde al comportamiento en general de los nominados y la influencia proveniente del desempeño de los gobiernos de sus respectivos partidos  y eso involucra a casi todos, salvo muy honrosas excepciones, sin distingo de partido político o región, para poder explicar el impacto de ello, en la percepción ciudadana colectiva hacia la clase política toda.

Porque quienes serán candidatos una vez que los tiempos oficiales así lo determinen, materialmente saldrán a las calles en la búsqueda de la preferencia y el voto, sin embargo la algarabía de las campañas y la derrama económica que generan, hay que reconocer que en México la industria electoral propicia en tiempos de campaña una importantísima vertiente de negocios, no necesariamente habrán de coincidir con el criterio del ciudadano y a pesar del despliegue de las estructuras partidistas, como en el ámbito publicitario y logístico, se puede caer en el riesgo como en muchos casos parece que será, del desinterés, el aburrimiento y la incredulidad.

Porque la indiferencia esta básicamente relacionada con la oferta, no con la capacidad organizativa de los eventos políticos, que en su gran mayoría son orquestados en el acarreo, lo que realmente llamara la atención del votante será sin duda la propuesta de solución a los temas coyunturales específicos de cada región y por supuesto, los de la agenda nacional que más influyen, como la seguridad pública y la economía. Que los gobiernos de donde provienen esos candidatos, muchas veces desde posiciones de suma importancia, no han sido capaces de resolver.

Lo será indudablemente también en la medida de que los candidatos privilegien el dialogo real y cercano, alejándose de la simulación que los eventos masivos favorecen, en donde se postulan básicamente arengas de triunfo, cargadas de autocomplacencia, soberbia sin fondo, ni argumentos.

Para la sociedad es fundamental establecer una nueva relación de acuerdo con quienes pretenden convertirse en sus autoridades, independientemente de sus virtudes o defectos personales, por encima de todo está la propuesta y el compromiso con las acciones y los resultados.

La indiferencia de la sociedad en los procesos electorales, se ha propagado como un virus gracias al desempeño gubernamental, fundamentalmente por la carencia de resultados y como lo apuntábamos el ejemplo de la seguridad pública materialmente en todo el país, es indiscutible.

Más aun si se considera como ya se ha apuntado anteriormente, que la comunidad está limitada a la posibilidad de elegir nada mas entre lo que los partidos le presentan, ese mercado de opciones es de origen muy limitado y de cierta forma autoritario, una dictadura que se ejerce a través de los partidos.

De tal suerte que con esas escasas opciones el argumento ideológico tiende a pasar a un segundo plano, porque más que un programa de gobierno o gestión, los aspirantes se enfrascan en una cruenta batalla de popularidad personal y descalificaciones entre ellos, el escenario de la competencia está basado en el culto a la personalidad y el derroche de recursos publicitarios, situación que teóricamente se habría superado con la alternancia y el desarrollo de la incipiente democracia que todavía está en proceso de maduración.

Lamentablemente el retorno del culto a la personalidad parece estar retornando al escenario político como forma de comportamiento, si bien es cierto que a diferencia del pasado hoy existe una mayor libertad de expresión y por ello de crítica, también lo es que la irrupción de esta costumbre se está volviendo de nueva cuenta la base esencial de la oferta política.

La pobreza de este mecanismo contrasta con la capacidad real de transformar las cosas a través de programas y acciones de gobierno establecidos de manera planificada, el sustento de la resolución de los problemas debe obedecer al estudio de los mismos y por ende a la búsqueda de soluciones de fondo, sobre todo a través de obras que se vinculen una con la siguiente, de forma en que se puedan alcanzar objetivos programáticos tangibles.

Veamos el caso del aeropuerto de la Riviera Maya, para ejemplificar que aun tratándose de una obra de infraestructura de la mayor trascendencia para la economía regional, el gobierno federal pospone deliberadamente su licitación para favorecer intereses particulares.

Por el contrario la tendencia actual en la gran mayoría de los casos se orienta a magnificar los resultados de la gestión gubernamental, mediante un excesivo despliegue publicitario en todas las plataformas disponibles incluyendo las redes sociales.

Se trata por ponerlo de una manera coloquial, como si las autoridades pretenderían que cambiar un foco fundido habrá de transformar el destino de un estado o el país, cuando de origen, esas son acciones consideradas de oficio y son realizadas gracias a la estructura funcional y los recursos del gobierno.

La molestia ciudadana se acrecienta porque además de la presunción grotesca de esos logros parciales, algunos ni siquiera dignos de mención, los funcionarios reciben un sueldo para realizarlos, no los hacen de gratis y mucho menos sacrifican nada para conseguirlos, sin contar los innumerables privilegios con los que cuentan en su desempeño oficial con cargo al erario, que van desde aviones, vehículos, personal de seguridad, choferes, asistentes personales, viáticos, viajes y tantos otros, mismos que por ser tantos y tan onerosos ponen en entredicho la supuesta vocación de servicio que tanto presume la clase política, decíamos como si el trabajo gubernamental se realizara por sacrificio o heroicidad. Eso sin contar la falta de prudencia para exhibir de la noche a la mañana, la creación de espectaculares fortunas producto de la corrupción.

Los gobernantes tienen a la mano una extraordinaria cantidad de herramientas financieras, logísticas y de gestión, recursos económicos, tecnológicos y humanos, para la obtención de sus objetivos, por tanto el logro de los mismos no es producto de una  circunstancia milagrosa como se pretende vender, estos elementos son propiedad de las instituciones no de sus ocupantes.

Adicionalmente a la promoción oficial del culto a la personalidad, este es solapado por seguidores que naturalmente son parte de la misma estructura, como empleados o simpatizantes, que evidentemente consienten en ello por dependencia de un sueldo o la recepción permanente de dadivas.

Estos partidarios incondicionales magnifican estas noticias y las difunden cotidianamente debido a su propio interés personal sin mayor criterio, para como se dice, quedar bien con el superior jerárquico, además de convertirse en los más férreos defensores en contra de las críticas, una custodia oficiosa que no acepta o permite ningún cuestionamiento, bajo ninguna circunstancia y sin ningún argumento.

Lamentablemente en vez de lograr cambiar la percepción, estos seguidores lo único que logran es aumentar la molestia social, tanto por su exceso y soberbia, como porque al ser parte de la propia estructura de lo que presumen, carecen de absoluta credibilidad, las suyas no son expresiones genuinas de la comunidad que en todo caso se vio favorecida con alguna acción gubernamental determinada.

Precisamente este formato de auto promoción es el que provoca que la sociedad este más sensible a la crítica, a buscar contra pesos y contrastar esos aparentes logros y su trascendencia real, por eso una crítica sustentada en contra, propicia mucho más efectos que una desbordada cantidad de noticias positivas.

Los únicos culpables de la indiferencia de la sociedad son precisamente quienes la han provocado y son los mismos a los que pronto veremos en la búsqueda del voto.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall



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